TIEMBLEN PENDEJOS, TIEMBLEN.  Por Hugo el búho

Lenín Moreno cambio la sede del Gobierno a Guayaqui. Foto: Secretaría de Comunicación

Telón de fondo negro. De luto. Ya no aparecen ni los símbolos patrios. Parece una foto del Cartel de Sinaloa y sus máximos capos. Solo parece. Parece. Se les nota el miedo en la mirada. Huyeron a Guayaquil a que el Nebot los proteja: ¡Por diosito, Jaime, danos una manito y posada para mi gente! Vos sabes, los indios son cosa seria, no hacen caso, me secuestran militares y hasta me queman tanquetas. ¡Qué miedito!

Tiemblen pendejos, tiemblen.

El alto mando no sabe qué diablos hace ahí. Miran de reojo y con el gesto turbado. Uno de ellos no disimula el espanto ¿o así será la cara? ¿No se supone que deberíamos estar en Quito? ¡Chuta! El Boltaire cruza las manos, pero sus dedos se recogen como signo de tensión. Lee como si todavía fuera presidente, aunque en el fondo está seguro que más parece la última cena. El Ministro Jarrín se pretende un hombre duro, más parece abuelito amargueta con pinta de que ningún hijo lo visita nunca; los nietos deben pagar a sus padres para que no se les acerque. Y el Otto, más sereno, pero con la mirada en el infinito como si el último porro hubiera sido hace cinco minutos.

La foto del terror. No tenemos nada que envidiarles a los jefes de las dictaduras de los años 70. Con ligeras modificaciones de rostro los mismos serían Videla, Pinochet y Ríos Montt. Verán que solo digo que parecen no que son. Claro que lo que es común entre todos es el miedo. Tiemblan de terror. Esas miradas de pánico los delata por más que funjan de actores de carácter. Dos de ellos deben usar pañal en cualquier comparecencia pública, eso es seguro. Y el Otto, mejor pásenle otro porrito.

Tiemblen fachitos.

Los asesores de comunicación les recomendaron un performance distinto: que asuste, que intimide, que perturbe. Descanso, atención, firmes. Con nosotros no se juega… de local. A ver Conaie, vengan a Guayaquil, hechos los machos porque aguantan frío sin miedo. Ya les quiero ver en Guayaquil. Esta debería ser la capital de los ecuatorianos, aquí la gente es más tranquila, les convencieron con eso de ser emprendedores desde niños. El Jaime sabe, las guayaberas suben, Guayaquil independiente, el sueño húmedo de los oligarquitas PSC.

Faltaron en la foto los rupturitas, los tiernos trepadores a cualquier precio. La María Paula y el Juan Sebas wuón, los aprendices de autoritarios. No les invitaron al flash para la posteridad, como que todavía les falta carácter, más mano dura, más jarrines. Ya aprenderán, unos cursitos en los Yuneites esteites o en los israeles de la paz. Ay, los rupturitas, tan dulces, tan aniñados, tan seis por cuatro es veinticinco…

¡Se les hizo así! (la mano se recoge hasta juntar los dedos en señal de que se les hizo así, pues)

Y si no resulta Guayaquil hacemos centro de gobierno en Galápagos, y de última gobernamos desde el exilio junto a Guaidó, para contarle al mundo cómo los correístas están propiciando un golpe de estado con la venia de Maduro y con el apoyo de vándalos, saqueadores y violentos. No es que tengamos miedo, lo que pasa es que Guayaquil es más calientito. En Quito el seso se nos seca con ese frío. No tenemos miedo, nunca jamás.

¡Tiemblen pendejos, tiemblen!