PEQUEÑOS BOLSONAROS”. Por José Luis Bedón

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En los días posteriores a la histórica victoria popular que consiguió la derogatoria del Decreto ejecutivo 883, adoptado por el gobierno de Moreno en atención a la última receta del Fondo Monetario Internacional (FMI), se desata en el país una amarga y peligrosa campaña que la podemos denominar: “Fascismo Neoliberal Mediático”,  representado por los medios masivos: prensa, radio y televisión privados y públicos, por los que se expresa.

Sin recelos, los dueños de los medios privados, directivos, periodistas, reporteros, redactores, conductores de programa, entrevistados, clientes, analistas, comensales y otras hierbas admiten sin empacho y casi por unanimidad, su profunda tristeza y amargura por el resultado de la movilización, que para la mayoría empobrecida concluyó como una victoria popular, con inmenso alivio, satisfacción y júbilo, tras 11 días de impresionante rebeldía, solidaridad y capacidad organizativa que derrotó al FMI, al gobierno y a sus aliados, muy a pesar del terror represivo del Estado que imprimió una violencia no vista desde las dictaduras militares de los 70 y el gobierno socialcristiano del inefable León Febres Cordero.

La campaña, cual operación psicológica de ingeniería social, intenta minimizar, deslegitimar y despreciar, bajo diversos pretextos, giros y matices, la lucha e indignación plebeya que movió amplios sectores sociales organizados y no organizados, pueblos indígenas, campesinos, trabajadores y estudiantes que obligaron a Moreno a desistir de sus hambreadoras medidas, que elevaron en un 123% el precio de los combustibles atándolos a la fluctuación internacional de precios, cuyos elevados costos se reflejarían en todos los productos, servicios, tarifas, impuestos, sobrecargos y especulación que se negó a pagar la gran mayoría de ecuatorianos.

La explosión social que llegó a un clímax potencialmente revolucionario alcanzó el objetivo de la derogatoria la noche del domingo 13 de octubre de 2019, con el saldo lamentable de una decena de muertos, más de 1.400 heridos, un número similar de detenidos y decenas de desaparecidos, según la Defensoría del Pueblo y las organizaciones indígenas.

Los medios masivos privados, no pudieron ocultar su parcialización con las medidas económicas adoptadas por Moreno. Recordemos que el acercamiento entre el gobierno y los grandes medios comenzó el 12 de julio de 2017 en que el gobernante se reunió, a puerta cerrada, con los dueños y directores del diario El Universo, Carlos Pérez Barriga; el director de diario Expreso, Galo Martínez Leisker; el Gerente General de Teleamazonas, Sebastián Corral; el director de El Comercio, Carlos Mantilla; los directivos de RTS, Xavier y Raúl Gómez Amador; el director de Radio Democracia, Gonzalo Rosero; el director de Radio Visión, Diego Oquendo.[1] La anulación del concurso público para la adjudicación de frecuencias por la Agencia de Regulación y Control de las Telecomunicaciones (Arcotel), el 21de septiembre de 2018[2] y las reformas a la Ley de Comunicación aprobadas a gusto de dichos medios el 20 de febrero de 2019[3], sellaron el pacto entre Moreno y los medios privados, que funcionó durante los días de la inédita movilización insurreccional de las clases populares y sigue funcionando después de ella como veremos.

Los medios masivos privados siempre han sido aliados tradicionales de gobiernos conservadores y derechistas. Estructuralmente dentro del Modo de Producción son un eslabón que permite la reproducción del capital mediante la publicidad comercial, encubren la explotación del trabajo y constituyen una eficaz herramienta de ejercicio del poder político, material y simbólico de la sociedad. Así que en sus discursos y relatos  asumen las agendas neoliberal y facha del gobierno de Moreno, que más bien es de las castas oligárquicas empresariales articuladas al capital financiero nacional y transnacional representado, en última instancia, por el FMI y el capitalismo global.

