CIFRAS Y CINISMO. Por Juan Cuvi

El 8% de la población de Quito se encuentra en desempleo. Foto: Pixabay

Dos estudios reconfirman las causas del estallido de octubre pasado, sobre todo en la ciudad de Quito. En primer lugar, la encuesta del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), que revela una grave situación de pobreza y desempleo en el país.

En Quito se registra, entre otros datos, 40% de informalidad, 12% de pobreza extrema y 8% de desempleo abierto. Más que alarmantes, las cifras son vergonzosas, sobre todo luego de diez años de bonanza económica. Con esos indicadores, resulta obvia la indignación popular frente a las medidas que pretendió tomar el gobierno.

En segundo lugar, el estudio de Carlos Pástor Pazmiño (Los grupos económicos en el Ecuador, editorial La Tierra), que analiza el proceso de concentración de riqueza operado a la sombra de los gobiernos de Alianza País durante los últimos trece años. Nada que no se haya advertido. Lo importante es que el autor lo documenta con pelos y señales: los principales grupos económicos del país consolidaron su posición gracias a la captura del Estado que lograron con los gobiernos de Correa y Moreno. En síntesis, son más ricos y poderosos que antes de 2007.

El modelo fue muy simple: la inversión estatal terminó en los bolsillos de estos grupos gracias a la diversificación de sus actividades económicas. Se acomodaron a las políticas públicas, de tal forma que estuvieron donde el gobierno gastaba. El fenomenal incremento del consumo durante esos años requirió de una oferta que fue cubierta por ellos. En esencia, aplicaron el viejo refrán del gitano: “Dios mío, no me des plata, pero ponme donde haiga”. De esta manera, el capitalismo rentista ecuatoriano permanece intacto. Álvaro Noboa, el derrotado de 2006, continúa siendo el hombre más rico del Ecuador.

Pobreza y concentración de la riqueza son dos caras de la misma moneda como ya se ha estudiado hasta la saciedad. La acumulación de capital implica que alguien pierde. El gasto estatal del correato fue solo un paliativo que calmó las necesidades transitorias de los sectores más vulnerables, como hoy lo confirmamos. Para estos sectores no hay oportunidades económicas, porque el fracaso del cambio de la matriz productiva implicó, entre otras cosas, que el empleo se contrajera a la par que la renta petrolera. El desempleo ha crecido en forma directamente proporcional a la concentración de la riqueza.

Pero ni siquiera esta dramática constatación saca a las élites ecuatorianas de su mezquino ensimismamiento. Los voceros de los empresarios le endilgan al gobierno una responsabilidad que les corresponde precisamente a ellos. Como si nadie supiera que el régimen es un rehén de sus intereses. Exigen iniciativas cortadas a su medida; son incapaces de pensar en el país como una totalidad; quieren perpetuar un modelo que únicamente profundiza la crisis; y, con el más absoluto cinismo, hablan mal de un gobierno (el de Correa) que les favoreció abundantemente.

*Máster en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum – Cuenca. Ex dirigente de Alfaro Vive Carajo.