NUEVAS MASCULINIDADES: DEL SER AL HACER DE PADRES. Por Andrés Gómez

En el Ecuador, el 77% del cuidado de los niños recae sobre la madre. Los padres dedican a la semana una hora al apoyo de las tareas y 2,6 de horas al cuidado de los niños. Foto: Pixabay

En los últimos años se ha empezado hacer un cuestionamiento sobre el rol masculino y es justamente porque vivimos en sociedades con una fuerte naturalización de un sistema heteronormativo basado en un binomio, hombre- mujer, y que el resultado de este sistema son las sociedades patriarcales, unas más, otras menos, donde las mujeres han sido relegadas a una situación de subordinación y discriminación.

De esa realidad vamos a partir para hablar del hombre patriarcal, empezaremos por dar unas leves definiciones de: patriarcado, sexismo, machismo y por último la masculinidad en la universalidad de la subordinación femenina, en los ámbitos de la sexualidad, afectividad, economía, cultura, lo simbólico, espiritual o religioso, lo político, la intimidad, las relaciones interpersonales en todas las sociedades y en todas las generaciones, lo que demuestra que estamos  ante algo muy profundo e históricamente enraizado.

Pero qué es el patriarcado, es una ideología, una forma de organización política, económica, religiosa y social basada en la idea de autoridad y liderazgo del varón, en la que se da el predominio de los hombres sobre las mujeres. A los hombres una  orden social nos ubica desde que nacemos en una especie de vehículo hegemónico de masculinidad.

Para poder mantener esta subordinación de la mujer y darle una explicación definamos también al sexismo, desde la mirada de Victoria Sau, como un conjunto de todos y cada uno de los métodos empleados en el seno del patriarcado para poder mantener en situación de inferioridad, subordinación y explotación al sexo dominado . Uno de los métodos empleados son las creencias, que se manifiestan y reproducen en las prácticas sociales llamadas sexistas, si son institucionales; o machistas si son interpersonales, ya sea mediante acciones o bien, mediante discursos que buscan mantener estas relaciones estables e incuestionables.

Hay que preguntarse, entonces quién no ha escuchado en nuestras conversaciones cotidianas por ejemplo:  en la familia, “las mujercitas no deben salir por la noche”; en la universidad, “en la facultad de ingeniería hay más hombres por que los hombres son racionales y las mujeres emocionales”; en el trabajo, “los hombres son fuertes, las mujeres débiles” y así pasaríamos dando ejemplos casi infinitos de estos métodos que permiten la dominación patriarcal, pero que también se van relacionando a otros tipos de subordinación. No solo somos mujeres y hombres en relaciones heterosexuales, sino sujetos en sistemas clasistas y racistas.

Por último para poder definir y cuestionar la masculinidad patriarcal debemos definir al machismo, que no es más que esa constitución de actos físicos o verbales por medio de los cuales se manifiesta de forma vulgar y poco apropiada el sexismo subyacente de la estructura social, el complejo cruce de estas categorías configura el modelo de hombre masculino patriarcal. Aparecen estereotipos sociales en los que la debilidad masculina no se dirige con facilidad.

El mensaje cultural para el hombre incluye: el no fracasar, evitar estar solo y ejecutar el papel de héroe. Esto  lo restringe y lo limita, aunque esté en condiciones de privilegio.Asimismo no es muy evidente que la ideología patriarcal también afecte a los hombres, pero si lo hace. Desde su infancia, los padres ignoran que no solo son personas al cuidado de sus hijos, también son esos profesores que activamente van educando y socializando los roles de género en sus hijos.

En el caso de la educación con los niños, a ellos desde temprana edad se les educa para que eliminen sus emociones e incluso se les inculca que su masculinidad depende casi exclusivamente de ello.  En la operacionalización del sistema género se da una jerarquización de la dicotomía: cultura y naturaleza, es decir, como se van creando las identidades de género que son opuestas entre sí. Por ejemplo, a los hombres se les ha asignado la categoría de racional y a la mujer lo sensible; al hombre se le caracteriza por ser fuerte a la mujer débil;  al hombre se le ha dado el rol de ocupar el espacio público y a la mujer el privado, siendo en este dónde se le otorga además a la mujer el rol de la maternidad única y exclusivamente a ella.

La maternidad ha sido entendida como un elemento fundamental en la esencia femenina. La mujer empieza a cumplir el único rol que es la procreación y garantizar la descendencia de la familia.

