PRISIONES. Por Jaime Chuchuca Serrano

Banda vinculada al delito de asociación ilícita que operaba en el Centro de Rehabilitación Social de Ambato fue detenida el pasado 25 de julio, entre los detenidos se encuentran agentes penitenciarios. Foto: @IvanGrandaM

Alcatraz, construida entre 1912 y 1913, fue las prisiones más seguras de EEUU, hoy reemplazada por la Supermax y la Isla de Rikers, entre 1934 y 1963. Sus celdas de un poco más de 4 metros cuadrados, conformaban cuatro bloques sobre la Isla de Alcatraz a 2 kilómetros de San Francisco. Albergó hasta 1500 prisioneros. El cine la ha tomado como sospechoso fetiche de la libertad.

Carandiru, fue una de las 29 cárceles de Sao Paolo y la más peligrosa, con capacidad para 5000 personas, concentró el doble. La prisión sufrió el mayor amotinamiento de la historia de Brasil. Cerró en 2001, después de una protesta con 20 muertos y 80 heridos.

La prisión de Tadmor, Siria, es de lejos la cárcel que ha soportado la peor masacre de los últimos tiempos. El dictador Bashar mandó a matar a más de 1000 presos. Aquí desaparecieron miles de disidentes políticos, sobre todo de izquierda. El Estado islámico la acabó con explosivos.

La cárcel La Sabaneta, de Venezuela, también consta entre las más peligrosas del mundo. En las requisas frecuentemente se encuentran decenas de fusiles, miles de cartuchos, pistolas y hasta morteros de uso militar.

La Cárcel de Diyarbarkir, de Turquía, y Guantánamo, de EEUU, son los prototipos de prisiones tipo F que se basan en el aislamiento para aniquilar de modo físico y mental a los prisioneros. Aparte de la tortura y violaciones se les priva de comida y sueño.

Curiosamente, la prisión de La Santé de París fue primero una casa de “salud” antes que cárcel. Tal vez de aquí Foucault entrelazaría la cercanía disciplinaria entre hospitales, psiquiátricos y las prisiones. La poderosa fortaleza ha mantenido reos de eventos tan disímiles como la Revolución Francesa, la Primera y Segunda Guerra Mundial, oleadas migratorias y las protestas de los chalecos amarillos. La prisión demuestra el racismo normado de Estado.

Las prisiones causan degeneración psicosomática, neuronales, altera las facultades intelectuales y las reacciones emocionales, causa depresión, tendencias suicidas y numerosas enfermedades. Es imposible que estas infraestructuras de poder causen la más mínima “rehabilitación social”.

La crisis carcelaria ecuatoriana de estos días, que vela a 22 muertos y cuenta con los eventos más sádicos, se produce en el marco de la ineptitud gubernamental. Las prisiones son el espejo de la podredumbre moral del Estado moderno.

*Abogado, licenciado en Filosofía y magíster en Sociología. Actualmente, docente de la Universidad de Cuenca.