Sálvese quien pueda. Por Francisco Escandón Guevara

A partir del 4 de mayo en Ecuador inicia la fase de distanciamiento social. Foto: archivo/Claudio Six en Pixabay

Para el gobierno de Lenín Moreno hay un conjunto de indicadores que demostrarían la superación de la peor fase del coronavirus en el Ecuador; argumenta que existe desaceleración en el número contagios y muertes, así como también una reducción de las emergencias sanitarias y las consultas médicas. Por ello, decidió reemplazar el régimen del aislamiento o cuarentena por el del distanciamiento social.

Más esos argumentos son cuestionables, carece de evidencia científica que la diseminación del virus esté controlada. No se puede tapar el sol con un dedo, incluso hay medios de comunicación internacionales que relatan las magnitudes de la catástrofe y la comparan con la de los países con peores impactos del virus.

¿Entonces a qué responde el cambio de fase decretado? Quizás la respuesta esté en la avaricia de las Cámaras de la Producción que presionan el retorno a las actividades productivas para que sus bolsillos sigan engordando. Para esas élites ni la vida es más importante que la acumulación de capital.

De sostener este cambio, del aislamiento al distanciamiento social, en las actuales condiciones, Moreno habrá decidido por el contagio masivo o de rebaño. Con él, sólo una minoría evitaría enfermarse y se condenaría a la muerte a ancianos, enfermos crónicos y masas empobrecidas. Por eso, el ministro de Salud  Juan Carlos Zevallos anticipa el contagio del 60% de la población, 10 millones de personas, y conforme a la tasa de mortalidad 100 mil morirían.

Esta decisión gubernamental parece sacada de los manuales del fascismo, de las teorías de Herbert Spencer, que quiso aplicar la selección natural de las especies darwiniana a la sociedad para legalizar la sobrevivencia del más apto. Es decir, quieren inaugurar la ley de la jungla, el sálvese quien pueda.

Para disimular la torpeza, Moreno anunció la decisión de derivar la responsabilidad del cambio de fase hacia los municipios, a partir de lo que recomiende el semáforo cantonal en la gestión de la pandemia. Esa aparente concesión democrática a otras autoridades es una confesión de falta de liderazgo e incompetencia, es también demagogia pura, pues a esos municipios, a los que quieren engatusar como cómplices de una matanza, les deben plata.

La cuarentena debe continuar, pero la garantía para que sea efectiva es que el Estado provea medicina y alimentos para el pueblo. Sólo así la vida vencerá.

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