OTRA VEZ LAS CATILINARIAS. Por Jaime Chuchuca Serrano

Lenín Moreno junto al presidente Rafael Correa. Foto: captura de pantalla de 26 de octubre de 2014/ Presidencia

¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia?”, espetó Cicerón, silenciando el templo de Júpiter, donde debatía el Senado romano. Ante el discurso de Cicerón, Catilina huyó, cuestionado por traición en el año 63 a. c.

En 1874, bajo tutela de Eloy Alfaro, Juan Montalvo publicó el alegato: La Dictadura Perpetua. Pinceladas inmejorables del poder ensoberbecido de Gabriel García Moreno, quien buscaba la reelección indefinida.

El tiranuelo, que así llamaba Montalvo a García Moreno, jaloneó a Ecuador en guerra con Perú, apostilló estipulaciones para vender la patria a las monarquías europeas, tornó traidores en beneméritos héroes e instrumentos de satanás en bendiciones de Dios. “Los ecuatorianos –escribía temblando de rabia Montalvo– no bendicen a García Moreno, sabedlo, escritores sabios, periodistas de conciencia que lleváis sobre los hombros la máquina de Gutenberg, y que ojalá llevaseis dentro del pecho el alma de Washington y Bolívar”; pero en la infamia “nosotros hemos de erigir estatuas a un García Moreno”. Es contado por todos que al matar Faustino Lemus Rayo a García Moreno a machetazos en 1875, Montalvo afirmó: no fue el machete de Rayo quien lo mató, sino mi pluma: mi pluma lo mató.

En 1876, el general Ignacio de Veintimilla se declaró dictador. Montalvo en el exilio publicaría Las Catilinarias contra este indigno personaje.  Una de las primeras decisiones que tomó Veintimilla fue comprar rifles de repetición Remington a Estados Unidos para aplacar al general Urbina. “¿Hasta cuándo Ignacio, abusarás de nuestra paciencia?”, escribía don Montalvo. El escritor ambateño no era bueno en la oratoria como Cicerón, empero gozaba de elocuencia sin igual con la pluma. Troglodita, verdugo, inicuo y tirano, ese es Veintimilla, para Montalvo. De cerebro menguado y, por tanto, imposibilitado de convertirse en tirano, porque para ser tirano se necesita de un poco más de cerebro, decía Montalvo. Las Catilinarias, más que una colección de insultos ilustres a Veintimilla, es un ensayo por la democracia y la libertad, por la rebelión y contra el vicio, un llamado a la vida política a la juventud y las mujeres.

Aunque suene duro, el García Moreno del siglo XXI reside en Bélgica cultivando la soberbia y engordando la codicia; Veintimilla reposa en Carondelet, donde los vicios continúan bailando.

*Abogado, licenciado en Filosofía y magíster en Sociología. Actualmente, docente de la Universidad de Cuenca.