En la época del renacimiento conocida también como movimiento cultural de Europa de siglos XV y XVI se discutía las ideas del humanismo y la nueva forma de ver al mundo, donde el hombre es el centro de todo. Es en esa época donde la Iglesia juega un papel importante, desde los discursos moralistas y teológicos que consideraba que la libertad y la sexualidad femenina estaban únicamente dirigidas hacia la maternidad, siendo esta última la que daba valor al sexo femenino.  Así también se va creando en esta dualidad hombre y mujer de la que hablamos y de una jerarquización de géneros y roles.

El lado masculino se va definiendo como oposición a lo que es lo femenino. En lo dicho anteriormente el hombre se va definiendo como ese individuo alejado del cuidado de sus hijos, las propias instituciones patriarcales como la Iglesia, las ciencias médicas, el Estado, cualquier institución de poder antigua o moderna le quitó el rol de hacer de padre.

Y por qué hablar de maternidad y paternidad. En los últimos años el concepto de nuevas masculinidades entra al imaginario de varios hombres pegados al activismo feminista en su mayoría de casos, un nuevo tipo de masculinidad, es decir, ese hombre que puede llorar, que puede cuidar de sus hijos, que cocina, etc. Al asumir la nueva masculinidad como un proceso de humanización se invita a los varones a reconocer y a hacerse cargo del machismo tradicional que han heredado y a explorar toda su potencialidad humana hacia el logro de la equidad entre mujeres y hombres; por lo tanto también el hacerse padre.

El catorce de junio del 2013, el Instituto Ecuatoriano de Estadísticas y Censos (INEC) publicó una infografía en el marco del Día del Padre, cifras que nos permite entender cuantitativamente el poder de esta ideología patriarcal que recae en el cuidado de los niños.

En el Ecuador existen 3.810.548 hogares, de los cuales, 1.961.562 tiene jefatura masculina,  es decir, en 71% de los hogares son jefes de hogar que los padres y tienen hijos que aún viven con ellos. Las personas dirían que estamos bien, que tenemos padres responsables, pero debemos hacer esa diferenciación entre el rol de ´jefe de hogar´ que en la construcción de las sociedades modernas se fue formando la identidad a ese rol, un rol de ser el proveedor económicamente y estar desvinculado casi por completo del cuidado de los hijos,, por los tanto de las responsabilidades dentro de los hogares, refiriéndonos a los quehaceres domésticos y ese disfrute de tener que pasar tiempo junto a sus hijos.

En el Ecuador, el 77% del cuidado de los niños recae sobre la madre. Los padres dedican a la semana una hora al apoyo de las tareas y 2,6 de horas al cuidado de los niños. Solo en 7 de cada 100 hogares el papá dedica más tiempo al cuidado de los hijos que la mamá, estas cifras también evidencian las relaciones de poder. Y es que los hombres históricamente tuvieron, tienen y tendrán ese poder de decisión  y de acción, cuanto más poder tiene una persona, más opciones se abren para esa ella, quienes tienen menos poder tienen menos opciones y, por lo tanto, son más vulnerables al abuso .

En ese sentido contextoexiste un consenso en reconocer que es imperativo configurar la masculinidad como una categoría política, cuyo núcleo es el cuestionamiento de las relaciones de poder dominantes, el desmonte de los privilegios masculinos y la búsqueda de la igualdad sustantiva para mujeres y hombres .

De todo esto se puede dar varios criterios respecto a la masculinidad. Unos, le apostarán a su abolición porque su misma existencia se legítima en esas relaciones de poder de abuso y devaluación a la mujer. Otros, solo harán ciertos cambios en su conducta, tratando de contribuir a eliminar algunas desigualdades y sobre todo invita a pensar, hoy más que nunca, que condiciones serían las justas en el reparto de cuidados de los hijos.

¿Cuál sería la mejor manera para cambiar las atribuciones actuales? Hacer de padres conlleva dejar de comportarse como individuos que disponen de su vida de forma independiente, desvinculado del cuidado de los niños;. conlleva a pensarse como colectividad, comunidad junto a sus hijos, es decir, crear una cultura de corresponsabilidad , en la que los padres se involucren en el cuidado de sus hijos.Es perder el miedo y, empezar a sentir, perder el miedo a la discriminación social que también se da en el contexto de las relaciones de poder, ese miedo ayudará a romper ese etnocentrismo patriarcal de que los hombres no deben y no pueden cuidar de sus hijos. Por lo tanto, se trata de un dejar de ser a un hacer de padres.

* Estudiando Ciencias Políticas en la Universidad Central del Ecuador