LOS INCENDIOS AMAZÓNICOS Y LA AGROINDUSTRIA

Organizaciones sociales y ambientalistas realizaron plantón en los exteriores de la Embajada de Brasil, en Quito. Foto: Yasunidos

Los múltiples incendios que azotan a la Amazonia y otros biomas como el Chaco y el Pantanal en Brasil, Bolivia y Paraguay son un síntoma de los graves problemas generados por el sistema agrícola-industrial que se ha impuesto en la región de América del Sur. Así lo denunció la organización ambientalista, Acción Ecológica.

Esto, luego que el pasado lunes, 19 de agosto de 2019, parte de los estados de Mato Grosso do Sul y Paraná, así como Sao Paulo, la mayor ciudad del país, fueron afectados por la extensión de una intensa humareda procedente de los incendios y que prácticamente acortó el día debido al oscurecimiento prematuro.

Acción Ecológica, asegura, que la Amazonía brasileña ha sido escenario de incendios de magnitud desde hace muchos años. Por ejemplo, durante el año 2016, que fue especialmente seco, se vivió una gran cantidad de incendios en esa región, aunque en el 2019 no ha habido sequías.

Brasil registró entre enero y las tres primeras semanas de agosto 71 497 focos de incendio, el mayor número para el período en los últimos siete años, y poco más de la mitad de los cuales se reportaron en la Amazonía, la mayor selva tropical del mundo, según datos oficiales divulgados este martes 20 de agosto de 2019.

Para la organización, las razones para que se produzcan estos incendios son complejas y multicausales como es la expansión del agronegocio agravada por el cambio climático, que es una de las causas principales.

“Esta situación ha empeorado con las políticas establecidas por el presidente de Brasil, quien desde su campaña electoral mostró un desconocimiento de las problemáticas ambientales y sociales de la Amazonía – dice Acción Ecológica en su comunicado-. Jair Bolsonaro ha otorgado patentes de corso a los grandes terratenientes y empresarios del sector agropecuario, para transformar la selva en grandes zonas de pastoreo y de plantaciones comerciales tiene. Con el nuevo presidente de Brasil ha aumentado la ocupación ilegal de tierras amazónicas y la deforestación se ha incrementado en un 273%, lo cual permite especular con ellas y venderlas o ampliar la frontera agroindustrial (pastos, palma, soya principalmente)”.

También hay que destacar que dentro de este modelo, la industria ganadera que se ha desarrollado en la zona que ahora arde. La industria de la carne es la responsable del 14% de la deforestación global anual en Brasil, con porcentajes similares en Paraguay. Los reyes de la carne son brasileros, y la empresa JBS-Friboi es la mayor productora y exportadora de carne del mundo, siendo China su principal cliente. Esta empresa controla el 10% de la producción de carne vacuna del mundo. Además de carne porcina, ovina y de pollo, y procesamiento de cueros.

A esta situación hay que sumar los monocultivos de soya transgénica, que obedecen a un modelo diseñado sólo para grandes extensiones de tierra y que, por lo mismo, ha generado acaparamiento de tierras y deforestación en los países donde se han expandido. Tres de estos países enfrentan ahora incendios masivos: Brasil, Bolivia y Paraguay.

El ex ministro de Agricultura, Blairo Maggi, conocido como “el Rey de la soja” y el mayor productor y exportador de la oleaginosa, dijo que temía un boicot a productos brasileños, más no por la destrucción de la selva.

También en Paraguay la deforestación ha venido de la mano de la expansión de la soya transgénica y la ganadería, a lo que se suman procesos de criminalización de las comunidades y organizaciones que defienden sus territorios. Mientras tanto en Bolivia, el gobierno de Evo Morales autorizó aumentar la producción de soya transgénica para biodiésel.

Para denunciar estos actos, cientos de miles de personas en todo el mundo se dieron cita frente a las Embajadas de Brasil, en sus países, para reclamar por la indolencia del gobierno brasilero frente esta catástrofe ambiental que nos afecta a todos.

En el caso del Ecuador, se denunció está situación y se llamó la atención al gobierno ecuatoriano por el avance petrolero sobre el Parque Nacional Yasuní, por la minería en Kimsacocha y Tundayme, en la Cordillera del Cóndor, por la deforestación en el Chocó-Andino ecuatoriano, y por los muchos otros lugares.