He pecado, padrecito. Me imagino cosas bien feas de este gobierno. Por Hugo el búho

Un hombre se confiesa ante el papa San Francisco. Foto referencial de Internet.

He pecado, padrecito. Le juro, por diosito que es más fuerte que yo. No puedo evitarlo. Siempre que el presidente, su vice y sus ministros aparecen en las noticias y en el Facebook que me abrieron por la cuarentena, algo dentro de mí se vuelve turbulencia. Pecado mortal, padrecito. Le pido a dios que por favor haga el milagrito de desaparecerles, de que el coronavirus los abrace hasta que vean la luz blanca, de que la huesuda les haga alguna emboscada, algo.

Perdóneme, usted que es un santo. Bueno, eso dicen.

Es que no les aguanto, no les soporto, son intragables, me causan gastritis cada que hablan. Perdón padrecito, pero es verdad. ¿Me voy a ir al infierno, no cierto? Pero dígame usted que es sabio, a ver, ¿cómo se hace para sacarme esos malos pensamientos de la cabeza? Ya estoy vieja, viuda y sin esperanzas, pero quiero irme al cielo padrecito, le juro vea. Rece por mí, haga el milagrito para que vuelva al redil y el maligno no me lleve. En mi vida, pero ciertito, en mi vida un gobierno me ha caído tan mal como el que sabemos. Ningún presidente se salva conmigo, a todos les he pensado dentro de un ataúd, a todos, pero este gobierno se lleva el premio al más torpe, corrupto, mediocre y simplón. Y nuestro remedo de presidente anda más bien escondido. ¡Qué desgracia! Y yo que siempre he dicho que el odio es un mal síntoma. Ya no es culpa vea, ando sintomática.

¿Hay perdón para esta pobre vieja, padrecito?

No me vea con esa cara, padrecito. Y no estoy loca. Es sólo un mal pensamiento, bueno uno cada día. Razón tenía mi ex cuando me decía: “no te confíes nunca de ningún gobierno, al principio son hechos los buenitos, pero a la vuelta de la esquina te dan tu estáte quieto. Vas a ver. Y peor con este señorcito de la silla de ruedas. Ya estoy viejo y te juro que se le nota en la mirada que de su silla va a sacar un garrote que no te cuento. Ya vas a ver”. Y cierto fue, padrecito. Ayer, frente a su foto, le dije: viejo sabio eres vos, mejor ni te cuento lo que este gobierno es. Con decirte que prefirieron pagar millones de una deuda y no invertir en la vida de miles. Mejor no te cuento, te vuelves a morir”.

¿Me voy al infierno por imaginar cosas horribles de éstos, padrecito?

Y ahora no solo del gobierno, padrecito, sino de todos los que le apoyan, de todos sus alcahuetes. Con esta pandemia he aprendido a odiar más de la cuenta. ¿Se da cuenta? Ahora detesto a los de las cuentas. Sí, a esos banqueros que tenemos les deseo una suerte de apocalipsis. Perdóneme, padrecito, pero ese Egas, ese Lasso, esos El Juri y otritos más no tienen perdón del cielo. Yo me informo, padrecito, y he leído que estos han ganado millones, y no son capaces de soltar ni un dólar, los muertos no les importa. Ese del Banco Pichincha quiere seguir cobrando intereses. Mercaderes de la vida ¿No será usted capaz de pedirle al altísimo que de llevando? A él y a unos cuantos empresarios miserables que solo piensan en dinero. Que se haga esa chauchita, padrecito.

¿Los poderosos van al cielo, padrecito? No era que “es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos”.

Ya me voy, padrecito. No sé si tenga perdón de dios. ¿Usted qué me aconseja? Diga algo, no se quede como mudo. ¿A usted también les cae mal, no cierto? Ese silencio padrecito, ese silencio me hace pensar que Usted piensa lo mismo que yo. Tranquilo, no se preocupe. Que dios no se va a poner a juzgarnos por malos pensamientos. ¿Está llorando, padrecito? Disculpe vea, no fue mi intención venir a incomodarle. Yo rezaré por Usted para que no se vaya al infierno. Es más, hoy mismo le voy a escribir una carta al altísimo explicándole que ese sentimiento es más fuerte que nosotros, y que lo peor de todo es que somos miles y miles de pecadores. Además, el Papa ya nos perdonó de todo y a todos. No nos va a condenar en masa, padrecito, él es bueno, entenderá, y quién sabe, hasta esté de acuerdo.

¿Me absuelve, padrecito? Gracias vea. Mañana vengo y seguimos conversando. En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo.

*Actor de teatro, narrador oral, periodista free lance, docente universitario e hincha del Aucas; es decir, tiene una eterna vocación para el fracaso.