HISTORIA E IDENTIDAD DEL FENÓMENO DESARROLLISTA EN EL PARTIDO COMUNISTA DE CHINA. Por Tomas Rodríguez León

Un grupo de estudiantes de primaria se esconde debajo de una gran bandera del Partido Comunista de China, Fotopress (Getty)

Cuando  suceden  las Guerras del Opio y la Rebelión de Taiping en el siglo XIX o el levantamiento bóxer y la caída de la Dinastía Manchú en 1911 China era un país autista, una nación que vivía su mundo aun consciente del entorno y sus desafíos,  país con  revueltas campesinas y sociedades secretas conspirando sin dejarse insinuar por el occidental  liberalismo burgués. La Gran Muralla sostenía su autarquía.

…No hay una sola revolución en la historia  que no haya encontrado la derrota cuando el partido que la guía ha seguido un mal camino… hemos de distinguir a nuestros auténticos amigos y a nuestros auténticos enemigos…”.

MaoTse Tung

Sun Yat-sen y su Revolución Republicana aunque modernizante no deja de mirar a oriente  y su coqueteo  con el marxismo  se debió  a la dimensión universal-libertaria coincidente con el Tao Te Ching de Lao tse   que habla  del cambio permanente y  la verdad universal.  Con la  dialéctica, el marxismo era más empático a China que  la compleja e ideológica Europa. La llegada del marxismo refuerza esa relación.

A China  autosuficiente y  arraigada en  su tradición cultural le es  toxico el mundo del Oeste y evita en lo posible aquel fermento. Empero  el imperialismo occidental  siempre procuró minar  aunque infructuosamente  esa  tradición. Pero  el marxismo  llegado de Rusia le es permeable. Rusia  la menos europea y  también asiática nación donde se gesta la primera revolución proletaria campesina, inspira al comunismo chino que  desciende directamente del bolchevismo. Mao  el mejor hijo de Lenin.

En 1921 doce delegados en  fundan el Partido Comunista. A principios de 1925 existían solo  900 militantes en toda China y tres años después los comunistas movilizarían a millones de cuadros insurrectos, lo que da cuenta de lo vertiginoso del crecimiento del partido. El germen del leninismo se instaló; disciplina, crecimiento rápido, organización férrea y el mismo se transformó en maoísmo. Por su parte, el ascenso de Stalin fue la des bolchevización de la Revolución Rusa, porque el nuevo liderazgo  se empeña en no propiciar revolución alguna que no sea la suya y levanta la premisa de “socialismo en un solo país” que blinda la estrategia del movimiento comunista a apoyar la consolidación de la URSS. Ya en época  post leninista, los comunistas chinos acogerán  las recomendaciones estalinistas  solo con pinzas y a discreción.

El leninismo maoísta  se nutrió de  verdades sencillas en comprensión junto al pueblo de que para  conseguir libertad,  la revolución  se construiría  desde abajo desconfiando del reformismo burgués y sin  arreglos con las potencias imperiales. Así, el comunismo  nació y creció apoyándose en las  masas  desposeídas del campesinado sin perder de vista que la clase obrera era la única clase consistentemente revolucionaria.  (Otra postura leninista) Mientras Stalin apoyaba la alianza con la burguesía criminal del Kuomintang de  Chai kai Shek  Mao como Lenin  veía  la revolución como un proceso “no interrumpido”  donde el programa del socialismo superaría  al imperialismo, al capitalismo y al feudalismo.

La concepción leninista de alianza obrero campesina,  nunca descuido  que serían las ciudades industriales los centros de la revolución en especial Cantón y Shanghái.  Los sindicatos dirigidos por el partido se constituyeron en un gran movimiento de masas y las huelgas generales  los puntos fulminantes del estallido insurreccional. China y su pueblo hacían grandes a su partido comunista mientras la Rusia post leninista seguía con la tesis   ”socialismo en un solo país”. Tesis para la que era más cómoda la amistad con el kuomitang. El estalinismo apoyaba la opción menchevique de alianzas con la burguesía nacional y Mao hacía de las suyas al igual que Lenin, pensando en la revolución comunista

Mao  creía  que  el socialismo en oriente  sería  un “fenómeno únicamente chino”  obra de los campesinos y obreros  contra potencias imperialistas, la “Larga Marcha” seria  el método revolucionario asumido  y el mismo se convirtió en la leyenda heroica.  El maoísmo hizo entonces de la independencia nacional el método concentrador de unidad y del partido comunista su vanguardia. Desde 1949 Mao es  más coincidente  con Trotski que con Stalin cuando habla de  la revolución ininterrumpida.

