EL CAPITALISMO TÓXICO. Por Juan Cuvi

El Foro Social Mundial de Salud y Seguridad Social se está desarrollando en la ciudad de Bogotá Foto: Unimedios,

La izquierda mundial tiene dificultades para entender cómo funciona y hacia dónde va el capitalismo contemporáneo. Por eso equivoca sus estrategias de lucha. Analizar el capitalismo con herramientas teóricas del siglo XIX es como interpretar el universo con la física newtoniana.

En el Foro Social Mundial de Salud y Seguridad Social que se está desarrollando en Bogotá, una de las preocupaciones centrales es develar las dinámicas del capitalismo para entender sus repercusiones en la salud de la población. Y las explicaciones son múltiples.

Quizás la más común se refiere a la financiarización del capitalismo, esa idea de que la especulación ha reemplazado a la producción como forma de acumulación de riqueza. No obstante, hay interpretaciones que, pese a su particularidad, inducen a un replanteamiento de los análisis.

Andrés Barreda es un profesor marxista de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam). Desde una mirada ambiental sostiene que la crisis actual del capitalismo es única e inédita porque estamos asistiendo a un colapso ambiental total. En este contexto, el cambio climático es tan solo una arista de la catástrofe general. La crisis hídrica y los daños genotóxicos provocados por los alimentos contaminados son amenazas aún más devastadoras para la vida.

Barreda pone como referencia que la industria química europea arroja a los ríos 200 mil sustancias químicas nuevas, de las cuales solamente se monitorea la mitad. Son sustancias creadas en los últimos años por las necesidades de la innovación industrial.

Para no ir muy lejos, en México el 95% de los ríos están destruidos como consecuencia de los desechos industriales. Esta situación es el resultado de la suplantación industrial que se dio luego de que entrara en vigor el Tratado de Libro Comercio (TLCAN) en 1994. La industria mexicana fue desbancada por transnacionales gringas y europeas que consiguieron desregulaciones laborales y ambientales abiertamente vergonzosas. Debido a la mayor escala de producción, se convirtieron en auténticos gigantes tóxicos.

En este sentido, Barreda sostiene que la verdadera amenaza para México no radica tanto en el capitalismo financiero como en el industrial, porque este afecta directa, sistemática y generalizadamente a la salud de la gente. El cáncer asociado a circunscripciones industriales en ese país es el más alto del planeta.

Lo grave es que este modelo ha sido replicado en países como la India, Bangladesh o Indonesia. En estas condiciones, el capitalismo no actúa por desposesión, por especulación ni por extracción interminable de recursos, sino por devastación de la vida. La ingesta de micropartículas de plástico a través del aire o del agua, por ejemplo, está provocando modificaciones genéticas en la especie humana.

El debate, entonces, nos remite a un modelo de producción y de economía que no tiene límites ni racionalidad. No hay capitalismos inocuos ni sostenibles, tal como algunos pretenden vendernos como alternativa a la debacle global. Arrimarse al capitalismo chino o ruso como contrapeso al imperialismo occidental es un craso error de una buena parte de la izquierda. Eso equivale a lo que en medicina se denomina iatrogénesis; es decir, aquellas enfermedades que se originan como consecuencia de la misma intervención médica.

Porque si los rusos aplican un régimen capitalista mafioso, los chinos ponen en práctica uno que, además, es obsceno: a este país lo gobierna el único partido comunista del mundo donde su comité central está integrado en su totalidad por empresarios millonarios.

*Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum – Cuenca. Ex dirigente de Alfaro Vive Carajo.