EVO Y LOS DOS GOLPES. Por Jaime Chuchuca Serrano

Evo Morales fue presidente de Bolivia desde 22 de enero de 2006 hasta el 10 de noviembre de 2019. Foto: Página 12

Evo Morales se precipitó del Palacio Quemado por la fuerza del levantamiento popular. El presunto fraude (de similares características al de Moreno en Ecuador) se exhibió ante la población como el intento de continuar en el gobierno de facto.

Primero apareció el resultado de 45,71% para el oficialismo y  37,84 para Mesa, con el 90% escrutado. Después de dos días, el TSE señaló que Morales ganaba con 47,06% sobre 36,52%; superando el 10% constitucional para no ir a segunda vuelta. El informe de la OEA demostrando irregularidades echó leña al fuego y se produjo el segundo golpe: la policía se amotinó y los jefes militares le “sugirieron” renuncie. Evo tenía que cumplir su legítimo mandato hasta enero de 2020; hoy está asilado en México.

Morales goza de gran apoyo popular y números macroeconómicos envidiables para la región: crecimiento del PIB promedio de 4,9% en 14 años, deuda externa del 23%, significativa reducción de la pobreza e inversión en salud y educación sobre el 6% del PIB.

La otra cara de Morales: acuerdos oscuros con el empresariado y la oligarquía. Varias leyes y enormes contratos estatales fueron dedicados a la burguesía. El mismo Camacho (fascistoide y religioso) fue aliado temporal en el Comité Cívico de Santa Cruz. Sin embargo, en el contexto del apoyo a los capitalistas, Morales usó el mayor autoritarismo (parecido al de Correa), para dividir, perseguir y reprimir a varias organizaciones populares.

La Central Obrera Boliviana, Adepcoca, organizaciones de estudiantes, docentes, Mujeres Creando se habían volcado, meses antes de las elecciones, a la oposición; contra un gobierno de retórica izquierdista, pero con profundos planes extractivistas (como TIPNIS) y acercamientos neoliberales para el futuro. En febrero de 2016, la mayoría de los bolivianos le dijeron No a la reelección, pero Morales continuó. Incluso la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), cercana a Evo, le pidió no continuar. El levantamiento popular, la crisis política del masismo, y el golpe fascista de Camacho, Mesa, los militares y EE.UU, parten del desenlace.

El pueblo boliviano en uso de su independencia y legítimos derechos de soberanía y autodeterminación tiene que encontrar una alternativa popular para enfrentar la crisis del masismo mesiánico de Morales y al golpismo fascista que los ha llevado a una guerra civil.

*Abogado, licenciado en Filosofía y magíster en Sociología. Actualmente, docente de la Universidad de Cuenca