¡Las cámaras y banqueros unidos jamás serán vencidos!

Hugo, el búho

En la comodidad de sus humildes casómetros, aquí o en Miami, la noche del 15 de mayo, los sacrosantos empresarios y banqueros de ecuatorianos, conectados en línea con el Ministro de Finanzas, Richard Martínez, con Jaime Nebot, Guillermo Lasso, María Paula Romo y unos cuantos periodistas adictos al poder, monitoreaban los votos que se necesitaban en la Asamblea Nacional para aprobar la “Ley ApoyoHumanitario”, que al fin después de décadas de sufrimiento patronal, se hacía realidad. Al fin los empresarios podrían pagar lo que les venga en gana a esos obreros y empleados vagos; y ellos, solo ellos, pondrán las condiciones de cómo y cuándo se trabaja.

Setenta y cuatro votos. ¡Lo logramos! Estuvo difícil, pero ustedes saben hubo que “convencer” a esos aparecidos de la ID, soplándoles a la nuca, y a uno que otro desubicado multicolor. Esos se venden por un choclo. Por fin se hizo justicia en la tierra. Por fin un gobierno sensible entendió lo sacrificado que es ser empleador. Por fin entendieron que los que generamos trabajo, riqueza y sabiduría somos nosotros. Que dios nos bendiga, que el cielo nos ampare y que los trabajadores se sometan a los designios de la voluntad popular en línea.

¡Lo logramos empresarios de mi patria! ