TERRY ARAUJO: EL OTRO BAILARÍN. Por Gerard Coffey

Terry Araujo: 35 años haciendo danza contemporánea. Foto: Gerad Coffey

“Para mí la conexión con la política y los acontecimientos siempre fue, y sigue siendo un factor importante en la danza” 

Escuchamos un ruido fuera de la sala donde estábamos ensayando: unos gritos y golpes, cuando abrimos la puerta, era mi mamá. Ella no quiso que me dedicara a la danza. No valía, dijo. “¡Nunca vas a ganarte la vida así!,  gritaba. ¡No te lo voy a permitir…!” Por suerte Wilson Pico, que dirigía la clase, logró tranquilizarla después de unos veinte minutos de conversación y al final accedió. “Si esto es lo que realmente quieres – me dijo – entonces te apoyo…”. Esto habría sido en el ’82.

Terry Araujo se ríe mientras me cuenta la anécdota. “Ahora parece chistoso, pero en ese tiempo no fue tanto”, dice. Había recién empezado y tuve que mantenerme firme ante el reclamo de mi mamá, pero sí estaba seguro de lo que quería hacer.

Persistió y ahora, 35 años más tarde, Araujo es uno de los más destacados bailarines y coreógrafos de danza contemporánea ecuatoriana: reconocido internacionalmente por sus coreografías. Si bien su nombre no resuena – con el de su una vez mentor Wilson Pico- Terry es de un talismán de los ‘insiders’. Los bailarines de Contemporánea y los cientos o quizás miles de personas  que han pasado por sus clases de danza o que han visto uno de sus obras lo reconocen.

Pero además de ser creativo, Araujo es un sobreviviente. El mundo artístico es difícil, poco apreciado y mal pagado. Seguir requiere determinación y convicción. “La verdad es que somos pocos,” dice. “Aparte de Wilson, que sigue después de tantos años, hay otros como Klever Vieira y Susana Reyes, que también son de la misma generación; pero de mí generación, que yo llamaría la segunda, somos los pocos que seguimos bailando y enseñando… haciendo coreografía”.

“En la danza contemporánea, como en la pintura abstracta, se supone que un elemento (un movimiento, un sonido, un cambio de luz) es en sí mismo expresivo; Lo que comunica está en gran parte determinado por los propios observadores.”

Inicios pocos promisorios

Nació en Quito, en el barrio de La Tola. Hijo de un militar y una madre que trabajaba en la empresa estatal de alimentos Emprovit. “Mi papá era militar, pero le gustaba mucho el baile popular. Se supone que, por lo menos en parte, es de ahí que me llega el gusto de la danza”.

Su carrera de bailarín tuvo inicios poco promisorios: empezó cuando su madre le pidió al hermano mayor encontrarle algo, algún cursito, porque trabajaba mucho para contribuir a la economía familiar y no tuvo vida social. “Siempre trabajaba – dice Araujo- en una fábrica de acero y luego en un frigorífico donde trabajábamos diez horas por día, todos los días, en dos turnos, con dos horas libres”.

“Mi hermano ya sabía algo de danza contemporánea; a él le interesaba por su conexión con la protesta social, el teatro de la calle de esos años  y, seré sincero, también o quizás  más por las chicas. Entonces él sugirió a mi mamá que me enrolara en un curso en el Frente de Danza Independiente, que tuvo sus inicios en un colectivo de varios pequeños grupos: de Wilson Pico,  Klever Viera, Carlos Cornejo y Susana Reyes.  Las salas se ubicaban en la Calle Tarqui y fue allí donde mi mamá llegó ese día tan complicado para mí”.

No le  gustó mucho la idea, dice Terry y el primer mes no se fue ni una sola vez. “El  problema era que, además de ir a clases de hora y media, y con la ida y vuelta al trabajo, las dos horas que tenía implicaba que no iba a tener tiempo ni para comer.  Pero luego me incorporé al grupo y como yo era el único chico entre 30 chicas, me resultó medio extraño. Me sentía tímido, sobre todo porque ya estaban adelantadas un mes”, pero él aguantó y en el segundo mes asistió tres veces por semana. “Sentí que algo se me había movido en el interior. Fue el año de 1984, tuve 20 años.

