ORO, PETRÓLEO Y ALGÚN OTRO REGALO NAVIDEÑO. Por Milagros Aguirre

No hay paquetazo1. Pero habrá que ver el tamaño del regalo navideño del gobierno a los ecuatorianos. Por ahora, este es de oro y sale de la mina Fruta del Norte, que el 8 de diciembre de 2019, hizo su primera exportación.

177,9 toneladas de concentrado de oro salieron desde el puerto de Guayaquil hacia Europa. La mina está ubicada en la provincia de Zamora Chinchipe, en la Amazonía ecuatoriana y está operada por la canadiense Lundin Gold. Algo parece claro: la plata que necesita el Estado vendrá del extractivismo, de la minería a gran escala y de la explotación del Ishpingo (ITT-Yasuní) y de otros bloques petroleros, con todas las consecuencias que ello implica, incluyendo enfrentamientos sociales y descontento popular.

El gobierno exhibe esa primera exportación de oro como un hito y casi con la misma esperanza que cuando brotó petróleo en los años sesenta, salvo porque en las provincias de Zamora Chinchipe y de Morona Santiago, ya se financiaron obras con las regalías anticipadas, es decir, se gastó la plata antes de tenerla en mano.

Según las predicciones del gobierno, el Ispingo generará 10 mil barriles diarios (anunciaban 15 o 18 mil cuando buscaban la Declaratoria de Interés Nacional para explotarlo según datos que publicaba la prensa). Con el petróleo pasa lo mismo: está vendido por anticipado, aunque algo de esa enorme deuda ya se ha renegociado.

El gobierno promociona estas noticias de minería y petróleo como la tabla de salvación para la escuálida economía ecuatoriana. El viceministro de Minas ha dicho en la prensa que “Esperamos que participación del PIB de la actividad minera de este año (2020) sea de 1,72%. Para el 2021, el PIB minero se prevé que sea del 4%, eso lo teníamos planificado y se mantiene” (El Comercio, 26 de noviembre).

Los indígenas reciben la noticia con resistencia. Y otros sectores sociales, con escepticismo. Algunos, hasta como una afrenta a lo ocurrido en octubre, es decir, como la muestra de que no están escuchando su voz: el rechazo al modelo extractivista expresado en las urnas en algunas comunidades indígenas, en las calles; la defensa de sus territorios.

Ni los problemas vividos como consecuencia del maridaje extractivismo/ corrupción ni los argumentos conservacionistas o ambientalistas (incluidos los esgrimidos en las cumbres medioambientales) quitan el pie que ha puesto el gobierno en el acelerador de esa ruta que hace al Ecuador esclavo de la exportación de materia prima, de minerales y de oro negro. Mientras llueva esa plata, que no escampe, parece ser el lema de los gobiernos que rezan para que la inversión extranjera llegue a las minas y a los bloques petroleros.

*Análisis publicado originalmente en CEP. Léalo completo: aquí