BANCO PICHINCHA A SUS OFENDIDÍSIMOS CLIENTES. Por Hugo el búho

El pasado miércoles, el Banco de Pichincha informó 'inconvenientes' en su sistema. Foto: Mall Jardín

Ante la serie de insultos, improperios, ofensas, agravios, injurias, ultrajes y humillaciones de las que hemos sido víctimas los últimos días, queremos expresar a la ciudadanía lo siguiente:

Ya no es culpa.

Y no es culpa porque lo que en realidad falló es el sistema informático y no el Banco en concreto. Que quede claro que para todos los fines prácticos los clientes son nuestros amigos.

Somos el banco más grande y más solvente del país. Tenemos como accionista mayoritario al popular Fidel Egas, quien no solo es famoso por su dinero sino también por emitir célebres expresiones en Twitter, que quedarán registradas como un verdadero inventario de sabiduría financiera. Ejemplo: “Si no le gusta este banco, vaya a otro, hay 24”.

Para todos los fines prácticos –famosa frase de la ministra del ramo,  del romo o de la rima playera- deseamos informar que no seguiremos aguantando más insultos. Nuestra reputación como banco de primer piso nos obliga a estar a la vanguardia de los procesos financieros, pero no a la vanguardia de los improperios; por lo tanto, es la última vez que respondemos a los clientes de forma enérgica: si no les gusta nuestro banco, vayan a otros, hay 24. Famosa frase de nuestro gurú de la banca, quien no solo es millonario sino también de lo más sensible que hay y que ha habido. Recuerden ustedes como lloró a moco y baba hace algunos años en una entrevista radial cuando se peleaba con otros banqueros. Eso lo convierte en un banquero sui géneris.

Incluso, hasta humano.

Nadie les ha robado nada. Si no pudieron hacer transacciones un par de días, para eso existe el tercero. El tercer día. Los ecuatorianos son campeones de la queja, se nota claramente lo acomplejados que son. Mejor dicho – y a decir de nuestro filósofo de los débitos-, somos un país mediocre, demasiado pequeño, al que el clima y la diversidad le quitan objetivos y dinamismo. Queda claro, entonces, que la falla en el sistema informático del banco no solo se debió a problemas ya conocidos y superados, sino también a la mediocridad de los ecuatorianos que no supieron anticiparse a cualquier falla pos feriado.

En un país no mediocre jamás ocurriría semejante falta de prevención y hay que tener en cuenta que agosto es un mes conflictivo, no solo por ser verano, sino por la famosa frase: todo el mundo quiere hacer su agosto y si a eso le añadimos el mal clima y los desastres de la diversidad.

Así cualquiera colapsa.

Ahora los clientes se quejan –otra vez- porque se les quiere cobrar 0.45 centavos por cada transacción de la banca móvil y del cajero automático. ¡Habráse visto tamaña barbaridad! En los países civilizados, donde hay buen clima y casi nula diversidad, les cobran hasta el doble. Pero aquí por esa miseria lloran como si fueran una sucursal del yaraví. El valor adicional es con el fin de mejorar nuestros servicios informáticos, para que no pase lo ocurrido hace algunos días.

Además, los clientes deben comprender que si quieren un servicio de calidad deben pagar. No es barato mantener guardado su dinero por meses o años. Todavía que se les hace un favor a pesar de ser gente tan diversa. Hacen un click y ya está. Insertan su tarjeta en el cajero y listo. Todo se les da y más lo que se quejan.

El único que no se queja es el Presidente, él sí tiene sangre de emprendedor y sabe lo complejo que es pensar… en números. Le cayeron solo por decir que los niños desde chiquitos emprenden con vasos y gaseosa en las esquinas. Con esa mentalidad retrógrada lamentamos informar que los ecuatorianos nunca serán banqueros. Deberían escuchar la historia de vida de nuestro gurú, seguro que de pequeño era un pobrecito que vendía chicles en los buses, hasta que se puso un pequeño negocio en una banca del parque y de pronto se le ocurrió que envés de banca puede ser un banco, y ahí nomás emprendió la ruta del éxito.

¡Aprendan!

Sin más por el momento y esperando que sea la última vez que nos vemos obligados a dar explicaciones a tanto ecuatoriano mediocre y fatalmente diverso, nos despedimos de nuestros queridos clientes.

En confianza.