“Así fue: había decidido ser bailarín, pero eso implicaba salir de la casa porque ya no podía contribuir y todos teníamos que contribuir. Me fui a compartir un departamento con una ex novia. Estaba lejos y no tenía plata, tenía que caminar de ida y vuela desde la Rumiñahui a La Tarqui  todos los días. Eso después de tomar clases desde las 8:00 a las 18:00. Tuve que alcanzar a las demás y tomé todas las clases que pude, con todos los profesores del Frente: con Wilson, Klever  y también con unas hermanas francesas, de apellido Skremin.


¿QUÉ ES LA DANZA CONTEMPORANEA?
Aunque originalmente inspirada en los estilos clásico, moderno y de jazz, la Danza Contemporanea ha incorporado elementos de muchos estilos de danza desde sus inicios. Debido a sus similitudes técnicas, a menudo se percibe que está estrechamente relacionado con la danza moderna, el ballet y otros estilos clásicos de danza de concierto. En 1944 Mercenario (Merce) Cunningham, bailarín y coreógrafo estadounidense, empezó a incluir en su danza la música experimental de John Cage, quien dijo de Cunningham, que su danza “ya no depende de elementos lineales (…) tampoco de movimientos que se acercan ni alejan de un clímax.” Cunningham formó la Compañía de Danza Merce Cunningham en 1953, creando más de obras para ella, muchas de las cuales han sido presentadas a nivel internacional por compañías de ballet y danza moderna. (Wikipedia)
https://www.youtube.com/watch?v=xJeum_kxSV8


En ese tiempo el oficio de bailarín no era precisamente común entre los hombres, pero Araujo cuenta que sus amigos de barrio no se sorprendieron. “Ser sincero”, dice, “creo que ni siquiera podían conceptualizar la danza contemporánea. ¿Quién sabía de ella? Hasta hoy la gran mayoría de la gente del país no sabe de qué se trata. Sigue siendo un misterio, si hubiera sido ballet clásico, y de eso sí sabían – que era de hombres que bailaban con malla – tal vez habrían sido más escépticos, tal vez me habrían llamado maricón o algo así, pero en la práctica solo pensaban que me había vuelto loco.” “Nada grave”, dice riéndose.

La realidad sin embargo, fue que sí, también tomaba clases de ballet clásico, lo que de alguna manera fue considerado un Sacrilegio. “En ese entonces había una pugna entre la danza contemporánea (El Frente) y el Ballet Clásico (El  Ballet Ecuatoriano de Cámera) que para nosotros del Frente era elitista.” “Y sí lo es”, añade, “entonces que yo tomara clases de ballet fue mal visto, pero desde mi punto de vista el ballet es una importante fuente de movimientos y de fortalecimiento del cuerpo y por eso un elemento esencial para la contemporánea”.

La división en los años ochenta era muy aguda. Eran los tiempos de las dictaduras y la danza contemporánea reivindicaba temas sociales. “Para mí la conexión con la política y los acontecimientos sociales siempre fue, y sigue siendo un factor importante. La danza contemporánea de esos tiempos seguía la corriente política y antes que elitistas, nos esforzábamos para alcanzar a la gente de la calle y de los parques, a los transeúntes”.

La coreografía no es para todos

Terry me cuenta de la obra que él y su grupo presentaron en el parque El Ejido, norte de Quito con el grupo Semblaje de Colombia, incluso presentamos la Tempestad de Shakespeare en lo que llamábamos el ‘circo invisible’, es decir circo sin carpa. “Dormimos en el parque, presentamos en el parque, abandonamos la comodidad de la sala de ensayo y las tablas para estar más cerca de la gente. Luego pasamos el sombrero y sobrevivimos con lo que nos donaron”.

La coreografía: un antes y después

Pasó el tiempo de las dictaduras, pero Araujo no dejó de bailar; sigue presentando, aunque ahora es mejor conocido como coreógrafo. No fue lo que se podría llamar una transición natural, me explica, porque no todas las bailarinas o bailarines les interesan la coreografía: unos siguen principalmente como intérpretes, solistas o a otras les interesa más enseñar, dar clases, lo que, claro ofrece, como para él, la oportunidad de sobrevivir y seguir trabajando en lo que más le anima. Pero no fue línea recta.

“Para mí la transición fue de alguna manera inesperada, no fue una decisión concreta. Yo había participado en una coreografía de una chica del Frente y en una escena ella me pidió ponerme guantes de box. Me divertí, y la presentación fue un éxito. Dos meses más tarde, mientras preparábamos las primeras ‘Jornadas Mary Wigman’ (bailarina alemana de inicios del siglo veinte asociado con el grupo dadaísta de Zúrich),  Wilson Pico me preguntó si yo iba a presentar en la categoría ‘jóvenes coreógrafos’. Le dije que no, no tenía nada pensado. Entonces me propuso presentar la escena del box que habíamos hecho poco antes. Lo hice, y ya, la coreografía me atrapó. Eso fue en el año 1987”.

