UN LUGAR EN EL MAPA… Jaime Chuchuca Serrano

Los pequeños agricultores poseen menos de 6 hectáreas, frente a las 16 de la mediana y 60 de la gran agricultura empresarial. Foto: referencial de Pixabay

Un Iugar en el mapa es también un Iugar en Ia historia” sostiene Adrienne Rich, en un mundo donde se alteran los mapas pero la propiedad monopólica de la tierra no ha variado.

América Latina tiene la distribución de las tierras más desigual del globo con un 0,79 de coeficiente de Gini, el cual supera a Europa (0,57), África (0,56) y Asia (0,55). El 1% de los propietarios concentra el 60% de las tierras agrícolas productivas. En Ecuador, el 15% de las Unidades Productivas Agrícolas (UPA) concentra el 80% de la tierra cultivable. Los pequeños agricultores poseen menos de 6 hectáreas, frente a las 16 de la mediana y 60 de la gran agricultura empresarial. El 5% de las empresas agricultoras controla el 50% de la producción. El 60% de la Población Económicamente Activa se encuentra en el campo: acá se dirigió la flexibilización laboral de Rafael Correa y Lenín Moreno.

El 40% de las tierras tiene baja concentración de materia orgánica, lo que prueba el desgaste biológico de la tierra. Las zonas agropecuarias de la Costa (44,9%), sierra (37,7%) y el Oriente (17%), evidencian la realidad agroexportadora del Ecuador. El cacao, banano y la palma africana están dedicados a la exportación, y la caña de azúcar, el arroz, y el maíz al consumo local. Apenas el 2% de la producción nacional no tiene fertilizantes. El uso de fungicidas y pesticidas atenta contra la salud de las y los trabajadores y consumidores. La gran producción agrícola y pecuaria sin planificación atenta contra los suelos, los ríos, el hábitat y el entorno ambiental.

El monopolio sobre la propiedad de la tierra está atada al poder económico y político. Los hacendados y terratenientes históricamente han tenido cargos de representación política. Los gobiernos, frecuentemente, han representado los intereses del monocultivo agroindustrial en detrimento de los pequeños campesinos. Esto supone la concentración de la renta de la tierra en pocas manos y la explotación masiva de la fuerza de trabajo. En más de medio siglo, con dos reformas agrarias, la desigualdad sobre la tierra no ha variado. Cualquier partido o gobernantes que se precien de progresistas no pueden sino transformar el campo para el bien de los pequeños campesinos en justicia a siglos de pobreza.

*Abogado, licenciado en Filosofía y magíster en Sociología. Actualmente, docente de la Universidad de Cuenca.