EL SUBLIME OBJETO DEL CARNAVAL ELECTORAL. Por Jaime Chuchuca Serrano

Foto referencial del carnaval en Ecuador de goraymi.com

Días antes, sin agua, ni voto de por medio, se empieza a endulzar el oído. Cruza el dulce de higo electoral del gobierno al Consejo Electoral, de este a la Asamblea Nacional, de la Asamblea regresa
al gobierno; el plato casi enterito: la ley casi sin modificaciones.


Entre CREO, Alianza País y los socialcristianos juegan con carioca, pero no saben si la fiesta la harán medio unidos o cada quien por su lado. Sea como sea, Lenín Moreno parece que hará de prioste con la plata del gobierno.

Como es típico en carnaval, también ocurre en elecciones. El que menos quiere jugar termina mojando a todos. Los periodistas les preguntan: “¿y usted va a ser candidato?”, a lo que responden: “no; solo cumplo con la patria”. El hecho el rogado no solo que termina siendo candidato, sino que lo es a presidente.

No falta el gringo embobado que llega a jugar carnaval y mal que bien hincha los globos como asesor. (Moreno dice que le ha invitado a Donald Trump para carnaval, pero como ni en español se hace entender, se desconoce en que terminó el asunto).

También están los pishquistas electorales, esos que se asoman sin haber puesto ninguna cuota, ni para el puerco, ni el trago, ni la casa, ni el balde, ni nada; únicamente, lo que más vale: la presencia. Frecuentemente, el pishquista electoral tiene muy buenas dotes oratorias y llega justo el día del nombramiento de los candidatos, mejor dicho, cuando se coloca la cuchara en el plato. Quién sabe cómo, convencen al público y se hacen elegir, entre vítores y salmos, candidatos a asambleístas y lo peor es que ganan y con traje robado.

Finalmente, están las fiestas electorales de pueblo, de páramo, de chancleta en calle, de maicena en pelo, de salsa en playa, de agua de río, que sin mucho dinero, ni tanta comida, juegan casi todos. Arman su partidito, su alianza, con chulla chanchito y cuyes prestados del compadre, con el DJ del barrio y el taita carnaval de pelo cenizo y contra todo pronóstico terminan haciéndose de
su curul. ¿Agua o polvo? ¡Sin humor no hay carnaval!

*Abogado, licenciado en Filosofía y magíster en Sociología. Actualmente, docente de la Universidad de Cuenca.