MARXISMO Y FEMINISMO. Por Tomas Rodríguez León

Huelga feminista por el Día Internacional de la mujer. Foto: www.conclusion.com.ar

El movimiento revolucionario siempre fue anti institucional, la institución de la familia fue objetivo privilegiado para lanzar los dardos y los petardos, también lo fue la moral y la titulación universitaria.

Michel Foucault decía que los títulos académicos no sirven y solo sirve para quien no los tienen y los jóvenes de Paris a las puertas del atrio rompían los diplomas  tanto como los hipees rompían las actas matrimoniales y vivían en comunidades. Hoy en día  se festejan los matrimonios, las familias, la propiedad privada y el Estado

“Familia” rito o convenio, en latín significa “conjunto de esclavos. Con la familia patriarcal se establece la línea paterna y desde la disolución de la comuna primitiva, surge la monogamia, es la familia monógama basada en la propiedad privada donde la mujer se convierte en esclava del hombre; “…primer antagonismo de clases (Friedrich Engels). En la sociedad de clases la   familia se somete a los intereses comerciales y a consideraciones pecuniarias. El matrimonio tiene por complemento la prostitución legalizada. (Engels)

El trabajo humano altera las relaciones sociales y  las  relaciones existentes entre el coito y  reproducción (Karl Marx) “El derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción”. (Engels) “La filiación femenina y el derecho hereditario materno, fueron sustituidos por la filiación masculina y el derecho hereditario paterno” (Engels).

En la sociedad de clases, el padre es figura indiscutible de poder; el padre recibe el rol de mando por delegación institucional, reproduciendo la relación vertical: Dios-Estado-familia-padre. La mujer interesa siempre y cuando se asocie su rol a la reproducción. La familia es la institución de clases que determinó y mantiene la opresión de las mujeres.

Mujer, familia, socialismo y comunismo 

Clara Zetkin marxista pionera del feminismo dirá: la liberación de la mujer es impensable sin el comunismo y el comunismo es también impensable sin la liberación de la mujer. La Revolución rusa de 1917 postuló como eje rector la igualdad de condiciones para mujeres y hombres. Por primera vez en la historia se legalizó el aborto (1922), el derecho a las mujeres al voto,  derecho al divorcio desde 1917. En la Rusia soviética si  ambas partes pedían el divorcio, este se efectuaba de inmediato, pero si sólo una de las partes lo solicitaba, se hacía un juicio sin necesidad de pruebas.  Se instauró la posibilidad de que las familias llevaran el apellido materno

La mujer soviética conoció la emancipación laboralpodían ejercer como obreras, médicas cirujanas, profesoras, científicasrecibiendo el mismo salario que los hombres por decreto. El gobierno soviético impulsó la creación de escuelas, guarderías, kindergarten, lavanderías públicas y comedores populares. Aleksandra Kolontái, una de las revolucionarias más importantes, escribió: “la separación de la cocina del matrimonio es una reforma no menos importante que la separación de la Iglesia y el Estado”. 

En los primeros años de la revolución,  el 90% de la población total fue alimentada de manera comunitaria. En 1919  se formó el Zhenodtel,  sección del partido comunista dedicada a los asuntos de la mujer,  fundada por Inessa Armand y Aleksandra Kolontái. El Zhenotdel se daba a la tarea de educar a las mujeres sobre  derechos políticos, económicos y laborales y luchaba contra el  analfabetismo. Las mujeres pudieron acceder al aborto de manera digna, segura y gratuita en los hospitales públicos, todos los niños tenían los mismos derechos, sin importar si eran hijos legítimos o ilegítimos

En la Rusia leninista la licencia de maternidad pagada fue universal, aplicada a todas las mujeres sin considerar su condición social, religión, color de piel o sin importar si estuvieran casadas.   El modelo soviético  tenía como esencia un nuevo concepto de familia fundado en la igualdad, la eliminación de la explotación y la abolición del derecho de herencia,  paradigma   que fue replicado no solo en todos los países de su orbe, sino  incluso en las democracias occidentales  más democráticas. El sustento del modelo soviético está cifrado en la pedagogía y la psicopedagogia conductual. Los aportes de Krupskaya,  Makarenko,  Suchodolski, Vigotsky y otros,  van en esa dirección. Sin embargo, una gran limitación, el psicoanálisis fue considerado una opción burguesa y con ello se desestimó un aporte científico fundamental para la comprensión de los conflictos del niño y la familia.

