¿PUEDEN LAS IZQUIERDAS DISPUTAR EL GOBIERNO? Por Sebastián Cevallos

Miles de personas se movilizaron durante los 11 días del paro nacional que se desarrolló en octubre. Foto: Luis Herrera, fotógrafo documentalista de CoopDocs Coperativa Audiovisual

Mucha tinta se ha derramado para desacreditar al movimiento indígena, al movimiento popular, a las izquierdas y a la gran movilización de octubre por parte de los grandes medios de comunicación y el gobierno nacional.

Fakenews, editoriales, reportajes para denostar las lecciones del levantamiento indígena y popular, pareciera que surte el efecto contrario en la gente, pues más del 80% de la población ecuatoriana ve con buenos ojos lo sucedido en los 12 días victoriosos del Paro de Octubre.

Lo cierto es que la sociedad ecuatoriana no es la misma desde octubre 2019, el levantamiento trajo consigo cambios económicos, culturales y políticos que se resumen en un cambio en la relación de fuerzas. La irrupción de lo que algunos analistas denominan el “outsider”, o el reconocimiento de la fuerza de la organización popular traducida en miles de voluntades en las calles y millones de ecuatorianos que vimos como la rebelión puso de cabeza a las élites económicas y políticas del país.

Octubre sin dudarlo alteró todos los planes de las fuerzas políticas. Bajo ningún concepto se puede hablar del futuro en el Ecuador, sin analizar octubre; algunos  como el gobierno intentando posicionar la trasnochada idea del “golpe” sin credibilidad entre sus propios seguidores; otros como los correístas denigrando desde la orilla de que el “golpe” no se consumó.

El Levantamiento indígena y popular cambió el panorama político ecuatoriano. Los pueblos nos reconocimos en medio de una victoria que significó echar abajo el Decreto 883, afirmamos la idea de que esa victoria fue fruto de la organización y la lucha. Una de los elementos más importantes es que logramos poner en un mismo saco a los neoliberales, a las élites y sus partidos, a los grandes empresarios; en otras palabras es una victoria de los de abajo, por sobre los grandes intereses oligárquicos.

¿Y después del levantamiento qué?

La sociedad ecuatoriana no tiene esperanza en que el gobierno mejore las condiciones de vida del país. Las preocupaciones de la población giran en torno al empleo, crisis económica, salarios etc. Las instituciones del Estado ecuatoriano padecen de mala salud, desde el Consejo Nacional Electoral, las fuerzas armadas, los grandes medios de comunicación; hay una crisis institucional. Ante tal situación los pueblos están a la expectativa de un programa que muestre el camino para desarrollar el país por el sendero de la equidad para todos y todas. Abre las puertas para un proyecto transformador de la sociedad ecuatoriana.

En medio de esta crisis económica, institucional, política y de todos los ámbitos de la vida, las distintas tendencias están tomando posición y exponen sus propuestas y referentes, en torno a lo que serán las elecciones 2021 que elegirá un nuevo gobierno y  Asamblea Nacional.

Las propuestas de la derecha tradicional, no logran afirmarse  como una alternativa cierta para el gran electorado, que parece no estar dispuesto a votar por un banquero, representante de la gran oligarquía, beneficiario de la crisis,  que apoyó las medidas económicas fondomonetaristas del régimen de Moreno que tiene el 70% de rechazo. Debe ser por eso que en últimos días ha llamado a un acuerdo con su par social-cristiano, llamado que por ahora ha llegado a oídos sordos. Lo indiscutible, es que las dos derechas tradicionales, han corrido por separado los últimos 12 años, y al menos en primera vuelta no se avizora un acuerdo electoral.

Por otro lado, la candidatura de Nebot, que pretendió mostrarse de “centro”, “progre”, de oposición a las medidas económicas y al Gobierno, salió chamuscada en el paro, por que como dice nuestro pueblo “por la propia boca muere el pez”. Las declaraciones racistas “de devolver al páramo a los indígenas” tuvieron un efecto negativo,  incluido en su propio reducto: Guayaquil, y nos retrotrajo a lo que verdaderamente representa la rancia derecha social cristiana.

Su líder máximo definirá si corre o no en las postrimerías de la elección, lo cual pareciera a estas alturas ser más bien una debilidad que una fortaleza.

Todo hace predecir que la derecha “tradicional” correrá entonces en primera vuelta  dividida, con sus dos líderes atrincherados en un segmento del electorado, con un discurso pro-empresarial, de “emprendimiento”, de apertura a la inversión extranjera, pro-extractivista; es decir, lo mismo, situación  que parece no despertar nuevas adhesiones. Serán las candidaturas del statusquo,  que tienen capacidad de maniobra, que intentarán cooptar a líderes locales para sus propósitos, tendrán a la gran prensa apostando por ellos, contarán con millonarios recursos, para una campaña que ya empezó; aunque no por mucho madrugar amanece más temprano…

La otra derecha, aquella que nació de Alianza País en cualquiera de sus dos versiones (la correísta o la morenista), tiene los niveles más altos de rechazo de la población, la una por la rampante corrupción que es ya histórica para nuestro país, y la otra por la implementación en mayor medida del programa neoliberal que acrecentó el rechazo de la población. Ninguna de ellas podría ganar en segunda vuelta y más allá de estar en el ejercicio del poder, pareciera ser que cada día pierden más capital político otrora acumulado.

