Nadie entra, nadie sale. Por Juan Cuvi

Comunidades del pueblo Chibuleo y el Gad parroquial de Juan B. Vela fumigan las comunidades de :Chacapungo , San Miguel y Patalo Alto como medida preventiva y de seguridad frente a la emergencia sanitaria nacional del coronavirus. Foto: Facebook Ecuarunari

A tanto llega el impacto de la pandemia que ha logrado opacar lo que hasta hace menos de un mes muchos calificaban como el juicio del siglo o la noticia más importante del período. Pues tendrán que guardar tinta y saliva para otra ocasión. Porque en medio de la catástrofe sanitaria que vive el país, la sentencia por corrupción en contra de un nutrido grupo de empresarios y exfuncionarios del gobierno anterior pasó sin mayores alborotos.

Una vez más se equivocan los correístas obtusos si creen que de la alharaca que armen obtendrán algún beneficio. En su desesperación, no alcanzan a ver que la pandemia pulverizó escenarios y pronósticos políticos por igual. Tendrán que rehacer su estrategia para rearmarse electoralmente, al mismo tiempo que evaden a la justicia.

Hoy no solo que no sabemos hasta cuándo durará la emergencia, sino que ni siquiera nos imaginamos en qué condiciones quedará el Ecuador en los próximos meses. Todo es pura especulación, no se diga la política. La propia reconstrucción del país no estará exenta de una completa imprevisibilidad, como ha sido usual en nuestra atribulada historia.

La intención de generar al caos para pescar a río revuelto tampoco tiene buenas perspectivas, peor aún con la zozobra general que padecemos. Más bien la población busca mínimas certezas para afrontar una crisis inédita y, por lo mismo, indescifrable. Es más, no pocas personas manifiestan una peligrosa inclinación por las salidas autoritarias como alternativa a la ineptitud del gobierno y al desorden ciudadano.

En ese sentido, todas las iniciativas para deshacerse del gobierno quedan descartadas. El ejemplo del paro de octubre está demasiado fresco como para soslayarlo. Lo que sí puede convertirse en una amenaza para la democracia es la progresiva preponderancia de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional en el manejo de la crisis. Una militarización “técnica” del país, que eche mano de innumerables justificaciones pragmáticas, podría encubrir una militarización política de más amplios alcances.

No obstante, hay que insistir en que el rechazo a cualquier intentona golpista o a un eventual tutelaje militar no implica caer en la impasibilidad. El gobierno tiene responsabilidades y obligaciones inexcusables. Como contrapeso, la sociedad debe moverse entre la exigencia y las iniciativas propias.

Por eso la respuesta más interesante a la inoperancia y a la espontaneidad con las que ha reaccionado el Estado ha sido el aislamiento voluntario de varias comunidades indígenas. Nadie entra, nadie sale: el control autónomo del espacio constituye un desafío a la hegemonía de una política que se centra en respuestas únicamente sanitarias a la pandemia. Apuntalarse en una dinámica comunitaria, que incluye acciones como la alimentación y el cuidado colectivos, puede ser una estrategia más coherente para enfrentar la pandemia que la medicalización del proceso. Que lo estén poniendo en práctica en otros países (México, Colombia, Bolivia, Brasil) no es una sorpresa.

*Máster en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum – Cuenca. Ex dirigente de Alfaro Vive Carajo.