El socialismo marxista genero más preocupación por consolidar la familia como núcleo social desligado de los intereses mercantiles, proponiendo reactivar en equidad los mecanismos de afectividad y al margen de explotación y el lucro.

Marxismo, feminismo y familia

El feminismo y la lucha de clases son  dos aspectos que aborda el marxismo, su enfoque analítico es fundamental en la definición de la familia y su evolución que  no es ciega a la mirada del sexo y la sexualidad aunque incluyente en su matriz metodológica de clases,  superestructura plusvalía etc.

El feminismo por su parte está bifurcado, aunque su germen es revolucionario y son sus fundadoras mujeres pre marxistas y  marxistas, Flora Tristán, Rosa Luxemburgo, Clara Zetkn y otras en la sociedad occidental que van formando un discurso feminista no comunista con  análisis específicamente feminista que presenta sus demandas en el marco de las relaciones entre hombre y mujer. Esta tendencia es ajena a la historia. La identificación del patriarcado como estructura social e histórica coincidió con el origen del Estado y la sociedad de clases, este  fue un aporte de Marx y sobre todo de Engels y no corresponde a descubrimiento último donde una variada expresión de corrientes feministas extraen el concepto de patriarcado al margen de la lucha de clases y fuera de la dominación estatal.

El análisis feminista marxista es posible y hay que retomarlo,  la “cuestión de la mujer” es demasiado seria para dejarlo en manos  no responsables o en generalidades teoréticas, pues es uno de los aspectos más sobresalientes del programa mínimo y máximo de emancipación humana. El patriarcado no es  una estructura psíquica ni una conducta social,  es más un sustrato de la realidad surgido de una sociedad en desventaja hacia las mujeres,  su esencia es capitalista.

La acumulación del capital que se traduce en concentración y ejercicio de control y dominación política se acomoda a la estructura social patriarcal y contribuye a la perpetuación de la sociedad de clases. Entonces como forma de dominación específica consolida la inequidades de una sociedad injusta y violenta En resumen las relaciones patriarcales tienden a apuntalar el capitalismo.

Marx, Engels, y Lenin, pensaban que el capitalismo arrastraría a todas las mujeres hacia el trabajo asalariado y que este proceso destruiría la división sexual del trabajo. Cuando la vida cotidiana reproduce el sistema capitalista, el trabajo doméstico  forma parte de la realización orgánica del capital en forma directa,  pero  la sobrecarga de explotación hacen de la pareja una relación asimétrica o  una nueva relación de dominio.

La  subordinación de la mujer en el hogar  instala relaciones patriarcales cotidianas difíciles de suprimir por el grado de naturalización cultural. El socialismo recurre a la  colectivización  del trabajo doméstico y mejora las condiciones de la mujer pero no es  factor  suficiente para erradicar la asimetría que establece la cultura 0 heredada. La liberación de la mujer requiere la proletarización   igualitaria   y la fraternización de clase en torno a la búsqueda de liberación humana.

El sexismo y la violencia contra la mujer están en relación inversa a ciertos derechos sociales adquiridos, esto ocurre en  el capitalismo periférico y central. La valoración del discurso ideológico y las formas de lucha requieren evaluación para determinar su condición de factores de riesgo o protección ante eventos de maltrato

El patriarcado  debe entenderse  no como predominio sistemático del hombre sobre la mujer sino como una variante del mismo esquema de dominación de clases y el problema de la familia, el trabajo, la economía  es también una variante de la división  injusta del trabajo y la extracción de plusvalía que en el caso de la mujer no se visibiliza o se lo oculta en forma deliberada. La mujer trabaja en la familia no para el hombre, (cuando así se lo asume crea tensiones y violencia)  también en el trabajo doméstico  tributa a la acumulación del  capital.

Feminismo  proletario y feminismo burgués

El sometimiento, la violencia, la invisibilidad, la opresión, la explotación y el desprecio hacia la mujer subyacen porque la ideología dominante de una sociedad dominante pervive en las estructuras socioeconómicas y mentales.  Cundo las mujeres proletarias reclamaban mejores sueldos, rebaja de los precios de los alimentos y mejor trato social  nació el feminismo, su fundamentación es profundamente clasista. La acción democrática  de la pequeño burguesía  progresista fue significativa y aporto a esta acción histórica de formación revolucionaria  cuando  reclamaban el derecho de voto y la igualdad política, también la mujer revolucionaria encontró en la lucha guerrillera una fuente de liberación y de igualdad.

