ARGENTINA: EL  MODELO EXTRACTIVISTA EN ELECIONES PRESIDENCIALES

El investigador Horacio Machado participó como panelista en la presentación del libro "¿Cómo se sostiene la vida en América Latina?” Feminismos y re-existencias”, en la ciudad de Quito. Foto: archivo/video Voces en el Fénix

Este 27 de octubre de 2019 se llevará a cabo las elecciones presidenciales de Argentina que tiene en pugna al presidente Mauricio Macri y al peronista Alberto Fernández, que lleva en su papeleta a Cristina Fernández de Kirchner como vicepresidenta, y con una abrumadora victoria en las primarias del 11 de agosto, se perfila como el próximo presidente del país.

Para analizar el contexto de Argentina, en relación al modelo extractivista y su relación con los partidos políticos del país, conversamos con Horacio Machado Aráoz, investigador de Ecología Política del Sur (Conicet CITCA-UNCA) y director del Doctorado en Ciencias Humanas de la Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Catamarca.

Entre Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri no parece existir una oferta distinta en términos de cómo salir de la dependencia de las exportaciones de recursos naturales.

Efectivamente es así, esa matriz extractivista es algo que atraviesa las fronteras ideológicas de derecha e izquierda.  Los partidos políticos que están dentro de la disputa por el control de la gestión de la política del Estado, no muestran prácticamente ninguna diferencia.

Estamos en una situación que se convierte en un movimiento de pinzas.  La nueva derecha y la vieja izquierda siguen siendo profundamente del siglo pasado, en el sentido de que no han incorporado a sus agendas políticas la cuestión esencial de la crisis ecológica. Es como si viviéramos todavía en el Siglo XIX y no en el siglo XXI, lo que es peor para nosotros los países periféricos dependientes, porque la cuestión del extractivismo no es solamente un problema ambiental, es un problema económico y es un problema político.

Problema económico en el sentido que una matriz extractivista implica un patrón oligárquico de control de los bienes territoriales de la tierra y de todos los bienes naturales, esa es la base de una estructura de clase profundamente desigual.

Y es global, porque el extractivismo, como decimos, no es un solo problema de América Latina, forma parte de un dispositivo geo-metabólico del capital. El capitalismo necesita una dinámica creciente de extracción de materia prima para alimentar la voracidad del aparato urbano industrial de un sistema de crecimiento que es la única forma de extracción de plusvalía; pero nosotros somos los que estamos aportando los bienes no renovables y los que estamos soportando los mayores costos socio-ambientales.

¿Cuáles son las opciones disponibles dentro de Argentina, que va en contra del extractivismo?

En términos políticos electorales no hay muchas alternativas, si nosotros ampliamos la mirada de la política más allá de la competencia electoral, se puede observar movimientos que están presionando por visibilizar los impactos socio ambientales, económicos y políticos.

De este modo, hay un movimiento muy grande que está denunciando fuertemente los impactos del modelo agro-negocio, es un modelo ultra tóxico, pero también tiene otras implicaciones económicas como la concentración y desgaste de la tierra. También existen resistencias a la minería y a la expansión fracking. Se tratan de expresiones políticas no partidarias, cuya forma de intervención en la política institucional ha sido a través de la presión social.

Quizá el caso más emblemático está relacionado con el modelo de agro negocio, donde hay un frente de batalla conformado por gente de pueblos fumigados por agro tóxicos. Su batalla  avanza por dos vías: una legislativa, buscando introducir legislación que delimita áreas dentro de las cuales no se puede fumigar y dos, la veta judicial, que abarca los juicios relacionados con áreas donde se ha provocado problemas sanitarios gravísimos. El caso más emblemático es él de la ciudad de Córdova donde una empresa fumigadora fue hallado culpable de provocar daños a la salud de habitantes urbanos de la ciudad.

También se ve en la disputa sobre el modelo minero, un movimiento social que ha presionado por legislación que prohíbe la minería; a nivel provincial hay siete provincias que tienen prohibida la minería y en el año 2010 se logró una Ley de Presupuestos Mínimos de Protección de Áreas  Glaciales y Peri Glaciales, que logró impedir la minería en esas áreas.

¿Estos movimientos tienen influencia política directa, es decir dentro de los partidos políticos?

Unos opinan que si no se hacen partidos y no se hacen presentes en las elecciones, es como estar fuera de la política, pero yo creo que esa es una mirada un poco reduccionista. El movimiento social avanza por ese lado, uno puede decir que es un poco limitado, a nosotros nos encantaría efectivamente que haya partidos políticos y candidatos que vean están problemática, pero no es el caso.

