¿QUIÉN ES EL TITIRITERO DE RAFAEL CORREA? Por Juan Cuvi

El presidente Rafael Correa junto a Lenín Moreno. Foto: referencial de 2017 de la Presidencia.

El escándalo del arroz verde ratifica una sospecha que rondó el ambiente político desde 2006: Rafael Correa fue un producto electoral hábilmente apuntalado por grupos de poder económico que querían reafirmarse o reposicionarse en función del nuevo esquema de acumulación capitalista que se fraguaba a inicios de siglo.

Luego de las revelaciones de su hermano, Fabricio, a propósito del financiamiento de la primera campaña electoral, la sombra de Odebrecht no dejó de planear sobre el proyecto de Alianza País. Hoy nos damos cuenta de que el pool empresarial que aupó al movimiento verde-flex ha sido más amplio de lo que suponíamos. La lista de los cotizantes de las campañas, sin estar aún completa, ya resulta obscena.

Siempre llamó la atención la facilidad con la que Correa triunfó en las elecciones de 2006 y se mantuvo en el gobierno por diez años. La aquiescencia de los sectores de la derecha y de los viejos poderes fácticos era incompatible con un proyecto que se autoproclamó de izquierda. No estaban derrotados y, sin embargo, permitieron que accediera un gobernante que supuestamente iba a revolucionar la sociedad en beneficio de los pobres.

¿Fue un signo de debilidad de estos grupos o una simple estrategia de control político? Al calor de los resultados finales, se puede concluir que el negocio les salió redondo: el proceso de concentración de riqueza en los mayores grupos económicos del Ecuador ha sido exorbitante. Poco les importó la verborrea radical que se impuso desde el oficialismo.

Algún día se sabrá quiénes idearon, montaron y ejecutaron esta estrategia. Con el nuevo escándalo de los chats de Alexix Mera, se acaban de reactivar las conjeturas sobre los hilos del poder que manipulan a ciertos actores políticos.

La trama de maniobras revelada pone en evidencia a un presidente de la República despistado y a ratos ignorante de las movidas que realizaba su secretario jurídico, a tal extremo que se da el lujo de tratarlo de cojudo por no percatarse de los intereses que estaban en juego detrás de ciertas decisiones.

Era un secreto a voces que los únicos personajes que podían jalarle las orejas a Rafael Correa, más apropiado sería decir “putearle”, para estar a tono con el argot lumpenoso del correísmo utilizado en sus chat, sin caer en la trituradora verbal de los sábados eran Mera y los hermanos Alvarado. Ahora es obvio que más que personas de confianza eran cómplices. No obstante, Mera no tiene ni el perfil ni el poder económico para actuar como titiritero. A lo mucho, es un excelente puente con aquellos sectores con los que se relacionó cuando fue un eficaz mandadero de los socialcristianos. Mera es el clásico operador político de las élites.

¿Quién, entonces, mueve los hilos que hoy por hoy proyectan una imagen casi caricaturesca del caudillo? ¿Quién lo utiliza para construir un escenario que a todas luces abre las puertas a un gobierno frontal de la derecha? ¿Quién lo volverá a colocar en el lugar y el momento precisos para asegurar una agenda todavía desconocida?

*Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum – Cuenca. Ex dirigente de Alfaro Vive Carajo.