APRENDER EL QUICHUA. Por Ileana Almeida

Jóvenes de diferentes y pueblos y nacionalidades indígena comparte su conocimiento en su idioma autóctono. Foto: Inredh

Pocos son los valientes que aprenden el quichua. Todas las lenguas indoeuropeas responden a la misma lógica que el español;  el quichua tiene un razonamiento muy distinto. El primer obstáculo: en la oración el verbo está al final; así, se dice: “En el alto del monte, por la mañana, la paja  y el agua cristalina bajo el sol brillan”.

Luego, el pasado está adelante y el futuro atrás (para desconcierto de todos). El profesor aclara que tales dimensiones no están ni adelante ni atrás, que su localización es una convención cultural y añade que las mismas palabras  se usan para el tiempo y el espacio: Ñaupa Pacha (tiempo pasado, adelante), y Ñaupa Pampa (delante de la pampa).

Ofuscación de todos, menos del estudiante húngaro que lo toma con naturalidad. A estas alturas ya ha habido unas cuantas deserciones y entre los que quedamos surge una inevitable fascinación por un pensamiento tan distinto pero impecable. El profesor explica que hay dos formas de tiempo pasado, una  para expresar que a la persona le ha constado la acción y otra cuando la persona sabe que la acción es pasada, pero que no le consta. (Rishka y Rirka).                                                                                                                                                            Esto no es todo: hay varias formas de expresar el genitivo: con el sufijo Yuk, (pertenencia  inalienable): tukuy llaktaYuk runa: “la comunidad es de todos”; con Pa (pertenencia circunstancial): “warmiPa muski: perfume de mujer”.  También se utiliza la fórmula de dos elementos unidos: rumi chaca: (puente de piedra), sin sufijo. El húngaro dice que en su lengua también es así; él ya conversa con el profesor en quichua (y todos le tenemos  una callada envidia).

Aprendemos que hay un sufijo propio de las lenguas aglutinantes, como el mongol, el turco, el húngaro: Ntin,  que puede significar  compañía, adhesión, solidaridad; que cuando se utiliza con personas, la persona acompañante se omite: ApuchaNtin “el abuelo con su nieto”. Ahora  viene algo más complejo: el gerundio puede tener dos formas, una cuando hay un solo sujeto: “MallquikaShpa juchuta mallquikunaman llaututa kuyman (El árbol grande a los más pequeños les brinda sombra). Puede haber dos sujetos: Kanki waylluyka wañuKPIka ñukapask wañushami (Cuando muera tu amor yo también moriré).

El húngaro se ríe de los chapurreos de los demás (odiamos al húngaro). Y bien, Miky (comida) puede ser nombre, imperativo o infinitivo, según el contexto. Alguien pregunta: ¿cuántos sufijos hay en el quichua? El húngaro contesta: son incontables porque en cualquier momento pueden surgir nuevos sufijos y  todos expresan innumerables matices del pensamiento y los sentimientos. Nadie dice ni piu (no hay en quichua la vocal o).

*Filóloga. Profesora universitaria, investigadora, periodista. Nacida en Ambato, Ecuador. Es autora de varios libros, ensayos y artículos de su especialización. Algunos de sus trabajos han sido publicados en México, Perú, Estonia, España, Alemania.