EL SALARIO DEL 2020. Por Francisco Escandón Guevara

Trabajadores marchan por el 1 de Mayo, 2015. Foto: El Ecuatoriano.

Paralelamente a las celebraciones navideñas y a los deseos de prosperidad, es común que cada año se fije la nueva remuneración básica que en adelante los empresarios cancelarán a los trabajadores.

En los días finales de diciembre, el Consejo Nacional de Trabajo y Salarios establece el valor mínimo de compra y venta de la fuerza de trabajo de los obreros del sector privado. En este 2019, los empresarios pugnan por congelar los sueldos apelando a la reducción de la productividad y a las pérdidas acumuladas por el levantamiento de octubre, mientras que las organizaciones de trabajadores plantean distintas aspiraciones de incremento salarial.

Las centrales sindicales correístas – morenistas (CUT y CTE) exigen $15 y $20 de alza respectivamente, en cambio el histórico Frente Unitario de Trabajadores (FUT) demanda un incremento del 25% en la remuneración básica, para lograr progresivamente la constitucional equivalencia del salario a la canasta básica familiar.

Todo parece, como ya ocurrido en años anteriores, será el gobierno quien tomará la decisión por falta de consenso entre obreros y burgueses. Muy probablemente habrá un ajuste de los salarios no mayor al 0,84% actual, es decir, máximo de $3,30.

De esa forma no se reducirá la pobreza, ni se generará empleo, menos aún se reducirán las desigualdades sociales. Lo que sí se afirma es el slogan del régimen que confesó ser el gobierno de los empresarios, aunque le faltó añadir su sumisión al Fondo Monetario Internacional.

Pero esa dinámica no es exclusiva del gobierno de Lenín Moreno, pues conserva los artilugios aritméticos del correísmo y su demagogia. Básicamente en esta década los salarios del sector privado no se incrementaron, sólo se ajustaron en correspondencia a la inflación anual proyectada, mientras los sueldos de la mayoría de los trabajadores del sector público están congelados.

Así se continúa profundizando la brecha de más de $300 entre la remuneración básica y la canasta familiar. Así perpetúan la esencia del capitalismo: sólo los trabajadores generan riqueza aunque no se beneficien de ella, mientras los grandes empresarios se apropian de todo y el Estado garantiza ese robo.

La sociedad debe ser dirigida por quienes crean la riqueza, los trabajadores para que todo sea repartido equitativamente.

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