LA INSOLENCIA DE JUAN VALANDO OREJÓN. Por Alfredo Pérez Bermúdez

Foto referencial de Pixabay

En días anteriores el articulista, Juan Valdano Orejón, ha escrito un agresivo artículo en diario El Comercio titulado La insolencia del prevalido, en el que como a vos en cuello delata su espíritu segregacionista respecto de un sector de la población a la que llama “turba” indígena, como si aquellos no sobrellevaran sobre su cuerpo social la memoria de sus ancestros, tal cual el señor Valdano guarda el suyo, supongo de los albores de las monarquías luego de la catastrófica caída del imperio romano que incendió con actos de terror la Europa de aquel entonces y también de los siguientes siglos; así de la masonería del  siglo X.

Ha de recordar el Sr. Valdano, tan estudioso como es, que la Iglesia de Roma cumplió su papel transformador de la sociedad europea y que la inquisición no fue sino producto de las ambiciones monetarias de los líderes de la Iglesia frente al auge financiero de la“Guardia privada de Dios” creada por el Vaticano para acrecentar su poderío y los intereses coloniales del cristianismo.

De eso ya ha de ver leído bastante el Sr. Valdano como historiador que es y ha de saber que aquella transformación se hizo a sangre y fuego.

Y me remito a esa época porque fue en aquella cuando se trasladaron las primeras familias castellanas y sus ejércitos a América, llenas de ambición, una vez que Cristobál Colón vino con el símbolo de tales Guardianesen en busca del oro del continente donde el Sr. Valdano vive, revestían sus estructuras arquitectónicas. Ahí, en las iglesias del centro colonial de Quito están escritos sus nombres.

El Sr. Valdano habla de “la barbarie desbordada que hace pocos días fue protagonizada por una turba de indígenas que llegó a Quito y sembró el desorden y la violencia”…. Olvidando que a estas tierras llegaron los inquisidores de aquel siglo enviados por la Iglesia Católica a cristianizar a latigazos al pueblo kituense, en el contexto del programa evangelizador de la colonia por el cual las gentes de estos pueblos fueron convertidos al catolicismo, para reproducir el imaginario cristiano impuesto desde Roma.

¡Que más terrorismo que el ocurrido en aquel entonces y que el Sr. Valdano obvia, cuando se empalizaba a los indígenas como muestrario para quienes se oponían o resistían a entregar sus tierras.

No le ha bastado al Sr. Juan Valdano Orejón, leer Boletín y elegía de las mitas, de César Dávila Andrade, que según varias averiguaciones fue elaborado sobre documentos coloniales reales que constan en los archivos nacionales.

Seguramente, la insolencia del mencionado historiador, es mucho más sostenible que la insolencia de aquellos que en octubre vinieron a Quito a reclamar no solo lo suyo, sino lo nuestro, incluida la comida que se sirve en la mesa día a día el Sr. Valdano.

Se preocupa de “los agravios verbales al presidente y vicepresidente de la República” como si históricamente intelectuales independentistas no lo hicieran, tal cual Juan Montalvo, respecto de un sector del dominio terrateniente en la ya República. En política, hasta la materia compuesta de residuos de alimentos que el organismo elimina por el ano ha sido expuesta en la palestra política por los contertulios de la derecha que el Sr. Valdano defiende, cual guardián privado de aquellos templos higiénicos.

O sea que sí hay precedentes y por lo tanto el Sr. Valdano miente, engaña, aprovechándose de la ola racista fomentada desde los medios de comunicación convencionales en las mañanas, al medio día y en las noches, noticiero tras noticiero.

No, señor Valdano Orejón, no fueron tres mil indígenas quienes vinieron, fueron mucho más a los que se sumaron los indios que bajaron de los barrios de Quito como la comuna de Santa Clara de San Millán, de Atucucho, de Cotocollao o de Carapungo, solo para ponerle unos poquísimos ejemplos; no se diga los que se desplegaron en las comunas rurales y al pie de las carreteras de este Ecuador.

Y sí, vociferaron porque en muchos años de insolencia de los gobierno de turno, no es difícil soltarse un “hijo de puta” y todas la diatribas contra los inquisidores de antes y los de nuevos cuño, como los que el Sr. Valdano defiende.

