TÚPAC AMARU. Por Jaime Chuchuca Serrano

A Túpac le cortaron la lengua. Le amarraron con cuatro caballos sin poder descuartizarlo. . Foto: inkatrailbackpacker.

José Gabriel Condorcanqui Noguera, Túpac Amaru, descendiente directo del Inca de Vilcabamba y de Huayna Cápac, siguió un proceso judicial en la Audiencia de Lima para que lo que reconocieran como tal, sin lograrlo. Perseguido y en defensa de los indígenas organizó la mayor rebelión anticolonial en los Virreinatos del Perú y Río de la Plata en 1780-81.

Los pobladores de la provincia de Tinta, conducidos por Túpac, se rebelaron y dispusieron la horca del corregidor Antonio Juan de Arriaga. Reivindicaron prohibir la extracción minera de Potosí. Túpac decretó la abolición de la esclavitud en 1780, prohibió los impuestos y el trabajo en las minas. Se sublevaron miles de miles en las tierras usurpadas por los europeos, reconquistaron las comunidades, rindieron culto a sus dioses y retomaron el quechua.

Túpac Amaru con sus grandes dotes oratorias se comunicaba en quechua, español y latín. Al mando de miles de guerrilleros se lanzaron al Cuzco. Amaru, el caudillo Inca, contagió su valentía a cuantos le siguieron. Los invasores españoles temblaban por la posible sublevación total y compraron algunos insurrectos. Traicionado por gente cercana, Túpac fue capturado y encadenado por los españoles.

El visitador Areche con falsas promesas intentó convencerle de entregar a los cómplices de la rebelión. En el calabozo Amaru rebatió: “Aquí no hay más cómplice que tú y yo; tu por opresor y yo por libertador, ambos merecemos la muerte”.

Túpac, esposa, hijos y los rebeldes fueron castigados hasta la muerte en la plaza del Wacaypata, el Cuzco. A Túpac le cortaron la lengua. Le amarraron con cuatro caballos sin poder descuartizarlo. Le decapitaron al pie de la horca. La cabeza fue llevada a Tinta, un brazo a Tungasuca y otro a Carabaya; una pierna a Santarosa y otra Livitaca. Quemaron su torso y arrojaron las cenizas al río Watanay. Los otros rebeldes tuvieron igual suerte.

Los españoles ordenaron que se extinga la descendencia de Túpac Amaru hasta el cuarto grado de consanguinidad, y todo el linaje incaico sobreviviente. Reprimieron lo andino y les confinaron al páramo, pero en lugar de morir se convirtieron en los guardianes insurrectos de la naturaleza y el agua. El movimiento emancipador sembrado por Túpac sigue naciendo.

*Abogado, licenciado en Filosofía y magíster en Sociología. Actualmente, docente de la Universidad de Cuenca.