LOS INTELECTUALES ORGÁNICOS ¿DÓNDE ESTÁN? Por Tomas Rodríguez León

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Los intelectuales orgánicos para Antonio Gramsci son quienes  describen la vida social  científica y  culturalmente pues traducen las experiencias y el sentir que las masas no pueden articular por sí mismas, es decir, son agentes conscientes de procesos inconscientes, actores del encuentro  entre la organización y el pueblo en una relación pedagógica  creadora de  nueva hegemonía que confronta la hegemonía – ideología  imperante opresora y puede transformar revolucionariamente a la sociedad.

No se puede hablar de los no-intelectuales, porque los no-intelectuales no existen…Todos los hombres son intelectuales; pero no todos cumplen la función de intelectuales en la sociedad”.

 

Antonio Gramsci

La organicidad y el peso  del intelectual se miden en un acto político que se pone de manifiesto  en la difusión de la ideología proletaria sumando elementos para constituir un nuevo consenso que difiere del consenso del sufragio de la democracia burguesa

Dotar al proletariado  de “homogeneidad” y consciencia  de su  función como clase  vanguardia, es un rol pedagógico y político de los intelectuales orgánicos del proletariado. La construcción de una cultura nueva; obra de partido (intelectuales) y clase (masas) se promueve para que los trabajadores compartan ideales de justicia y libertad con la sociedad toda, para esta misión, los intelectuales no son una masa informe o uniforme ni francotiradores solitarios, solo pueden actuar como militantes del partido sea como  directores u organizadores de las tareas de la revolución.

La razón es simple: el intelectual orgánico funciona con lenguaje político y son intelectuales orgánicos los que actúan para la revolución o contra ella. La organicidad del intelectual se entenderá como algo más amplio que el sector específicamente cultural. Según Gramsci, son los que  intervienen en el diseño y organización de las ideas de cambio o reacción. Los funcionarios lo son  porque participan en la legitimación del grupo dominante ante la sociedad civil.

El abandono  de los clásicos del marxismo  hizo que los tiempos cambiaran favoreciendo pseudo elaboraciones teóricas emparentadas con el populismo, el neofascismo, el ecologismo sub desarrollista y la falsificación de los pensadores del proletariado, en particular de Antonio Gramsci y Rosa Luxemburgo. Se  fortalecieron miradas reduccionistas  que criticando maximalismos se  bautizaron con los minimalismos.

 Llegó un espíritu comercial que omitiendo lecturas amplias fue asumiendo sentencias baratas y en el mundo del pensamiento (no solo académico)   la  mente de los individuos se  contrajo en rápidas lecturas de referencia  para utilidades concretas y ya no son los sujetos  de la “inteligencia” capaces de elevarse al pensamiento crítico, mucho pedir que se eleven al pensamiento filosófico, en tanto se edifican tarimas donde se desprecia la educación informal, capaz de formar intelectuales orgánicos y más se desprecia  al espíritu heroico formador de intelectuales comprometidos.

La producción intelectual y artística displicente  poco  estética y muy de maquillaje,  enferma a  endémicos vanidosos  que creen ocupar un   lugar aristocrático y elitista.  No reparan, aquellos imberbes,  que solo están trabajando  para el aplauso, repletos de  una banalidad perfumada, donde solo son  albañiles del muro  de lo espectacular. Existe un  pensamiento crítico en deterioro, los intelectuales pro sistema son expresión de la sociedad y su decadencia. Los intelectuales marxistas habitan en una sociedad fragmentada y ellos mismos se fragmentan, al tiempo que escasean y son poco influyentes. Otros se vuelven funcionales a las nuevas  formas de dominación asumiendo con fatuidad verdades repetidas, contundentes o lejanas, autos convencidos de gobernar la abstracción.

Lo desconcertante es la legitimación de las prácticas  hasta de quienes reivindican “pensamiento crítico”,  a la hora de formular alternativas frente a la semántica  del poder.