El correísmo se debate en la encrucijada de defenderse de los procesos legales y la búsqueda de un abanderado que por ahora y producto del egocentrismo de Correa, no asoma por ninguna parte. Rafael Correa no será candidato, pues las reformas al Código de la Democracia lo prohíben expresamente para los prófugos de la justicia. Existen diferencias que se desarrollan, pues la disputa por suceder al “monarca” internamente parecen ser intestinas, tal cual sucede en las  bandas de mafiosos.

Del otro lado, el morenismo eligió de su portaestandarte a Otto, su vicepresidente actual, con su jefe de campaña Santiago Cuesta, hombre clave para las privatizaciones de los sectores estratégicos. La “ruptura” será quien componga o sea el barniz para una lista 35 País, con niveles de rechazo total en todo el Ecuador. Su estrategia es juntar al centro político tras de sí, bajo la idea de no polarizar a los “extremos”. La tienen Cuesta arriba, pues los niveles de aceptación de Lenin Moreno y las medidas económicas que aunque graduales afectarán a la población ecuatoriana.

¿Es el momento de las izquierdas?

Las izquierdas ecuatorianas son -sin dudarlo-, la fuerza con mayor capacidad de enfrentar y capitalizar el rechazo a las medidas anti-populares, no es el correísmo ni la derecha social-cristiana, sino las izquierdas ecuatorianas que estuvieron en las calles en octubre, que tienen experiencia en el combate al neoliberalismo, que pueden y deben crecer en medio del enfrentamiento a las políticas de ajuste anunciadas por el régimen de Lenin Moreno.

Más del 80% de las y los ecuatorianos respaldamos el levantamiento de octubre, está claro que no todo ese caudal electoral es de izquierda, pero está claro que es un buen punto de partida para avanzar en la articulación que ponga al centro las demandas y los anhelos más altos del levantamiento de octubre.

En este sentido, el Parlamento de los Pueblos, representa un espacio encaminado en esa dirección. Su propuesta económica social y política que irrumpió luego del paro y ha sido recibida con  aceptación  y gana adhesión de los pueblos conforme el debate avanza a todos los territorios del país. Por su puesto, esta propuesta es atacada ferozmente por los Dahik, Acosta Burneo, Spurrier  y compañía, contumaces neoliberales, que confirma su justeza y valía histórica

Las izquierdas que combatimos al correísmo, entendemos como han dicho innumerables ocasiones las y los líderes indígenas y del movimiento social, que la recuperación de la patria, debe venir de la mano de quienes no hemos gobernado el país; que una alianza – para que tenga coherencia – será entre las organizaciones populares, los colectivos, los ecologistas, las organizaciones de mujeres, de un lado y el conjunto de la población que anhela cambios, que votó por el cambio, que cree que otro Ecuador es posible.

Las izquierdas ecuatorianas tenemos experiencias importantes en territorios, donde el proyecto transformador tiene adhesión y éxitos. En varios de esos lugares las izquierdas ganaron en el último proceso electoral, representan la primera o segunda fuerza política; demostró que la gente quiere cambios y voto por ellos, de hecho estos resultados serán una base importante en la disputa  electoral del 2021.

El movimiento social y popular, más allá del ataque feroz por parte de las grandes oligarquías del país, de las intenciones divisionistas del correísmo, de la judicialización emprendida por el gobierno, ha avanzado a unificar sus luchas, asume que puede ser protagonista, ahora en la  disputa electoral, que puede  generar un polo democrático, popular y de izquierda que acoja y le dé perspectiva al gran movimiento de octubre.

¿De qué depende entonces el éxito de las izquierdas en 2021?

De la capacidad que tengamos para entender el momento histórico que vive el Ecuador, las urgencias que demandan mirarnos sin sectarismos, de afirmar nuestra vocación de poder,  disputando en las nuevas y mejores condiciones que la arena electoral presenta. Supone la capacidad de articular un gran frente plurinacional, democrático social y político, que incluya a todos y todas las actores del cambio social.

Tenemos un programa, que es el exhibido por el Parlamento de los Pueblos que recoge en su esencia los postulados de un Ecuador soberano, democrático y equitativo. Las izquierdas asumimos esa construcción pues nació de las calles y en las luchas históricas de las organizaciones sociales y populares. Un programa para 2021 contiene sin duda las reivindicaciones de las mujeres por el aborto y la no violencia; las ecologistas anti-extractivas que movilizan las conciencias juveniles en mayor medida cada día. Recoge una profunda re-distribución de la riqueza partiendo de que los ricos paguen impuestos, y una mayor carga impositiva. Sobre todo las izquierdas son las únicas capaces de aplicar un sistema democrático, que parta de reconocer en la vida diaria la plurinacionalidad, así como la potestad de los pueblos en la toma de decisiones.

Desde Unidad Popular propusimos en días anteriores, la necesidad de reivindicar la historia del movimiento indígena, de reconocer a uno de los protagonistas más importantes de las luchas de octubre, de visibilizar los anhelos de cambio de los de abajo en la candidatura de un representante del movimiento indígena, de sus organizaciones.

Las izquierdas tienen abierto el sendero de la disputa del poder político como pocas veces se presenta en las condiciones en un país. Estamos seguros que la construcción y el devenir hacia una propuesta de país se materializará y haremos realidad la transformación social. Hemos aprendido y lo seguiremos haciendo.

Luego del levantamiento indígena y popular, la correlación de fuerzas afirmó la idea de cambio, de trasformación en el Ecuador. Abrió paso para una corriente democrática y de izquierda que por fuera de alianza país (en cualquiera de sus versiones), dispute el 2021 el gobierno y el legislativo. Las izquierdas -lo afirmamos-, tienen que disputar el poder, seremos protagonistas como lo fuimos en octubre.

*Texto publicado originalmente: aquí