Esta es una primera aproximación a los “pequeño bolsonaros[4]” o los “medio-bolsonaros” del Fascismo Neoliberal Mediático del Ecuador, muy activo en estos días y que impunes abren micrófonos y cámaras, gastan esfuerzos y dinero en manipularnos porque necesitan nuestro consentimiento para sus ingenierías y sus guerras, y que nosotros, la mayoría de las veces, les damos…hasta cuándo?”

Como quien respira por la herida el radiodifusor de la autoproclamada “credibilidad incuestionable”: Gonzalo Rosero, en tono adolorido y en acto de fe neoliberal, un día después de que el pueblo hiciera caer la medidas, el lunes 14 de octubre, ha dicho en sus medios: “nos sentimos muy ofendidos…nos han pateado en el suelo…”. Atribuye a los “chavistas” el protagonismo de la legítima protesta popular de los ecuatorianos y prosigue…“el dolor profundo en los corazones que nunca imaginamos el grado de odiosidad, de desafecto, de irresponsabilidad y de consigna que venían a depositar en esta tierra…” palabras dichas como una incitación al odio xenófobo y racista[5], prohibidos por la Constitución del Ecuador  y que vulneran los artículos 61,66 y 71 de la reformada Ley Comunicación, sobre contenidos discriminatorios, violentos e irrespetuosos con la promoción de los derechos humanos.

Luego de que el rechazo popular hiciera estallar el relato mediático y gubernamental que trataba de imponer la idea de que la eliminación de los subsidios a los combustibles era una medida buena, necesaria, valiente y que no había alternativas para superar la crisis económica del país, los grandes medios privados junto al gobierno y los voceros del fundamentalismo neoliberal están articulando un nuevo relato represivo, racista y xenófobo, de matriz burguesa y neocolonial, cuyo propósito fundamental consiste en promover la violencia del Estado y negar las causas del descontento y la explosión social[6] en ciernes.

La contraofensiva mediática antipopular comienza por el intento de provocar a la irritación urbana, que más bien expresa su propia cólera, de aristocracia citadina, con el “otro”[7], a quien encuentran culpable de haber penetrado su egoísta zona de confort, y a quien responsabilizan por los daños de los bienes y las cosas de la ciudad, como si estos fueran más importantes que los derechos humanos violentados y suprimidos por la brutal represión gubernamental, que a pesar de los muertos y los heridos les parece poca.

En este sentido es ilustrativo escuchar a otro “pequeño Bolsonaro”, Miguel Rivadeneira de radio Quito/Platinum, quien en entrevista al Gnrl. Roque Moreira[8], ex Jefe del Comando Conjunto de las fuerzas armadas, que junto al comandante del Ejército, Javier Pérez, fueron destituidos por el gobierno[9]. En las obsesivas exaltaciones del entrevistador, que a menudo pierde tal condición, subyace un pedido vergonzoso de “echar bala a los revoltosos”. Insiste con cada entrevistado en exaltar la violencia de quienes llama “vándalos” [10] y sin discriminar generaliza la responsabilidad de los  incendios de vehículos y la retención de efectivos militares. Más que preguntar afirmaba y no parecía escuchar ni comprender las razones que exponía el jefe militar en el sentido de que los comandantes acordaron, “de acuerdo a las normas existentes”, dar la orden al personal de que “estaba totalmente prohibido utilizar armas letales”, es decir la orden de no disparar a la población civil, pese a la vigencia del Toque de Queda, el Estado de Excepción, y sin que lo diga Moreira contradecían las órdenes del ministro Jarrín y Moreno[11]. Estaba claro, excepto para Rivadeneira, que la decisión de no disparar de los comandantes Moreira y Pérez precipitó sus respectivas destituciones. En el mismo espacio de entrevistas y ante el mismo entrevistador, minutos antes, el ex canciller, José Ayala Lasso, manifestó que “lo peor que puede hacer un gobierno es amenazar algo y no cumplir con la amenaza (…) se anunció que la fuerza militar estaba dispuesta a usar toda clase de armas a su disposición y simplemente no se disparó ni un tiro”, aunque el ex diplomático trató después de disimular y rectificar lo que dijo…ya se le había ido el tiro[12].