El discurso entra  en conflictos con la  práctica. Slavoj Zizek se pone en la  banda de la OTAN en la crisis de los migrantes sirios y Noam Chomsky y Cohan  manejan cierta neutralidad en la dialéctica China -USA en  una realidad donde USA con Europa no dejan de masacrar pueblos. China continúa su suerte económica fielmente apegada a su principio de no intervención militar. Parecería que la intelectualidad marxista no se decide a tomar partido, con un recelo muy occidental.  Así, el punto de vista del capital,  criminal y coherente  se confronta con una izquierda  que se mueve entre  herejías y heterodoxias de baja intensidad,  no apta para la guerra ni para la toma de partido, aunque sigue en lenguaje de  resistencias.

Las resistencias se repiten también en unos discursos sobre ecología, muchas veces extraviado, que considera  que la sobreexplotación ha pasado del proletariado a la Tierra. Dichos intelectuales democráticos ponen en el mismo saco a quienes depredan la naturaleza masacrando a pueblos y a quienes propician la expansión y proletarización del planeta. También olvidan que la realidad actúa independientemente de la conciencia y al ofertar un ancestralismo proteccionista y conservador  no impiden ni  impedirán  la depredación o la contaminación del centro y la periferia.

Estos intelectuales orgánicos de la naturaleza ya no asumen la  crítica marxista al capital porque omiten la relación entre productivismo y lógica de la ganancia. Olvidando también que el  concepto de  fractura metabólica nació  en Marx quien escribió: “el modo de producción capitalista produce condiciones que provocan una fractura irreparable en el proceso de interdependencia entre el metabolismo social y natural…El resultado de esto es el despilfarro de la vitalidad del suelo” pero la crisis ambiental no es necesariamente  obra de la industrialización sino del modo de producción capitalista y su irracionalidad. Si el capitalismo  sobrevive,  continuará  la crisis ecológica y la destrucción del planeta. La proletarización de la crisis  ecológica  será un hecho porque los países ricos y los ricos del tercer mundo   sobrevivirán. Los pobres no poseen medios tecnológicos y financieros para protegerse,  pero claro está, la fractura metabólica no es la  contradicción central del capitalismo sino la explotación del trabajo

El marxismo  es  “antropocentrista”  en una racionalidad que respeta el entorno y las otras formas  vida,  pero subordinando la naturaleza al hombre (Marx Engels). El  socialismo que es planificación central   puede corregir errores y racionalizar la explotación a la naturaleza trabajando sobre todo  por la cuestión alimentaria humana. Los intelectuales “eco centristas ” o “biocéntristas” desechan la jerarquía biológica  asumiendo seguramente sin saberlo el pensamiento del ideólogo  nazi Walter  Schoenichen, escribe  “… Hay que reivindicar los derechos de la naturaleza salvaje” o del nazi Ernst Lehmann   “separar la humanidad de la naturaleza, de la vida toda, conduce a la destrucción de la humanidad y la muerte de las naciones. Sólo a través de una nueva integración de la humanidad en la naturaleza puede nuestro pueblo hacerse más fuerte… La humanidad sola ya no es el foco del pensamiento, sino más bien la vida como un todo… Este esfuerzo hacia la conexión con la totalidad de la vida, con la propia naturaleza, una naturaleza en la que hemos nacido, este es el significado más profundo y la verdadera esencia del pensamiento nacional-socialista”.

Vale  recordar que Marx advierte que es el trabajo alienado quien convierte a la naturaleza en algo extraño al hombre, en un “mundo ajeno”, “hostilmente contrapuesto al trabajador”. En la alienación, el  trabajo no le pertenece y se le presentan como objetos externos, es decir, “enajena al hombre de su propio cuerpo, de la naturaleza tal como existe fuera de él, de su esencia espiritual y de su esencia humana”. La alienación de la humanidad y de la naturaleza tiene como resultado no sólo la renuncia al trabajo creativo, sino también la renuncia a los elementos esenciales de la vida misma. Feuerbach, sostienen Marx y Engels,  “postula la naturaleza en vez de la historia natural. Reconoce la desarmonía existente entre la humanidad y la naturaleza; de ahí la alienación respecto a ésta… No ve a la naturaleza como algo que cambia al paso de la historia. No ve que el mundo sensible que le rodea no es una cosa que viene dada directamente desde toda la eternidad… [Sino] un producto histórico, el resultado de la actividad de toda una sucesión de generaciones”.

