DE TUMBO EN TUMBO, SE PIERDE EL RUMBO. Por  Geovanny Pangol Altamirano

En el Teatro Benjamín Carrión fue el cierre de la tercera edición del Festival Internacional de Artes Vivas, 2018. Foto: cortesía del Festival.

No nos olvidamos que el Festival de Artes Vivas de Loja, se vendió como la panacea, era el espacio donde todos teníamos la posibilidad de presentarnos, hacían cuentas y ponían la mejor sonrisa, porque nos decían que se iban a invertir unos cuantos millones en cultura.

Dijeron que los que estábamos en contra, queríamos obtener esos recursos para nosotros, porque dizque éramos las “élites” de los artistas; hasta en una sabatina nos dieron como bombo en fiesta y nos declararon enemigos y centralistas. Resultado: el capricho de una persona que miró algo lindo en las Europas, se convirtió en política pública y ahora tenemos una Ley del Festival de Artes Vivas. Una Ley, como que el sector no tuviera otro tipo de necesidades.

Otro de los caprichos, fue un festival en un gran parque; a alguien se le ocurrió que sería maravilloso: “Queremos concentrar ahí todas las artes, que haya música, danza, comida, bocaditos, perritos jugando, todito queremos”. Pasada la novelería y con la llegada de otros administradores, seguro que se está pensando en otra brillante idea.

Y así, llegamos a estos tiempos que no son diferentes. Del mismo creador del Circo Social -no importa que eso haya fracasado – total, sólo fueron algunos dolaritos que se destruyeron en equipos o carpas. (El camino a la cultura, está plagado de buenas intenciones, algo así dice el dicho).

Hoy regresa con ideas recargadas, tan buenas como para que el jefe máximo las aplauda; y como orden es orden y donde manda capitán no manda marinero; nos fuimos con Arte para todos. Una vez más todos los funcionarios aplaudieron, felicitaron y se conmovieron de la sensibilidad del jefe de todos los jefes. Cientos de artistas que no han trabajado, ahora si podrán hacerlo. Esos pobres seres, que de qué también vivirían antes; tendrán por lo menos una chauchita y así les alegraremos los corazones y todos seremos felices, con tanto artista yendo por cada rincón, lograremos cuantificar la alegría.

Todos serán felices y nadie protestará, porque cuando la gente es feliz, es más alhaja; no protesta ni habla de la minería, el Yasuní, la firma con el Fondo Monetario Internacional, los despidos masivos, la falta de presupuestos para la educación, la salud; etc, etc, etc; temas que no les competen, ni entienden.

Como dicen que la esperanza nunca se pierde, esperamos la llegada de un nuevo ministro y comenzaron los diálogos. Las nuevas propuestas, las mismas y renovadas quejas; pero resulta que el señor ministro ya tenía la espada en su cabeza y la advertencia de que no se meta con la maravillosa idea de Arte para todos. Por otro lado, le dieron la libertad para que proponga cualquier cosa y que a su invento le pueda poner el color que quiera; verde no, porque eso no sería correcto. Mejor si es algo que ya se hace en otro lado, algo impulsado por un príncipe o un Duque; algo que suene apetecible, jugoso, que todos queramos chupar, saborear sus delicias. Y así; en Ecuador se comenzó a hablar de la economía naranja. Y el debate empezó y el sector artístico se ve nuevamente en la marea de los caprichos de los funcionarios de turno. Menos mal, que ellos tienen brillantes ideas.

*Artista