REFORMAS AL CODIGO DE LA DEMOCRACIA. ¿AVANCE O RETROCESO PARA UNA BUENA REPRESENTATIVIDAD? Por Andrés Gómez

El Pleno del Consejo Nacional Electoral se reúne en su sede en Quito. Foto: Flickr CNE

El pasado 3 de diciembre del 2019, el pleno de la Asamblea Nacional aprobó el proyecto de reformas a la Ley Orgánica Electoral y de Organizaciones Políticas, Código de la Democracia, de 120 asambleístas, 113 votaron a favor, 5 abstenciones y 2 votos en contra.

Entre festejos, en su mayoría por representantes parlamentarias mujeres, la aprobación de estas reformas es considerado como un hecho histórico, el grito de victoria se transformó en “mujeres al poder” por que una de las reformas de todo el bloque de enmiendas al Código de la Democracia es que las listas de partidos políticos y movimientos políticos en los próximos comicios  empiecen a implementar de manera progresiva, la representación femenina hasta llegar a un cincuenta por ciento para candidaturas uni y pluripersonales.

Otra de las reformas tiene que ver con el gasto público en comunicación y publicidad, así como también se prohíbe las donaciones anónimas a partidos y movimientos políticos. Esto deberá ser controlado por el Consejo Nacional Electoral (CNE) mediante la elaboración de un reglamento que haga cotejo entre el registro de donantes y el presupuesto de campaña, con el gasto total de esta última.

La devolución del cincuenta por ciento de gastos del Estado a las organizaciones políticas que no superen el cuatro por ciento también es una de las medidas que se encaminan a la lógica de austeridad del gobierno central.

Uno de los temas que generó disenso en la Asamblea fue la implementación del método de Webster para la asignación de escaños y la votación por listas cerradas. El por qué y para qué se intenta cambiar de método en la asignación de escaños es de suma importancia. Analizar el contexto, es decir, el momento que atraviesa el país en relación con el sistema electorales fundamental porque los sistemas electorales a nivel mundial, influyen en la composición política de los parlamentos, la gobernabilidad, el comportamiento electoral de los ciudadanos y hasta en los propios candidatos.

El uso de un sistema mayoritario, en el sentido en el que la primera fuerza política, aunque no tenga la mayoría de votos, tiene altas posibilidades de lograr una mayoría parlamentaria impide de manera drástica el acceso al parlamento a fuerzas minoritarias. En la época correísta se fomentó el voto exclusivamente partidista, no olvidemos el ¨todo todito 35¨en el que se llegó a tener una especie de disciplina al momento de sufragar, esto se debe al método como tal, ya que uno de sus contras es que restringe el poder de selección del elector.

Las consecuencias pueden ser dos y en Ecuador claramente sucedió, la primera una falta de credibilidad y escepticismo de la sociedad a la política  en el sentido que después de diez años de haber elegido por un solo movimiento, independientemente si era o no la mejor opción – eso es otro debate- la gente personalizó la política en un solo líder, el resto de candidatos se invisibilizaron, al electorado le interesó un solo nombre en la papeleta, a tal punto que el ex presidente tenía que sacar licencias para caminar junto a sus candidatos para poder tener mayoría. Esto nos lleva a una marcada serie de falencias en la idoneidad de muchos de sus candidatos, se buscó candidatos no con méritos políticos sino con méritos partidarios, aquellos que financiaban y eran eficientes operadores en el adoctrinamiento de sus afiliados. Consecuencias para muchos superficiales, pero que como ya se dijo marcan el comportamiento de los candidatos y electorado, por lo tanto en la política de toda una nación.

En la distribución de los escaños se utilizó el método D’Hondt para elecciones pluripersonales (asambleístas, concejales, juntas parroquiales, parlamento andino) utilizado en el 2002 por primera vez y retomado en el 2009 precisamente en el auge político representativo del gobierno de Rafael Correa por las altas posibilidades que le daba de alcanzar la mayor cantidad de curules al partido de gobierno.

El método de Webster es más proporcional y el cociente se obtiene al dividir la votación de la lista para 1,3,5,7… esto les da a las minorías la posibilidad de alcanzar una curul en los próximos comicios.

En la actualidad la idea de democracia está basada en esa posibilidad, que mediante el voto que tienen los ciudadanos puedan encontrar una mejor calidad de vida, pero esto ha puesto en una crisis a los partidos políticos, sobre todo de mayorías,  el desprestigio y falta de credibilidad debido a su incapacidad de formar y capacitar sujetos políticos representativos con capacidad moral, técnica y política para la administración pública, sumado a esto una exclusión parcial o total en algunos casos a las organizaciones sociales, comunidades indígenas, etc.