Otros  intelectuales de izquierda son vistos como raros por los  que “superaron los vicios de las ideologías”  coherentes pero carentes de creatividad se quedan alejados de la vida práctica, ingresan casi clandestinos (en eso somos buenos) al mundo de los artistas que producen fetiches,  afiches, clisés y fatuidad para vivir del cuento  con pre tensiones radicales,  hasta  como autores de música y letra de los  discursos de “poderes emergentes” o creando  guiones  con lenguaje de  izquierda para políticos de derecha populista.

La metamorfosis  transmuta  del dogmatismo a la previsibilidad del acto concurrente en la mesa del poder. La amoralidad existencial y la tristeza ideológica son esencia de una nueva  marginalidad intelectual, que se expresa en la  suficiencia para ejercicios mentales que buscan y encuentran uno que otro reconocimiento y  que adolecen  de uno que  otro remordimiento.  El viejo idealismo si se sabe recordar con precisión y prudencia  tendrá su chance…el resto lo hace bien la  anti política y la  cultura recreativa.

La academia recurso y discurso del método, anida a  progres de pipa,  post modernos  y  viajeros listos, que respiran en las aulas del cuarto nivel. El plano académico y el plano de la militancia  expresan  tensiones  que abren la brecha del pensamiento crítico, porque muchos de los  jubilados de la alternativa,  se hacen  vigilantes de las maldades del sistema y se presentan en  las aulas magnas para que no se diga, y es ahí donde los movimientos sociales encuentran los resortes explicativos del juicio a la realidad al margen de la sórdida disciplina militante.

La academia es el habitus  no  contaminada de ideología o  vulgaridad política que produce ilustración a la medida y vende con elegancia los diplomas, no sin antes reconocerse  como un espacio  para  las clases subalternas. Es  teoría  sistematizada frente a la teoría no sistematizada de la militancia partidaria,  porque es ciencia y como ciencia  tiene  insospechadas proyecciones. La academia  necesita conservar y es conservadora. La figura es completa, lenguaje liberal, espíritu conservador y conducta neo marxista para  crear y organizarlo todo  desde una  ortodoxia vertical. Tiene pretensiones monopólicas  donde  hasta el marxismo  es objeto de gobernabilidad y se  re significa la condición de  vanguardia.

Academia vanguardia que no admite mestizajes con la militancia partidista, lugar sin posibilidades para formar intelectuales orgánicos para mirar el futuro. Los partidos revolucionarios utilizan tarimas incómodas, no así la academia que solventa un pensamiento “critico” potable, sustentable y no fusible, que salva al pensamiento y a los muchachos de los riesgos vitales,  superando los tiempos heroicos donde hasta la poesía era un acto subversivo. Punto ecuménico donde no se profana la ética ni la estética, donde se excluyen los  lenguajes ásperos y las extremas contundencias, alternativa frente a aquellos  templos cerrados de inhumanas disciplinas.

Ciertamente los partidos de izquierda son responsables por la migración  intelectual  y la diáspora del pensamiento crítico hacia escenarios sutiles,  pero a pesar de la pereza  partidaria y las poses de la academia,  los temas de los que habló Marx siguen   siendo   el primer referente de desarrollo y  equidad. El peso ha sido demoledor y sobrevive el razonamiento dialéctico después de la caída de la Unión Soviética que  des europeízo el marxismo y después que  la intelectualidad de América Latina se europeizó.

Marx  asoma renovado en el lejano Oriente cuando el imperialismo capitalista sigue  en crisis. Nuevas dimensiones teóricas menos cargadas de ideología se re crean  en contenidos renovados que  enriqueciendo su método  responderán  a  las contradicciones esenciales del capitalismo. Lo más significativo de estos resurgimientos radica en que se producen  como alternativas  al modelo de acumulación que se concentra  a expensas de la periferia y contrae las fuerzas productivas  con prácticas genocidas. Si China y su partido gobernante dicen ser marxistas leninistas hay créditos suficientes para la credibilidad y solo este hecho garantiza la vigencia del marxismo con elementos para la re funcionalización del mandato: construir intelectuales orgánicos. Toca retornar  a  los viejos tiempos  donde inteligencia y compromiso producían pensamiento y oraciones, única forma de reconocerse en la historia con noticias diferentes, para que proletarios y pobres  ya no se consideren clases subalternas sino libertarias y la inteligencia abandoné el onanismo.