La multitud de las mascarillas. Por Jaime Chuchuca Serrano

El uso de mascarillas en Ecuador es obligatorio. Foto referencial de Orna Wachman/ Pixabay

Víctor Hugo fue uno de los primeros en describir a la multitud en Los Miserables y Los trabajadores del Mar. Edgar Alan Poe apreció: “aquel mar tumultuoso de cabezas humanas me llenaba de una emoción deliciosamente nueva”.

La modernidad había concentrado millones de personas en arquitecturas reducidas para la creación capitalista. Friedrich Engels desconcertado apuntaba: “Esta colosal centralización (…) de dos millones y medio de personas en un punto ha centuplicado la fuerza (…) La brutal indiferencia, el aislamiento insensible de cada uno en sus intereses privados resulta más repugnantes y más ofensivos cuanto más apretados están estos individuos en un pequeño espacio”. A Charles Baudelaire, París le parece el “idilio mortuorio”, así lo escribe Walter Benjamín en su texto El París de Baudelaire

Friedrich Hegel cuando llega a París escribe a su esposa: “Voy por la calle y la gente se ve igual que en Berlín; todo el mundo vestido igual, casi las mismas caras. Es el mismo aspecto pero en una masa populosa”.

En nuestros días recrudece la imagen de los hospitales colapsados, las funerarias atestadas, los cementerios concurridos, el desinfectante por doquier, ropaje antiviral y entre ellos un elemento particular: las mascarillas. Mientras las bombas del coronavirus todavía no estallaba en el entrevero latinoamericano, veíamos atónitos a miles de asiáticos desfilando con mascarillas. Después de la alarma mundial, comenzaron en las Américas los toques de queda, los regímenes carcelarios sin comida y sin agua.

Aparte del Estado policial digital y la entrega de recursos millonarios de los Estados asiáticos para salud, las mascarillas se constituyeron en el arma de protección esencial. Varios artículos  detallan que las mascarillas jugaron un rol primordial para detener el coronavirus en estos países. China, Corea del Sur, Japón y Singapur readecuaron sus industrias para crear mascarillas lavables con nanofiltros para la población en general y no solo para el personal sanitario. No obstante, los epicentros actuales del coronavirus, EEUU y Europa, hasta ahora no imponen el uso general de los barbijos.

En países como Ecuador, donde el sistema sanitario está colapsado y la economía completamente estancada, la diferencia entre la vida y la muerte podría estar en que el Estado por lo menos distribuya mascarillas efectivas, pero eso sí, sin sobreprecios.

*Abogado, licenciado en Filosofía y magíster en Sociología. Actualmente, docente de la Universidad de Cuenca.