LATINOAMÉRICA. Por Francisco Escandón Guevara

Protestas en Argentina. Foto: Reuters

Luego de más de una década de vigencia de los gobiernos autoproclamados progresistas, parecía que en Latinoamérica el péndulo electoral cambiaba de orilla al imponerse las fuerzas políticas neoliberales en la dirección de la administración pública.

Ese comportamiento de los votantes de la región fue consecuencia del rechazo a la corrupción, al despilfarro y la prepotencia, pero además exhibió la debilidad de otras fuerzas distintas a los neoliberales, pues ellos lograron naturalizarse como la sucesión de los regímenes progresistas.

Al pasar de los años, el recambio oligárquico de Kirchner por Macri en Argentina, de Dilma (Lula)  por Bolsonaro en Brasil, de Bachelet por Piñera en Chile, de Correa por Moreno en Ecuador, entre otros, resume la frustración de la falsa promesa de cambio y la continuidad del modelo de acumulación capitalista que hace de Latinoamérica el continente más desigual del mundo, pues en estas latitudes el 10% de la población más rica concentra el 71% de la riqueza.

Es evidente, el progresismo y el neoliberalismo no son contrarios, ni contradictorios, sino se tratan de proyectos políticos paralelos y congruentes que benefician a monopolios y transnacionales.

Estas semejanzas de fondo no deben ocultar las diferencias de forma que existen. Entre ellas, quizás la más importante es la renegociación de la dependencia neocolonial: mientras unos prefieren el sometimiento de las soberanías nacionales a los designios norteamericanos, otros son dóciles a los capitales emergentes de China y Rusia.

La suma de esas principales razones desencadenaron las masivas protestas en diversos países de la región. Los triunfantes levantamientos populares sucedidos, durante el último trimestre de este año, se desarrollaron en oposición a la desigualdad social, a los modelos económicos imperantes y a la progresiva represión estatal.

En adelante, la potencialidad liberadora del movimiento social y popular latinoamericano, su futuro, para constituirse en gobierno y poder dependerá de superar la falsa dicotomía entre progresistas y neoliberales para erigirse como alternativa electoral independiente de las élites.

En el Ecuador ese podría ser el caso del Parlamento de los Pueblos. La unidad de los protagonistas del Levantamiento es la clave.

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