Tampoco los indígenas de octubre 2019 pisotearon “la bandera de una nación con ánimo ofensivo”. La bandera ha sido pisoteado por los descendientes del Sr. Valdano desde la época republicana, por sectores de la economía y la política dominante que creó una  narrativa de desencuentros, proveyendo el borde del colapso y desaparición del Ecuador; desaparición que ha sido discutida y hasta ensayada en varios eventos políticos antes, durante y después de conformado el Estado republicano, creando una histórica percepción de desconfianza y el sentido de fracaso social, solo cubierto por un oscurantista palimpsesto del cual el Sr. Valdano es uno de sus actores principales.

Dice, el Sr. Valdano: “La grosería, la vulgaridad son muestras de una baja educación, una falta de respeto, comportamiento que habla mal de quien así actúa, pues indica de donde viene”. Pues sí, el Sr. Valdano nos recuerda aquel “ven para mearte” de Jaime Nebot, ex alcalde Guayaquil, cuando diputado de esta República o del cenicero que uno de sus compadres le acertara al ex presidente Jamil Mahaud en el pleno del Congreso Nacional ¿Se acuerdan? o el ver al ex presidente León Febres Cordero exhibir su pistolón en el recinto legislativo. Eso debe ser muy educado y permisible para el Sr. Valdano. ¡Qué vergüenza da este “historiador”!

Agrega en dicho artículo que “el respeto a la persona se ha ido perdiendo en nuestra sociedad. Hemos olvidado aquellos valores que antes se inculcaban en el seno de la familia, que se infundían en la escuela y que se manifestaban en un trato afable y gentil con los demás”. Eso debió ser en la mesa y en la cama del Sr. Valdano porque en el mundo indígena los códigos son otros y eso otro está por descifrarse amparados en la misma Constitución de la República, particularmente en el artículo 385, que considero que la Academia debe dilucidar y poner sobre la mesa de su destino.

El creer que “los indígenas están sometidos a las mismas leyes; (y) deben ser medidos y juzgados con las mismas normas que rigen para cualquier ecuatoriano” es una falacia, una falacia de dimensiones antropológicas de un modernismo que no se halla a sí mismo, pues no se sabe que los códigos comunitarios son otros y la misma Constitución da visos de cierta autonomía de los pueblos y nacionalidades indígenas.

Que invocar una justicia indígena “como ellos pretenden, no cabe; sus normas consuetudinarias son rezagos de épocas bárbaras”. ¡Qué más bárbaro, Sr. Valdano, que entrar con tractores a derrumbar las viviendas de los comuneros sin importar niños, ancianos, mujeres embarazadas, en la zonas orientales para entregárselas a las multinacionales china y canadienses, tal como lo hizo el gobierno de Rafael Correa, en que usted apenas dio un mediocre y débil “pio”.

Habla el Sr. Valdano de derechos humanos, ¡Mísero comentario que es como lanzar la piedra y darse en los dientes, pues olvida que los derechos humanos se violan en este país día a día en el plano educativo, de la salud, de la infraestructura sanitaria, etcétera. No se diga de la represión que en octubre recibieron los indígenas: niños, mujeres, ancianos en los predios de la Casa de la Cultura y en la Universidad Católica y Salesiana de Quito;no se diga de las torturas a los que han sido sometidos los retenidos por la policía. No le gustaría al Sr. Valdano ser uno de ellos o ver que uno de sus hijos o nietos sea uno de los torturados.

Aquí el único insolente y atrevido es el sr. Valdano y sus gratuitos adláteres, incluso de la academia, a quien habría que repetirle sus propias palabras: si quiere que le respeten, respete a los demás, respete a los pueblos y nacionalidades que otrora fueron dueños de estas tierras y que los abuelos consuetudinarios del sr. Valdano asesinaron, que aquí hubo un genocidio del cual el sr. Valdano ahora es beneficiario; su pequeña o gran fortuna está hecha con la sangre de cientos de miles de indígenas, que como los que vinieron en octubre del 2019, reclamaron y reclaman, al menos, una vida digna, aunque ya no sus tierra donde el Sr. Valdano usufrutua con su historicismo depredatorio y anulador de la conciencia.