El panóptico de la pandemia. Por Jaime Chuchuca Serrano

Foto referencial de Gerd Altmann/ Pixabay

Ha pasado a la historia el panóptico de Jeremy Bentham. El filósofo inglés ideó una estructura arquitectónica en el siglo XVIII, que estaba construida de tal modo que permitía al guardián de la torre central observar a todos los prisioneros en sus celdas. Estos no podían saber si eran o no vigilados. El saberse observado crea el efecto automático de cumplir con las condiciones del poder.

La estructura necesitaba únicamente de un vigía (piénsese en Zuckerberg). La torre central tenía que convertirse en capilla los domingos para moralizar a los prisioneros. Aunque muchas de las cárceles modernas no se construyeron con los parámetros del panóptico, si lo hicieron muchas fábricas y hospitales.

Según Foucault los andares de la historia moderna tornaron la sociedad disciplinaria basada en la vigilancia y suplicio externo, en la sociedad programada que se autorregula a sí misma. Los mecanismos externos son cambiados por el panóptico de autovigilancia. La revolución informática permite la programación social y el ejercicio del poder sin rostro; el gobierno en las sombras. Si el individuo es su propio vigilante y se autocorrige, el sistema escalonado de vigilantes mantiene el orden social y previene las anomalías.

La imagen –o la dialéctica en suspenso, para usar las palabras de Walter Benjamín– con las cámaras y redes actuales crean una sociedad hipervigilada. Los videos y las transmisiones en vivo se convierten en los modernísimos aparatos del panóptico, aunque también de su denuncia. El panoptismo social actual crea comportamientos globales.

El ser humano disfruta de su libertad, de percibir la luz del sol, la naturaleza, el paso del día y la noche, ejecuta su energía de modo apasionante por el mundo. Aunque se trate como irracional el no quedarse en casa en la época pandémica, tampoco es una condición natural el encarcelamiento mundial que conlleva trastornos y estados de shock.

El poder está experimentando los efectos del Estado policíaco mundial ad hoc, físico y virtual, de dominio coactivo, pero también de consenso autocoactivo, porque se precisa la limitación de la libertad por la sobrevivencia. El panóptico pandémico es el síntoma de la crisis y se destruirá también por ella.

*Abogado, licenciado en Filosofía y magíster en Sociología. Actualmente, docente de la Universidad de Cuenca.