Araujo ha producido muchas coreografías en sus más de treinta años de práctica. No se acuerda de todas, y por desgracia la mayoría se han quedado en el olvido porque en esos tiempos, las cámaras de video eran bastantes escasas y además no existía el Youtube. Lo que, me dice, no es necesariamente una tragedia: no tener una memoria grabada le mantiene en un estado de experimentación e investigación  antes que repetición. “Esta es la razón de ser del Frente de Danza.”

“Yo creo que aquí en el Frente hubo un antes y después,” dice Terry. Y ese punto crítico fue marcado por una obra llamada  ‘Un Hombre, una Rosa, María y las Flores’ que se presentó en el ‘92. Fue una ruptura con esa clase de obra intimista que mencioné. Por ejemplo, usamos música de Estados Unidos como la de Susana Vega, y al inicio de la primera escena una bailarina se acercó al publicó y empezó a hablar con ello… nada más. La gente no sabía de qué se trataba, era tan distinto, no era lo que esperaba. Pero fue un éxito total y llevamos la obra a Colombia y otros países.

Ensayando en el Teatro Mariana de Jesús (Casa de la Cultura) con Miguel Jara. Fotos: Gerard Coffey

Según Wilson Pico, decano de la danza contemporánea ecuatoriana, “Terry siempre tenía algo distinto, algo que le nacía. Si bien era buen bailarín” dice , “sus coreografías sorprendieron. Ofrecieron algo diferente de lo que en ese tiempo sabíamos presentar Klever Viera y yo, que éramos los principales coreógrafos del Frente de Danza.  Algo le pasó en ‘Américan Dance Festival’ en el ’92. Vino captando, aprendiendo y empezó a presentar unas coreografías distintas a las nuestras; obras como ‘Fotos de Fantasmas’ y ‘El Sillón Rojo’ me quedan en la memoria. Ahí me di cuenta que Terry no era principalmente solista, sus obras eran para grupos. Es su fortaleza”.

Y fue precisamente una de esas obras que me convenció a mí, como espectador, que la danza contemporánea tenía mucho que ofrecer, y que por el puesto en escena y la danza en sí me hizo entender que, sin negar su lugar, la contemporánea no tenía simplemente que ver con movimientos abstractos e intimistas, o la capacidad física de la bailarina o bailarín para asombrar con su habilidad dancística.

Es un problema para la danza contemporánea, le sugiero a Terry: la percepción del público en general es que la contemporánea no ofrece más que una serie de movimientos desconectados. En ese sentido parece a la dificultad que la pintura abstracta y la música atonal experimentaba. Dificultad que finalmente se pudo superar, pero solo parcialmente; la danza contemporánea es una fuente de inspiración para la danza en general, sigue siendo un arte provocadora que ofrece momentos de belleza que transportan, pero, por desgracia, sigue siendo poco entendida. Y el hecho de no contar con un público amplio es uno de los principales obstáculos para las bailarinas y coreógrafos: es muy complicado ganarse la vida con los ingresos que entran por las obras y las clases.

La danza independiente siempre ha emprendido el fuego

“Desde que nació”, dice Wilson Pico, “la danza independiente ha tenido sus dificultades debido a la falta de apoyos, sobre todo económicos. “Yo siempre digo a mis alumnos que deben pensar seriamente  en otras opciones como modo de vida. Solo si son totalmente dedicados deben seguir, porque la realidad económica del oficio es muy dura. Incluso sabemos que existe una distribución bastante desigual en el apoyo que el Estado provee para la danza.”

“En este sentido se está desconociendo el hecho de que la danza independiente siempre se ha adelantado a la danza oficial, siempre ha sido la danza independiente que ha emprendido el fuego. Y si la danza oficial ahora tiene mejores presupuestos esto se debe en gran medida al sendero que ha trazado la danza independiente.”

“Para los bailarines y las bailarinas independientes la vida es complicada, y a mí me gustaría, tengo esperanzas, de que Terry y otras tengan la posibilidad de una vida digna, bailando dentro y fuera del país, porque afuera somos incluso más reconocidos…y mejor pagados.”