¿Por qué resisten tanto los dos bandos, el peronismo y el macrismo, por qué no tienen impacto en sus políticas?

Creo que es necesario dar la discusión dentro de los autores que se dicen de izquierda, que adscriben el pensamiento de izquierda, porque hoy en el Siglo XXI no se puede pensar en un modelo de justicia social que no tenga en cuenta la sustentabilidad. Eso por un lado, por el otro, nosotros hemos visto y he vivido a lo largo de la historia económica de América Latina y de nuestro país, que las cotizaciones de las materias primas son muy volátiles, a lo largo de la historia hay siclos de altos precios y después de profundas depreciaciones, pero en el marco de todo eso, se profundiza la dependencia respecto al mercado mundial.

¿Hay cómo salir del Orden Mundial?

Hay dos cosas. En la década de los 70, un economista egipcio que falleció hace poco, Samir Amin, hablaba de su tesis de desengancho y desarticulación respecto a los engranajes; creo que (estamos hablando hace 50 años)  hoy amerita reconsiderar y complejizar un poco el tema.

La otra estrategia es que algunos ideólogos de la izquierda oficialista plantearon que reconocían que el extractivismo estaba mal, pero decían teníamos que hacer extractivismo para salir del extractivismo: lo dijo Rafael Correa en Ecuador y Álvaro García en Bolivia. Pero estamos hablando de una contradicción en sus propios términos; es como que nos va enterrando en un terreno en el que se hace cada vez más difícil salir. Creo que acá en Ecuador la experiencia de durante la Asamblea Constituyente, cuando hablaron de un plan de transición, fue lo más interesante. Y pienso que nuestras sociedades podrían aspirar más a construir planes democráticas, de planificación de una salida progresiva de este modelo extractivista.

En Argentina, por ejemplo,  no se puede decir que de la noche a la mañana ya no sembramos más soya transgénica,  se tiene que hacer un proceso planificado, pero alternativas realmente hay, y  tienen que ver con economías que están siendo afectadas o desplazadas. Es un tema de rentabilidad y la rentabilidad de grandes empresas no es una cuestión de ecuaciones económicas, es un tema de ecuaciones de cuotas de poder. Se trata de construir poder social para poder transformar esa matriz productiva.

Parece evidente que tanto Mauricio Macri como Lenín Moreno, y casi todos en América Latina no tienen interés de salir del Orden Mundial. Antes había un interés o movimiento hacia la independencia, un enfoque más hacia el Sur,  como por ejemplo la Unasur. ¿Si Cristina gana, crees que podría haber una nueva ola de interés regional y desenganche?

El Peronismo muchas veces, e históricamente, concentra grupos fuertemente contradictorios, desde la derecha hasta la izquierda; es caracterizado por una tendencia pragmática súper fuerte, y  las condiciones en las que se van a unir son sumamente adversas. Por otro lado, uno de los matices de la coyuntura es que el gobierno de Mauricio Macri es obscenamente pro norteamericano: no le interesa en absoluto ningún tipo de política de independencia.

Dicho esto vale decir que lo que se buscó y se procuró construir durante la ola progresista en términos de una integración latinoamericana que genere márgenes de autonomía, fue una muy buena orientación estratégica, en muchos casos quedó en la expresión de deseos. Estuvo impulsada de una manera muy asimétrica; creo que el comandante Hugo Chávez fue el principal impulsor, y que Argentina y Brasil tuvieron un apoyo relativo bajo.

En mi opinión hubo más retórica que construcción práctica de una integración, porque esa integración tuviera que pensar en cómo articular matrices productivas, la verdad es que en términos de  comercio intrarregional, en términos de ganar autonomía para tener políticas conjuntas no solamente para los Estados, sino para las grandes empresas transnacionales, nada de eso hubo.

En todos lados hubo una retórica antimperialista, que era bastante superficial, porque se decía el imperialismo es Estados Unidos, mientras tanto se hicieron alianzas que generaron relaciones de independencia con China, pero también se dio vía libre a grandes transnacionales que son las que controlan los modelos extractivistas, la minería, los hidrocarburos, los agro negocios, todos bajo el control tecnológico, administrativo y financiero de grandes empresas transnacionales que también producen efectos.

No es que decimos que las transnacionales son malas porque sí, sino porque generan efectos de pendencia económica y política, y esos gobiernos con una retórica tan anti imperialistas se les pasaron, no tuvieron en mira este vínculo con las empresas transnacionales.

*Entrevista por Lalineadefuego