BRUTALIDADES EN EL PODER. Por Jaime Chuchuca Serrano

Presentaciones del circo sobre hielo en el país. Foto: Twitter @ottosonnenh

Las brutalidades del poder se repiten en las tragedias y comedias sociales más aberrantes.

Nerón trataba de ocultar sus trapacerías construyendo teatros y promocionando deportes. Con gran inclemencia organizó ejecuciones: terminó asesinando a su madre y hermanastro. Probablemente el propio Nerón habría planificado el incendio de Roma iniciado en el Circo Máximo en el año 64, para liberarse de la oposición política.

Los primeros meses, del imperio de Calígula en Roma, coincidieron con una época de bonanza. Las reformas caligulenses acarrearían vaciarían el tesoro de Roma y generarían la peor hambruna. Como Nerón, Calígula tenía pasión por los circos, en su memoria construyó el Circo de Cayo y Nerón. Terminó sus días creyéndose dios, erigiéndose obras a sí mismo, en medio de perversiones sexuales y nombrando sacerdote a su propio caballo.

Adolf Hitler es la brutalidad en el poder par excellence del Siglo XX. Enarboló un creciente antisemitismo y anticomunismo para organizar el nacionalismo germano alrededor de los terratenientes y junkers autoritarios. Con la economía de guerra llegó a un repunte industrial increíble. En la Segunda Guerra Mundial, al mando de Hitler, los nazis lograron ocupar la mayor parte de Europa, el norte de África e invadieron la Unión Soviética, quienes por fin lograron detenerlos en Stalingrado. Solo en los campos de concentración se asesinaron 11 millones de personas.

La mitomanía y megalomanía permanente de Donald Trump tiene extrañados a los propios estadounidenses. La CNN ha calculado que Trump enuncia a diario 22 mentiras en los medios de comunicación. El discurso de rendición de cuentas fue un completo acto demagógico con las cifras y opiniones más descabelladas e incitando a continuar con acciones bélicas con 2,2 billones de dólares en armamento.

En la representación micro, al gobierno de Lenín Moreno contrata un Circo de 2,4 millones en plena austeridad, gasta 40 millones en armamento y equipo militar; y discursea con gran desparpajo las peores bestialidades: “no se necesitan hospitales y escuelas, porque hay internet”; incoherencias: “Yo les voy a dar una Maestría en Ciencia Política y Empresarial: mami qué será lo que quiere el negro”; estupideces: “a veces, al denunciar el acoso, se ensañan con aquellas personas feas”.

Espero que el pueblo hastiado ponga un alto a las brutalidades del poder.

*Abogado, licenciado en Filosofía y magíster en Sociología. Actualmente, docente de la Universidad de Cuenca.