CRISIS INDUCIDA Y DEFLACIÓN. Jaime Chuchuca Serrano

261 767 personas perdieron su empleo pleno o adecuado hasta marzo de 2019. Así lo informó el INEC. Foto: referencial de Pixabay

La Gran Depresión de 1929, una de las crisis económicas más graves que ha conocido la historia contemporánea tuvo como asiento principal a EEUU. Además de la caída del mercado de valores en el Crac del año 29, otros acontecimientos relevantes fueron la deflación (descenso generalizado de los precios de los bienes y servicios), las caídas dramáticas de la demanda y de los créditos.

Estas causas han sido estudiadas por varias escuelas, por ejemplo, la keynesiana, la monetarista y las heterodoxas. La primera dice que la recesión fue causada por la baja del consumo debido al aumento especulativo de los productos, por el ensanchamiento excesivo de la inversión y la reducción del gasto público. Hechos que pueden ser constatados en Ecuador. Los monetaristas atribuyen la situación a la reducción de la oferta de dinero, lo que para nuestro país es dable porque depende de la llegada de dólares de EE.UU y existe gran salida monetaria, sobre todo bancaria, por la disminución de los impuestos a la salida de capitales.  Por último, algunos heterodoxos  han referido que la recesión de EE.UU provino de varias políticas que alteraron el mercado laboral provocando despidos. Este último factor es garantizado por las políticas de Moreno.

Sin ánimo de asustar al lector, desde la perspectiva de estas tres escuelas económicas, se podría hablar hipotéticamente de una crisis económica o recesión en camino.

Las cifras del mismo Banco Mundial de junio de 2019 indican que la economía de Ecuador se detendrá en el 0,0% respecto al 1,7% de crecimiento de América Latina. Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), la inflación anual es de 0,37% y el Índice de Precios al Consumidor de mayo bajo a una cifra de -0,004%, lo que esboza una tendencia a la deflación. Por una parte, esta cifra ratifica la disminución del consumo de los hogares ecuatorianos a causa del incremento del desempleo y subempleo, y, por otra, el miedo de los banqueros por la disminución de los créditos. Súmese a esto el endeudamiento externo agresivo del gobierno y se genera un contexto poco alentador.

Hay muchas pruebas para sostener la crisis o recesión inducida a futuro.

*Abogado, licenciado en Filosofía y magíster en Sociología. Actualmente, docente de la Universidad de Cuenca. El artículo también se publicó en Revista El Observador # 110