Desentendiéndose de la importancia de estos en la inserción de demandas ciudadanas en las agendas políticas partidistas y por ende en la incidencia de políticas públicas. Hace que una vez mas se debata si el país requiere o no un modelo de sufragio de listas abiertas a cerradas.

Las elecciones abiertas promueven en el ciudadano una mayor credibilidad e interés en conocer a sus candidatos, además, los candidatos tienen que esforzarse más para darse a conocer, aunque se puede caer en acciones clientelares entre votantes y candidato, algo que ya ha pasado en nuestro país.

En este método se puede des-cosificar la elección de los candidatos, no solo por que el candidato se da a conocer si no también por que el elector empieza a tomar decisión de por quien verdaderamente elegir, lo que aumenta la participación del ciudadano y le da mas amplitud a la participación de las fuerzas políticas de minoría.

En cambio, con listas cerradas a pesar de que se simplifica el proceso de votación y conteo de votos trae sus desventajas que son, por ejemplo; que ningún partido obtenga una mayoría de escaños, lo que facilita que se den más alianzas antes de las elecciones entre partidos o ya una vez elegidas para poder aprobar leyes y la mas importante que el elector no pueda tener una preferencia por el candidato sino por la lista, se despersonaliza el voto y por lo tanto el candidato pierde el vínculo con el electorado.

De la representación de los candidatos es un gran avance que las mujeres para el 2025 ya formen parte del cincuenta porciento en las papeletas electorales, pero aquí viene otro cuestionamiento. Si bien es preciso que el soberano confíe a representantes los poderes necesarios para ocuparse de las leyes que han de gobernar.

En nuestro país está muy distanteque el electorado se incline por elegir a las mujeres para gobernar, esto se debe a la profunda inequidad existente en nuestro país en el ámbito socio-económico, socio- político entre hombres y mujeres. En Ecuador, las mujeres tienen un quince por ciento menos de probabilidad de ser electas que los hombres, y que, a mayor población en un municipio, disminuye la proporción de mujeres electas en 0.4%[1].

Esto a pesar que en el artículo 70 de la Constitución de la República del Ecuador orienta a que el desarrollo formal y material conjuntamente con el pleno goce de derechos de todos los ciudadanos se logré alcanzar la igualdad entre mujeres y hombres. Además, de las diversas ratificaciones como la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés) en 1981; y, de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención Belem do Pará), en 1995, la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, cuyo Objetivo 5 se refiere específicamente a la igualdad de género y al empoderamiento de las mujeres, niñas y adolescentes.  Vemos que las brechas de oportunidades son todavía grandes. Será difícil pero no imposible cambiar esa apreciación de “experiencia” en los hombres que permiten que se abarque el poder en la toma de decisiones, subordinando a la mujer en el ámbito de lo político.

La ley ya está, depende de nosotros que después de tantos años de exclusión, la mujer tenga la oportunidad de gobernar, no solo en generar condiciones para que las mujeres participen en política, se debe en épocas de campaña incentivar la participación y elección de mujeres.

De esto podemos decir que el papel de los partidos políticos en fortalecer estos avances, entendiendo que los sistemas electorales tienen una estrecha relación con los sistemas de partidos, que es fundamental, ya que una reforma de este tipo requiere una reflexión más detenida, también requiere del esfuerzo de los partidos y movimientos políticos en mejorar sus mecanismos internos de elección. En el interior de los partidos se debe empezar a debatir como organizar el gobierno, levantar liderazgos probos que nacen de la movilización e integración de todos los ciudadanos, sin exclusión, para de esta forma fortalecer la capacitación y formación política de sus militantes y de la ciudadanía en general.

Cada método tiene sus pros y sus contras y el que prevalezca depende de las circunstancias políticasque permitan avanzar en esa anhelada participación mayoritaria de la sociedad, dotándole de una buena autonomía y capacidad de decisión a los electores, el trabajo de ser responsables al momento de votar  es de todas y todos. Es el ciudadano y la naturaleza el centro de la toma de decisiones, el origen y destino de las políticas públicas.

Estas reformas se las ve con un grado de positivismo por que nos llaman a cuestionar no si deben o no existir partidos o movimientos políticos, sino su funcionamiento como se financian, rendición de cuentas, etc. Sin duda un gran avance para fortalecer las decisiones colectivas y diversas de todo un país.

* Estudiando Ciencias Políticas en la Universidad Central del Ecuador

[1] Participación política de mujeres en el ámbito local en Ecuador. ¿Que explican las disparidades?, Villareal. Andrea, Muñoz Patricia. 2018. Cuestiones económicas vol. 28