ÑUKANCHIK LLAKTA. Por Jaime Chuchuca Serrano

Protestas en San Blas. Manifestantes no pueden ingresar a la Plaza Grande, mientras policías lanzan bombas lacrimógenas.

Aunque la cuestión principal es el paquetazo neoliberal y el Fondo Monetario Internacional (FMI). El Levantamiento de octubre de Ecuador fue como el encender de una mecha. La dinamita se apretujó en años de intimidación, persecución, demagogia, corrupción e indignación por los gobiernos de Correa y Moreno.

Los indígenas, trabajadores, estudiantes, mujeres, campesinos y transportistas se organizaron en cada punto estratégico. En menos de 24 horas se incendió el país. Se construyeron barricadas, retenes y piquetes. La rapidez insólita del movimiento de octubre no tiene parangón en la historia ecuatoriana. La lucha de clases se manifestó en toda su magnitud: a un lado el gobierno y los ricos y, al otro, las organizaciones sociales y los pobres.

Los ya conocidos Chicago Boys: Richard Martínez, Carlos Pérez García y Raúl Ledesma; arman equipo con dos improvisados Pinochets: el ministro de Defensa Oswaldo Jarrín y la ministra de Gobierno María Paula Romo. Mientras los zánganos, como los llamó Moreno, protestan en sus territorios o van a Quito, se despliega un aparataje policíaco y militar de guerra. El estado de excepción, el cambio de la sede de Gobierno a Guayaquil y el toque de queda son medidas completamente desproporcionadas de un gobierno que nació con fraude electoral y que no puede mantenerse más que por la fuerza.

Medios de comunicación como Teleamazonas y Ecuavisa perdieron el sentido del periodismo y cumplieron las órdenes del gobierno fascista de Moreno. Aunque ingresaban la tarde del 7 de octubre diez mil hermanos indígenas a Quito y eran recibidos por un número similar. Para estos medios el movimiento de octubre eran grupos focalizados. La pantomima no pudo durar más, los hechos fueron inocultables: estalló Quito. Se tomaron las calles, la Asamblea Nacional, marcharon democráticamente y Moreno huyó a Guayaquil donde continúa sus nupcias con Nebot, Lasso, Bucaram y el pacto empresarial.

Moreno y su gabinete aparentan una tranquilidad demagógica. Denuncio públicamente que este gobierno ha puesto tanques de guerra contra la población, antimotines contra madres y niños, ha noqueado, herido y atropellado a jóvenes y ha disparado contra adultos mayores.

La primera salida es la renuncia de Moreno y todo su séquito mientras se organiza un gobierno de nuevo tipo que no tenga el pecado original antidemocrático de la decadencia del moreno-correísmo.

*Abogado, licenciado en Filosofía y magíster en Sociología. Actualmente, docente de la Universidad de Cuenca.