Con la revolución triunfante, sabían bien los comunistas  lo imposible de la construcción socialista sin  industrialización. El maoísmo  resuelto a industrializar China, inicia la forja de un proceso de  acumulación primitiva socialista, recurso valido para ampliar la producción y construir una nueva estructura  económica y social  buscando en el camino nuevos medios de producción y mayor cantidad de fuerza de trabajo.

La producción creciente de medios de Producción y la producción urgente de medios de subsistencia son vitales para la sobrevivencia de la revolución en un Estado en explosión demográfica. El Esquema de Reproducción Ampliada, será mejor entendido por China luego de la derrota de la revolución cultural.  El marxismo fue una ideología de la modernización, la única posible porque la actitud del imperialismo capitalista solo garantizaría un modelo subsidiario y dependiente.

La escasez de recursos y una superpoblación históricamente inequitativa llevó a que en el seno del partido se establezcan dos tendencias marxistas; la una que consideraba la ideología como el vehículo cultural más significativo para empujar la moral de millones hacia el desarrollo y la otra que consideraba que es la economía la fuente de riqueza y distribución. La primera fue la que empujo la revolución cultural y la segunda la reforma y apertura. Mao como Lenin está en el centro y como marxista, interpreta la económica y la ideología como dos pasos de un mismo sujeto, sabe que la historia la hacen los hombres y que no habrá socialismo sin el desarrollo máximo de las fuerzas productivas (sobre todo en la superpoblada China). La derrota de la banda de los cuatro a la muerte de Mao será la continuación de la perspectiva marxista leninista. La segunda tendencia fue la triunfante.

De que existen profundas influencias filosóficas del confucianismo y del taoísmo en el maoísmo nadie debe dudarlo, como también es una evidencia,  el culto a la personalidad herencia estalinista, asumida  como   urgente  herramienta  para una disciplina   que busca  objetivos dionisiacos y mesiánicos.

Con  dificultades y contradicciones la revolución china continúa  a más de 40 años de la muerte de Mao en línea de éxito; su poder y el de  y su partido es efecto  del concurso de recursos propios. El conflicto  entre gobernantes y gobernados no ha sido severo ni trágico mayoritariamente, el episodio de Tianamen incómodo y desagradable  es aún una herida abierta, pero fue la lógica del Estado y la revolución en contextos donde la contrarrevolución liderada por Gorbachov quería disolverlo todo para tributarlo al imperialismo norteamericano.

Con todo, el maoísmo en el poder ha gozado de la confianza de los campesinos y de todo el pueblo, ha proletarizado a la sociedad porque la ha industrializado, admitiendo humildemente  estar solo en la primera fase de construcción del socialismo. China defiende su modelo en situación de pleno empleo,  estado de bienestar y  evidente extinción de la miseria extrema. La confianza del pueblo chino en sus gobernantes  supera en alto grado a todas las revoluciones triunfantes precedentes, incluida  la de los bolcheviques.

El camino de la industrialización es  prueba de apego casi dogmático a la teoría económica de  Marx,  Deng asumió el punto de vista de Trotski cuando más que la colectivización de la tierra propone que sea el campo y su modernización la base de la acumulación primaria socialista, por ello en la segunda fase luego de la revolución cultural Den Xio propone la industrialización  emergente y rápida y no  la colectivización forzada de la tierra. El resultado,  el campesinado nunca se ha  visto empujado a una hostilidad contra el régimen y la industrialización camina de la ciudad al campo.

El gobierno de Mao y todos sus sucesores  han tratado a la burguesía con  prudencia.  Lenin así lo entendió en la NEP no así  Stalin  quien liquido administrativamente a la burguesía canjeándola por la burocracia que se fue constituyéndose en clase. Los comunistas en China  han preferido comprar a los industriales a ordenar  expropiaciones y lo ha hecho  para proteger el programa de industrialización y máximo desarrollo de las fuerzas productivas.

Mao consideraba que la  revolución de los comunistas era la heredera de la revolución democrática de Sun Yat-sen, pero pensaba que la suya era la resolución final de un movimiento de modernización frustrado desde la perspectiva capitalista por la conducción reaccionaria del Kuomintang de Chai kan Shek . Desde  la conducción del partido comunista  se  configuraría  una teoría de la modernización opuesta a la modernización capitalista

Por otra parte, el programa político es intenso pero no criminal, la extirpación de la banda de los cuatro y su agenda ideologizante que aún tiene adeptos, no ha  tenido que ser enfrentado con purgas masivas, pogromos genocidas  ni reeducaciones sentenciosas. La disidencia cada día es  un fenómeno también en extinción. Todo daba a pensar que la pugna contra los seguidores de la banda de los cuatro derivaría en una guerra civil  y esta nunca ocurrió por la lealtad  y la confianza del pueblo a su partido conductor.

