WOUNDED KNEE: SÍMBOLO DE LA LUCHA DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS DE NORTEAMÉRICA

Masacre en Wounded Knee.

A yer, 29 de diciembre, se conmemoró  en los EEUU la masacre de Wounded Knee, donde más de 300 hombres, mujeres y niños perdieron la vida en manos del ejército norteamericano.

Entre los eventos de mayor importancia están los Big Foot Memorial Riders (llamado ahora los Future Generation Memorial Riders, O’maka Tokatakiya), un ritual espiritual de empoderamiento y sanación que empezó en 1986 e incluye casi 100 personas cabalgando una distancia de 307 kilómetros en la crudeza del invierno, del 15 al 29 de diciembre, hasta Wounded Knee en South Dakota.

La cabalgata sigue el tramo que tuvieron que recorrer las víctimas bajo el liderazgo de Big Foot mientras familias enteras escapaban de los militares.  (Chief Bigfoot Ride 2019: Cabalgata llega a Wounded Knee, documentado por Juliana Brown Eyes, artista y fotógrafa)

También todos los años, a partir del 2012, los descendientes de la masacre corren en relevos durante tres días para conmemorar esta masacre. Llamada la Carrera de los Sobrevivientes de Wounded Knee (Wounded Knee Survivors Run), esta busca revitalizar y ayudar a la sanación de las nuevas generaciones.

Al final de la carrera, sus integrantes se reúnen para celebrar su cultura e historia, a pesar de la opresión, y compartir testimonios de los sobrevivientes. Ota Au Films de los Cheyenne, han documentado esta carrera donde participan particularmente los jóvenes como un tema de profundización de sus raíces y recuperación de la identidad.

Al sur de Abya Yala, poco sabemos del proceso civilizatorio y asimilación forzada de los pueblos de Norteamérica, una política de Estado de exterminio que comenzó durante la invasión de Inglaterra, continuó durante la fundación de esta república y que tuvo su auge entre 1850-1930.

Fue recién en 1924, por ejemplo, que la Ley de Ciudadanía de los Indios (Indian Citizenship Act) otorgaría finalmente la ciudadanía a los pueblos indígenas en los EEUU. Previa a esa fecha, los indígenas vivían sin garantía alguna de derechos.

Masacre de los Manisses en el fuerte de Block Island

La llegada de los ingleses en septiembre de 1620 ocurrió bajo la misma ideología de los españoles: con biblia y fusil en mano, en pos de la demarcación de un nuevo imperio y el acaparamiento capitalista de las tierras. Solo había un inconveniente: los pueblos originarios. No es posible llamar “batallas” al acto violento de colonización: las primeras masacres documentadas por los mismos ingleses ocurrieron apenas 16 años después contra los pueblos Manisses y Pequot, causando la muerte de más de 400 hombres, mujeres y niños.

Más de 250 años después, el 29 de diciembre de 1890, se repetiría la historia una vez más con la masacre de Wounded Knee (Čhaŋkpé Ópi Wakpála, en Lakota) donde cientos de familias fueron eliminadas, penetrando en la conciencia la construcción de “América del oeste” a costa de la invasión, la expulsión y la persecución de los pueblos indígenas.

Se cuenta que bajo el comando del Coronel James Forsyth, por los menos 400 indígenas se encontraban asediados en Wounded Knee y cuando se escuchó un disparo, los militares empezaron una cruel e inclemente matanza de todos los que allí se encontraban. Los soldados persiguieron y mataron a mujeres y niños que corrieron hasta dos millas más allá del campamento. Los cuerpos fueron abandonados durante tres días, debido a la inclemencia del clima, antes de ser enterrados en fosas comunes.

Lamentablemente, este caso no es aislado sino que más bien atestigua una política de estado de extracción y eliminación de los pueblos. Otras masacres similares están siendo aún documentadas.

La diferencia de Wounded Knee es que para fines del 1800s, varios pueblos indígenas habían logrado cierta integración con el resto de la población y se ocuparon de que esta injusticia no quedara en el olvido.