Con similar tono y falta de visión, Diego Oquendo ha dicho, el lunes 21 de octubre, sobre las mingas de limpieza en la ciudad que “eso es Quito” y no el “salvajismo y la barbarie”. Enseguida fustigó a la nueva movilización del FUT y a la Defensoría del Pueblo por investigar las violaciones a los derechos humanos cometidas por el Estado, aduciendo, como es viejo argumento, que la fuerza pública estaba excluida de tales derechos, sin pensar y sin que le importe que es el pueblo el que enfrenta al pueblo y no contra los verdaderos responsables de la crisis socioeconómica.

Con un discurso sobrecargado de odio, los capitostes de la gran prensa ya se adelantan a fustigar las nuevas jornadas de protestas convocadas por el FUT, sin decir ni media palabra sobre los derechos laborales ni la mala fe del gobierno que se burla de los diálogos, pacta con la Fenocin oportunista y el sindicalismo vertical de la CUT organizado por Correa y ahora subordinado a Moreno. Meten con hipocresía en el mismo saco al correísmo, a los trabajadores, a los indígenas y a todos los que participen de la protesta, para desatar un frenesí represivo que ya expone el pretexto de la supuesta  “insurgencia en el Ecuador” y de “estrategias antiterroristas” para contener y desconocer el descontento.

Moreno, Jarrín, Romo y Roldán más bien deberían investigar y explicarle al país la posible incursión de un ejército mercenario norteamericano: “Academi” (antes Blackwater) en el puente de la Unidad Nacional y la población de Durán, en el bloqueo al acceso de la marcha indígena a la ciudad de Guayaquil ordenada por Nebot[13]. Estos ejércitos privados constituidos también por latinos: ecuatorianos, peruanos, colombianos y de otras nacionalidades ofrecen, entre otros, servicios el de “restablecimiento del orden público” y pueden actuar por encima de legislaciones nacionales y convenios internacionales, por lo que se les consideran ilegales[14].

Lo que ocurre es que el neoliberalismo se cae también en Chile, Argentina, Haití, y anticipa lo que puede suceder con todo el continente y el mundo. La intervención extranjera del Fondo Monetario Internacional, que es la verdadera injerencia de gobiernos extranjeros, que con perversa malignidad son capaces de ejecutar, mediante gobernantes indignos, brutales políticas represivas y genocidas en contra de los pueblos en legítima protesta.

Los “chicago boys” de la economía política, del poder mediático y de la propaganda gubernamental precisan disponer de justificaciones para la persecución, la tortura, el encarcelamiento y el asesinato a quienes se resistan a sus atropellos.

Se nutren y cultivan el miedo todos los días en sus medios en ausencia de medios democráticos, ciudadanos, alternativos, comunitarios y populares. Cultivan un falso consenso neoliberal que se les derrumba ante su silencio y ante la presencia masiva en las calles de millones de ciudadanos que los ven y los escuchan sólo para saber que “piensan” los voceros de las clases dominantes. Entienden perfectamente que se trata de la lucha de clases que nunca se fue como intentan negar y caducar sus expertos y académicos. Es el viejo miedo a la revolución del infelizaje[15].

“Necesitamos romper las trampas que nos imponen una “única” forma de vivir (…) Estamos obligados a subvertir algunos términos, conceptos [y relatos] porque de otra manera son trampas que nos mantienen dentro de las mismas redes del poder”[16].

[1] https://bit.ly/36e6IKd

[2] La anulación del concurso, convocado en abril de 2016, profundizó el control monopólico del espectro radioeléctrico por los medios de comunicación privados. A pesar de que se considera que las frecuencias son del Estado y por consiguiente de todos los ecuatorianos y no se puede usufructuar de ellas patrimonialmente, los radiodifusores Oquendo y Rosero, que participaron en el concurso con pocas posibilidades al haber sido por décadas concesionarios y porque supuestamente se privilegiaba la concesión para medios comunitarios, vencieron sus temores y ahora gozan de concesiones automáticas y por 15 años más, si es que no indefinidas. A pesar de vicios y falencias el intento democratizador del espectro radioeléctrico fracasó.

