TSÁCHILAS O COLORADOS. Por Ileana Almeida

Con las semillas del árbol sagrado ellos pintan su cabello. Foto: El Tiempo-Cuenca

Las condiciones de vida para los Tsáchila han sido adversas. Todo ha contribuido para que su territorio ancestral sea mutilado: la “reducción de pueblos” impuesta por los jesuitas, la viruela, la superposición territorial con otros pueblos (niguas y yumbos), la presencia de colonos, las disposiciones de la Reforma Agraria, la construcción de carreteras, la aparición  de la ciudad.

Originalmente su terruño debió colindar con el de los Chachi y ocupar una gran extensión. Es conocido que: “…el gobernador Ramírez Dávalos en 1542 reconoció la autoridad y mando de Cristóbal  Tusasamin (Tu tsa tsa min) el ‘gentil´, sobre las tierras de Sigchos, Niguas y Colorados. El territorio del ´gentil’ abarcaba desde el río Grande Toachi, arriba de Guantoaló,  de allí a Consacoto, y de allí loma abajo con el que pasa por Sigchos y cierra el círculo”.

El hecho de que el nombre del gobernante “gentil” de los colorados Tu tsa Tsa min, sea igual al del poderoso “gentil” de Tu tsa  (Tusa, en San Gabriel,  Carchi)  y que así se llame el lugar de origen de los Chachis y Tsáchila, ubicado en las montañas de Imbabura y denominado Tu tsa  (Pueblo Viejo) podría aludir a  sitios desde donde comenzaron a emigrar los chachi y los Tsáchila hacia la costa. Quizás fue un apelativo genérico para significar “tierra verdadera”.

Los Tsáchila siempre recuerdan que su nombre original es también el de los Chachi. En la ciudad de Santo Domingo hay una escuela que lleva el nombre de Tu tsa Keesha.

Hasta ahora, entre los Tsáchila, la clasificación simbólica dual está vinculada a una visión binaria del mundo: “cuando el sol dejó de alumbrar, la luna también se apagó, no sabía cuándo debía brillar”. Aunque se va perdiendo el pensamiento originario, en las comunidades el principio de dualidad se refleja en la organización social y existen dos autoridades, el poné y el miyá. El uno precede las ceremonias y rituales, el otro  es la autoridad máxima del pueblo.

El sentido de la dualidad se transmite por el código de la planta del achiote. Cuando madura, se aprecia la simetría del fruto, de modo que cada mitad contiene las semillas con que se multiplica esta especie vegetal. Es imposible no apreciar la semejanza que tiene el fruto con los  órganos reproductores masculinos; de ahí que solo los hombres se pinten el pelo con el colorante y que a los niños varones se les unte el cabello desde temprana edad para evitarles  una vida inútil.

La comarca Tsáchila, aunque reducida, guarda la exaltada visión estética de sus habitantes: el aire vibra con el sonido de la marimba y se escucha hablar el tsafiqui, “la verdadera palabra”;  se ensayan las danzas iniciáticas, impresionan los coloridos atuendos y los rostros y cuerpos pintados con achiote; se aspiran las fragancias de los rituales de sanación. La región, afamada por sus shamanes es visitada por ecuatorianos y extranjeros que quieren curarse del estrés rampante en el mundo actual.

*Filóloga. Profesora universitaria, investigadora, periodista. Nacida en Ambato, Ecuador. Es autora de varios libros, ensayos y artículos de su especialización. Algunos de sus trabajos han sido publicados en México, Perú, Estonia, España, Alemania.