El primer testimonio vino de Sussette La Flesche (Inshata Theumba o Bright Eyes), hija de Waoowinchtcha, una mujer Ponca y un mercader francés que vivió con los Omaha. Inshata era escritora, activista, periodista y escribió sobre el horror vivido en Wounded Knee para el Omaha World-Herald. Ella y su esposo estaban en Wounded Knee con muchos otros periodistas para documentar las negociaciones entre el ejército y los Sioux Lakota, pero terminaron siendo testigos de la masacre e incluso atendieron a muchos de los heridos en el suelo de una iglesia. En un artículo el 2 de enero, 1891, titulado “Los Horrores de la Guerra” escribió:

Había una mujer sentada en el suelo con un bebé herido en su regazo y cuatro o cinco niños a su alrededor, todos sus nietos. Su padre y su madre fueron asesinados. Había una mujer joven que recibió un disparo en ambos muslos y su muñeca estaba rota. El Sr. Tibbles tuvo que conseguir un par de pinzas para quitarle los anillos… Había un niño pequeño con su garganta aparentemente hecha pedazos. Era un espectáculo horrible, no tenía nada a su alrededor más que una manta, y sus pequeños brazos desnudos y delgados parecían lamentables. Todos tenían hambre…

Sussette La Flesche

Inshata sabía que era la única indígena testigo de lo sucedido desde un punto de vista hasta entonces inexistente: “Soy la única India hablando al público por los Indios a través de la prensa.” Sus artículos fueron clave en mostrar al público en general el horror de lo ocurrido.

En 1901 sobrevivientes de la masacre crearon la  Asociación de Sobrevivientes de Wounded Knee (Wounded Knee Survivors Association) para mantener la historia viva y presionar al Congreso de los EEUU que escuchara testimonios y compesara a las familias económicamente. En 1938 dos sobrevivientes, Dewey Beard y James Pipe on Head, testificaron frente al Congreso y hasta un congresista introdujo una propuesta de ley para la indenminización de familiares, pero no llegó a concretarse.

Ochenta años después de la masacre, Dorris Alexander “Dee” Brown publicaría su libro, Bury My Heart at Wounded Knee (Entierra mi corazón en Wounded Knee) y realiza el primer recuento de la historia del “viejo oeste” de 1860-1890 desde un punto de vista anticolonialista indígena, a través de testimonios de los sobrevivientes de las muchas injusticias vividas. Publicado en 1970, ha sido traducido a 15 lenguas y vendido más de 5 millones de copias. 

Para entonces, el activismo indígena en los EEUU estaba en su auge, quienes empezaron a reclamar derechos, identidad y justicia social. Se cuenta, como parte de este activismo la controversial toma del pueblo Wounded Knee durante 71 días, por el Movimiento Indio Americano (American Indian Movement, AIM) que hizo pública una vez más la opresión de los pueblos indígenas.

Finalmente, 100 años después de la masacre, el Congreso expresó formalmente en 1990 un “profundo arrepentimiento” por el dolor causado a los Sioux Lakota, afirmando por primera vez que se había tratado de una masacre perpetrada por el Estado.

Entre los testimonios se pudo contar con el abogado Mario González, representante del Wounded Knee Survivors Association, quien incluyó en las demandas: una disculpa pública, un monumento oficial para rememorar la masacre y compensación directa a los pueblos. En años recientes, los descendientes de la masacre han logrado reclamar varios artículos que habrían sido robados de los cuerpos congelados en la nieve, pero aún están a la espera que se haga verdadera justicia.

Como comenta David Treuer de la nación Ojibwe, en su reciente libro The Heartbeat of Wounded Knee: Native America from 1890 to the Present (El Latido de Wounded Knee: América Nativa del 1890 al Presente), publicado a principios del 2019:

En la imaginación estadounidense y, como resultado, en su documentación escrita, la masacre de Wounded Knee casi de la noche a la mañana asumió un significado mucho más allá de la gran cantidad de vidas perdidas. Se convirtió en una piedra de toque del sufrimiento indio, un punto de referencia de la brutalidad estadounidense, y un símbolo del fin de la vida india, el fin de la frontera y el comienzo de la América moderna. Wounded Knee, en otras palabras, representa un final y un comienzo …

Las nuevas generaciones buscan redimir a la lucha de los pueblos indígenas y su increíble habilidad por sobrevivir y reclamar el derecho a existir. El comienzo de la resistencia empieza con la creación de nuevas formas de contar la historia.

* Texto publicado originalmente en: Awasqua