¿GUERRA CONTRA LOS INDIOS? Por Hugo Noboa Cruz

Las mujeres del movimiento indígena encabezan la protesta social en Quito.

Pensaba que el cargo de ministra de Gobierno le quedó grande a María Paula Romo. No, que va, le calza perfecto, está mostrando sus fines dotes de represora. Ya superó a los célebres represores sanguinarios que le precedieron en esas funciones, como Robles Plaza, Jarrín Cahueñas o José Serrano. Ella es más macha, aun con su carita de ángel.

Al parecer, Romo llegó a la culminación de su larga carrera en la que se autodefinió como ruptura política (de los 25), feminista y de izquierda. Todo ese supuesto, ha sido reemplazado por su verdadera vocación: represora a tiempo completo en el ministerio que concentra la violencia estatal y junto a un gorila consumado como Oswaldo Jarrín, que ya días antes alertó: no le provoquen porque él y las FF.AA si saben de tácticas de guerra.

El brutal desalojo de la noche del martes 8 de octubre de 2019 en los parques de El Arbolito y El Ejido, en el Ágora de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, en Quito, revela los alcances de la gestión eficiente de Romo y Jarrín, eficiente para el capital, para que se mantenga la paz de los ricos empresarios, necesaria para seguir saqueando los esquilmados bolsillos del pueblo ecuatoriano… y acumulando.

En la salvaje represión y consecuente huida del pueblo indígena y demás manifestantes apostados en el sector, niños fueron separados de sus madres y padres por los asfixiantes gases usados con saña, y por la arremetida de la caballería y las altisonantes sirenas de las caravanas de motos policiales, que atropellaban por doquier. Los niños estaban aterrados.

A la prensa oficial, a Teleamazonas y Ecuavisa, a El Comercio y El Universo, a 4 Pelagatos y afines, sólo les interesaba constatar que El Arbolito quedó despejado, libre de indios. Y seguramente muchos circunspectos ciudadanos blanco-mestizos de Quito, aplaudirán la medida. No importa el terror y la crisis humanitaria que se produjo.

Felizmente, cuatro universidades, la Central, la Católica, la Politécnica Salesiana y la Politécnica Nacional, declaradas “zonas de paz y de acogida humanitaria” pudieron amparar a los damnificados de la violencia policial. En buena hora por los directivos, estudiantes, profesores y trabajadores de esas universidades. Ojalá otras siguieran su ejemplo.

En su rueda de prensa en la que, junto a Jarrín, la Romo evaluaba la jornada y explicaba los alcances del nuevo decreto ejecutivo represor (888): entre otras falsedades (que debería desmentir, así como observa algún Twitter equivocado de la CEDHU) habla de sólo 27 heridos y no hace referencia a ninguno de los muertos, todos gente del pueblo.

Pero, únicamente los voluntarios que participaron en las brigadas de auxilios médicos en El Arbolito y en el Ágora, refieren haber atendido a cientos de víctimas de la represión, muchos heridos de gravedad, que tuvieron que ser trasladados de urgencia al Hospital Eugenio Espejo y otros centros hospitalarios.

La jornada del 8 de octubre fue tensa y dura. El pueblo indígena, que se trasladó a la capital, sacrificando su paz y tranquilidad por los derechos y el bienestar de todos los ecuatorianos, fue sin duda el protagonista, todavía sin el suficiente apoyo de la población urbana de Quito. Fue también la principal víctima del gobierno, en este momento dictatorial, de Lenin Moreno.

Independientemente de los logros de esta insurrección popular, los pueblos indígenas del Ecuador son ya los triunfadores, por el honor y el sacrificio de su lucha. Una vez más han demostrado que a pesar del colonialismo que los ha sometido por siglos, y los sigue sometiendo, que a pesar de la xenofobia y aporofobia en su propio territorio saqueado por los nuevos dueños: siguen teniendo dignidad y coraje para resistir, aun en las condiciones desiguales que siempre enfrentaron.

Por su lado, la tristemente gloriosa y exitosa jornada de guerra de la ministra Romo, seguramente emula a los rangers bolivianos y sus asesores gringos, que hace 52 años acorralaron y asesinaron al Che y su columna. Que mejor forma de homenajear a los gorilas latinoamericanos de la señora Romo. A lo mejor le premian con vuelos de helicóptero a Miami.