[3] La LOC reformada por la Asamblea y sancionada por el gobierno confirmó el carácter monopólico de los medios privados porque controlan el 56% del espectro radioeléctrico y la ley permite que antiguos concesionarios renueven u obtengan nuevas frecuencias con un puntaje adicional de hasta el 30% por “experiencia acumulada” en procesos “competitivos”, desaparece la figura del linchamiento mediático, el código deontológico por una supuesta autorregulación ética de los medios, la supresión del organismo administrativo de control: la Supercom, la eliminación de la defensoría de audiencias, la inclusión de las universidades y escuelas politécnicas dentro de la definición de medios comunitarios, entre otras “trabas” que impedían el negocio comercial y publicitario de los medios privados.

[4] Alusión comparativa al presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, caracterizado como un ex militar y político de ideología y tendencias fascistas que se traducen en actitudes reaccionarias, fanáticas, racistas, xenófobas y sexistas.

[5] https://bit.ly/2JCY9yN

[6] Que se venía gestando en la injusticia estructural del capitalismo periférico y subordinado del país, los escandalosos niveles de desempleo y subempleo agravados por más de 120 mil nuevos despedidos sólo en Quito, la competencia migratoria regional, el acelerado empobrecimiento de las clases trabajadoras, la corrupción y la impunidad y el temor al encarecimiento de la vida con nuevos tributos, entre otros.

[7] Cólera con el “Otro” que se manifiesta como rechazo de su diferencia. El “Otro” como opuesto al “Yo”, el que es diferente en oposición a semejante, el que niega la identidad propia, “nuestra” mismicidad, el otro como contrario, distinto, no próximo, el otro como “ellos”.

[8] https://bit.ly/2N4eyi5

[9] Estas destituciones de los más altos mandos militares a pocas horas de que se suspendiera la movilización popular arrojan la duda de que los nuevos comandantes Luis Lara y Luis Altamirano si estuvieran dispuestos a hacer un uso letal de las armas en una próxima protesta social como continua amenazando el Ministro de defensa, Oswaldo Jarrín, quien denunció la supuesta presencia de “insurgencia” en el Ecuador contra la que preparan una “estrategia antiterrorista”.

[10] Siguiendo la violencia supremacista no solo verbal del ex alcalde Nebot que segregó a los pueblos indios al decir que “no deben salir de los páramos”, y las amenazas del uso letal de la fuerza del ministro Oswaldo Jarrín, casi no hay comunicador/a, en estos días, que no haya llamado: “vándalos, criminales, delincuentes, asesinos, terroristas” a quienes participaron en las manifestaciones de protesta, denunciando su parcialización y su falta de profesionalismo que se anticipa a lo que debería determinar la justicia.

[11] La promesa sobre el uso de armas letales en las protestas corresponden al ministro Jarrín, el 7 de octubre en Teleamazonas, en que dice que “hay que diferenciar la rebelión y los atentados terroristas” y anuncia que en respuesta a estos actos “no estamos hablando de armas no letales, se utilizará toda la fuerza en sus reales términos, de ser necesario”.  Ver en:  https://bit.ly/34eOOFb  https://bit.ly/2NnxdUO

[12] https://bit.ly/2JvGKbl

[13] Existen cantidad de videos y fotos de redes y medios de comunicación de estas fuerzas de seguridad sospechosas que exhibían uniformes ligeramente distintos de las fuerzas militares ecuatorianas si es que no estaban disfrazadas. Lo más llamativo eran sus cascos, chalecos y botas.  https://bit.ly/36njAgX

[14] https://bit.ly/334NBA4

[15] Término acuñado por el escritor mexicano, Carlos Monsiváis, con el que definía a los pobres, la plebe, los indios.

[16] Textos tomados de Ana Esther Ceceña, economista mexicana experta en geopolítica.