La vida o la economía. Por César R. Espín León

Imagen referencial de Worldfinance.com

No todo es falso en los comunicados oficiales. En medio de tantas fake news en redes sociales y mentirosos comunicados oficiales, a veces si se puede encontrar en los políticos, verdaderas muestras de honestidad y solidaridad y ponen a disposición todos los medios posibles para remediar el mal que actualmente padecemos y es entonces cuando detallan cómo está sufriendo la economía y anuncian su inmediato salvataje.

Lo que no son fake news y son true and sad news, son que a los viejecitos (como les llaman) se les está dejando ahogarse en casa para que no entren en las estadísticas u obstaculicen en los hospitales. Pero eso si, dejar que una gran compañía muera les causa una pena y les falta el aire. La gente corre por todas partes buscando tanques o respiradores, pero eso si, no hay que dejar que la economía se quede sin oxígeno. Para ella, nunca habrá escasez de respiradores artificiales. Los bancos centrales se encargan de eso. La realidad es innegable y no se necesita de viralizarla para hacerla más real.

Si todavía nos preguntamos del por qué de la falta de la indolencia y canalladas de los políticos y gobernantes y sobre todo sus decretos tan inútiles y contradictorios como: confinarse pero seguir produciendo, cerrar la tienda de barrio pero no grandes supermercados, parar la circulación de las personas pero no las mercancías. Exigir al trabajador aportar “solidariamente” de su salario cuando no hay ningún incentivo y se planea eliminar más subsidios básicos. Confinamiento general en lugar de la detección rápida de sujetos enfermos, entonces la respuesta es simple: ¡Es la economía!

El Estado y sus fieles siervos tal como lo hacen las sectas religiosas, llaman iracundos a la guerra y a la movilización en contra del enemigo invisible, a la unión de los fieles, sus delirios retóricos y demagógicos se vuelven más y más recurrentes y estamos llamados a soportarlos casi a toda hora. Pero lo que realmente se ve es que lejos de condenar la falta de inversión en salud pública, es más bien una oportunidad para ajustar sus presupuestos a su medida. La economía, ya sea dirigida o desregulada, liberal o marxista; es de hecho una enfermedad que nos proponen como una medicina para el alma y el cuerpo, tal como lo ha hecho la religión. Los predicadores y líderes de la religión económica deben ser tratados como lo que son: unos charlatanes y pérfidos estafadores de esa religión estatal y merecieran ser sentenciados a una condena infernal.

Los estados de excepción y toques de queda decretados en todas partes, la extensión del control del Estado por sus fuerzas de control y represión, el descontrol de la explotación, la decisión todopoderosa y arrogante de a quién se deja vivir y a quién se deja morir. Todo esto no hace más que preparar el terreno para una cruenta “vuelta a la normalidad”, no sin antes, haber salvado al tótem económico.

Si fuera por los gobernantes siempre nos quedaríamos confinados para no poner en riesgo al Estado y su sacrosanta economía y por eso harán todo lo posible para evitar que llegue el día en que todos salgamos, despertemos y organizadamente luchemos para desatarnos de todos esos virus malignos que deambulan por ahí queriendo aniquilarnos y controlarnos.

Todo está en nuestras manos, en decidir cuándo y en qué condiciones saldremos. Que para salir de esto no nos impongan recetas técnicas y reducciones a la libertad y al trabajo digno. Para sobrevivir, somos suficiente y humanamente capaces para hacerlo y que no nos pongan a elegir entre la vida o la economía porque la respuesta será rotunda y contundente.

*Geógrafo por Indiana University y master en Relaciones Internacionales por Universidad Nacional de Costa Rica. Actualmente Académico investigador Universitario Ecotec University, escritor y fotógrafo documentalista.