Después de la Segunda Guerra Mundial  y pese a la reducción de la demografía masculina, los hombres volvieron a ocupar un lugar privilegiado en el sistema productivo, (las guerras refuerzan el rol patriarcal siempre,)  las mujeres ven retroceder derechos políticos, económicos y culturales, la sociedad le asigna nuevamente el rol  de reproductoras de la especie.

La posibilidad de incorporación al proceso productivo reverdece en la década del sesenta del siglo XX  y la mujer incluida en el conglomerado de jóvenes son vistas como  “habilitadas” para la producción y la formación profesional, pero el conflicto de indochina vuelve  sacudir los cimientes de la sociedad norteamericana y la mujer esposa y madre se vuelve figura detonante contra la guerra a la cual se obliga a asistir  a cientos de miles de jóvenes en Vietnam. Pensadoras marxistas posteriores a la oleada bolchevique de la revolución rusa  se expresan alrededor de Simone de Beauvoir, Ángela Davis y artistas como Edith Piaff, Vanessa Redgrave.

El mercado  apoderado de una parte importante de la  plataforma reivindicativa   integra en expresiones culturales fuertes a la mujer a los círculos gobernantes  del capitalismo en la economía y la política. La sociedad burguesa se vuelve permeable a la presencia de mujeres que entran a gobernar en el mismo formato de la sociedad patriarcal,  clasista y dominante. Se ponen en boga las mujeres presidentas de sus países y las funcionarias de los organismos mundiales como BM Y FMI. Esta presencia política es desalentadora: Margaret Tatcher y su gobierno archireaccionario, María Estela Martínez creadora de la “Triple A”  corresponsable de la muerte y tortura de  miles de jóvenes en Argentina; Golda Meir “la dama de hierro” asesina de poblaciones palestinas y siguen otras…

La gran apuesta  de la  sociedad burguesa fue y sigue  siendo la cooptación de mujeres en todos los frentes de intervención, política, económica, cultural  desde  una fuente a no dudarlo calculada globalmente desde del imperialismo norteamericano. Pero la mujer revolucionaria de izquierda ha resistido y sabe que su lucha no es por el poder sino contra el poder: las “Madres de la Plaza de Mayo, las madres palestinas, las luchadoras sociales de América Latina, las guerrilleras de Colombia, ejemplos sobrarán.

Negar que existe un feminismo burgués, neoliberal, imperialista y hasta neoliberal es una necedad que poco contribuye a la liberación de la mujer en la proyección de sus objetivos. El imperialismo, el Estado y la  burguesía pretenden dirigir las luchas de las mujeres elaborando programas que sitúan en la administración estatal y empresarial, a “líderes”. En Ecuador observamos como las cuasi feministas de la Revolución Ciudadana votaron a favor de la penalización del aborto hasta en casos de violación y hoy se reacomodan  al discurso nuevo del Estado fungiendo progresismo.

Las mujeres  que portan la ideología del opresor no pueden ser líderes de emancipación alguna pero desde la capacidad de movilización del movimiento orientan y  dirigen  las luchas contra el machismo por canales acordes a los intereses dominantes y toman fuerza porque muchas militantes se han ausentado del feminismo marxista y el feminismo libertario. Esto tiene como  efecto que el feminismo burgués  gane espacio.

El feminismo burgués refuerza las estructuras de dominación del patriarcado moderno buscando pertenencia en parlamentos,  gobiernos, ejércitos,  policías y  empresas capitalistas; divide o desplaza del movimiento a mujeres emancipadas que encontraron la ruta de libertad en la lucha proletaria. La derrota parcial  y relativa del movimiento obrero se revela también como  la feminización de la derrota. En nuestro país la izquierda pierda referencia teórica marxista y concomitantemente se observa la masculinización de sus  cuadros  porque  las militantes adoptan el discurso de género sin contenido clasista y asisten a la movilización de un segmentado discurso sectorial.

Si el feminismo marxista teniendo contenido y antecedentes luminosos pierde espacio este es  absorbido por  el feminismo burgués  que se caracteriza por su presencia punitiva. Siendo así el feminismo burgués es el no-feminismo, que pretende reformar el patriarcado en clave capitalista. El feminismo marxista y libertario  pueden y deben retomar su condición de vanguardia.