EL HAMBRE COMO LEY DE ESTADO Y MERCADO.  Por Jaime Chuchuca Serrano

Foto referencial de pixabay

Es recurrente que los economistas neoliberales cuestionen la intervención del Estado en el mercado, aunque históricamente, a decir verdad, los mercados no existirían sin el Estado.

Adam Smith, un optimista completo,  en Riqueza de las Naciones creía que la economía es una ciencia que mira los intereses económicos del “gran cuerpo del pueblo”, en función de la vida nacional, física y moral.

El capitalista está confundido en esa a-personalización del método de Smith. La riqueza es un atributo de las naciones que proviene de las políticas de gobierno. El Estado determina el progreso o el declive de las potencias.

Después de un gran análisis en Comercio y mercado en los Imperios Antiguos, Polanyi sostiene que sólo en la sociedad moderna la economía se volvió independiente de las instituciones sociales para después dominarlas. Las sociedades precapitalistas tendrían la economía incrustada en las relaciones sociales o los fenómenos religiosos. Las sociedades pre modernas tienen un sistema mercantil, pero sólo el capitalismo une todos los mercados en una economía nacional e internacional a través de las instituciones.

De tal modo que el Estado es el demiurgo principal del mercado. De ser así, ¿por qué los Estados y mercados crean hambre en la etapa de mayor producción mundial? Parece que la respuesta está en un economista cercano a Smith.

Ni las leyes de Malthus ni la selección natural de Darwin hubiesen tenido influencia sin el economista Joseph Towsend. Este tomóla idea de Hobbes y defendió la necesidad de un gobierno déspota para someter la sociedad dividida en castas (propietarios y trabajadores). La disciplina más perfecta, dice Towsend, mientras se mantenga la propiedad, es el hambre, la cual obliga a trabajar.

La fuerza para someter al trabajo genera revueltas, violencia y mala voluntad. Mientras que el hambre es un medio de presión “pacífico”, silencioso e incesante. El hambre es el móvil natural para la continuidad, la buena voluntad y la gratitud. Hambre y propiedad son leyes naturales en la sociedad para Towsend. Así, el hambre se convirtió en un fundamento epistemológico para la Ciencia Política y la Economía. El hambre, dice Towsend, causa una disciplina más perfecta que la magistratura. Los gobiernos latinoamericanos se han predispuesto a generar hambre con las políticas neoliberales más perversas.

*Abogado, licenciado en Filosofía y magíster en Sociología. Actualmente, docente de la Universidad de Cuenca.