Las revoluciones triunfantes, aun las más gloriosas  han tenido cuotas de sacrificio muy altas, por sus propios errores y por la reacción malvada de las fuerzas retrógradas  e imperialistas. Cuba, Corea y Vietnam son ejemplos álgidos. En la mirada del pueblo esto se traduce en  devastación,  muerte, sufrimiento y  miseria causados por la guerra civil o por la injerencia imperialista. Muchos  huyen por la desesperación y  por las condiciones de existencia deprimidas y no pocos  militantes de la causa  se cuestionan haber  hecho la revolución. Los decepcionados  hacen que la revolución  se vuelva solo apta para  héroes estoicos. En su defecto,  China está sufriendo no por decepciones ni por emigración forzada, pues quien no está de acuerdo con la revolución siempre pudo  irse,  está más bien,  el gigante asiático, cerrando las puertas a muchos habitantes de países vecinos que pugnan por ingresar.

La brecha entre gobernante y gobernados no es  un vacío imposible de salvar. En las relaciones de poder tradicionales  los gobernantes siempre han tenido que actuar a la defensiva  con  desconfianza y  pánico, situaciones clásicas en las dictaduras estalinistas y capitalistas. En el maoísmo actual toda desconfianza se compra con bienestar. El Tíbet fue acallado no con represión sino con un programa de mega industrialización que ha cambiado las relaciones sociales y de producción donde los campesinos religiosos son ahora ejércitos de obreros en acción.

Los comunistas chinos dedican toda su atención a resolver problemas económicos sin distracciones ideológicas ni discursos, sin estimular confrontaciones ni entrometerse en guerras justas o injustas.  Utilizan constructivamente  los recursos disponibles para  mejorar la suerte del pueblo y para el desarrollo de su proyecto histórico que se extiende, por ello lejos de producir desilusión trabajan por  aumentar la confianza popular.

Su ambicioso programa, no admite inhumanas disciplinas en el trabajo y al contrario del Che  o la banda de los cuatro que creían más en los estímulos morales, se va por la vía de los estímulos materiales, desechando eso sí, los métodos militarizados que  Stalin imponía a los obreros o a las aldeas proveedoras del campo. El partido comunista no adolece de los  temores que separan a gobernantes y gobernados   y su proyecto de partido único se ampara en el marxismo y el taoísmo  con sus miradas de unidad universal.  Los chinos nunca gustaron del  sistema pluripartidista y  la social-democracia  es lejana referencia,  tanto como las predicas de la ilustración liberal.

El nuevo modelo económico que no niega su vertiente marxista ni su adopción de métodos de desarrollo y tecnología capitalista, busca aumentar la capacidad de negociación asumiendo un carácter pragmático con  mayor flexibilidad  que la economía de occidente. Este modelo  se  afirma con las bondades de control que tiene la economía planificada  evitando  el caos de gobernabilidad y competitividad interna del mercado en el  mundo capitalista

El Estado en transición tampoco niega que está velando  por los intereses de todas las clases sociales, incluyendo el segmento empresarial,  para  sostener su plan  desarrollista donde pervive el credo socialista  de velar por  los derechos de los menos favorecidos.

Las señales del mercado  arrojan dos indicadores macro: crecimiento sostenido y nerviosismo occidental en un guerra económica que China está ganando y distribución del crecimiento que se expresa en mejores condiciones de vida de su población. China ya se jacta lo que nunca ha ocurrido en la humanidad, la pobreza ha descendido a menos del 1 por ciento y sin guerras genocidas de conquista.

Los desafíos son enormes y solo el sentido común bastaría para considerar que ningún modelo que no sea de equidad socialista garantizaría armonía social y desarrollo  pues China alimenta al 20 por ciento de la población mundial con solo el 7 por ciento de las tierras cultivables.  Con su modelo de socialismo con particularidades, el país  ocupa el primer lugar a nivel mundial en producción agrícola y pelea el primer lugar de producción industrial.

Solo la conducción del partido  comunista le ha permitido a  China transformarse , de país rural que  en 1949  carecía de  desarrollo industrial , sin inversión , con  una  la renta per cápita  de 40 dólares al año, ( mitad de la renta India, promedio mundial de 250 dólares) a lo que es actualmente .Ahora su renta per cápita esta multiplicada por veinte, superior  a la de  algunos países capitalistas desarrollados.

Los ecos de la frase de Den Xiaoping “Cruzar el río sintiendo cada piedra bajo los pies”  resumen el camino trazado que China reitera con prudencia y equilibrio para  no caer al río. Llegar a la orilla es lo  que los estatutos del partido en  su último congreso re confirman; el comunismo como meta, el socialismo como medio y el desarrollismo sin piedad como acción.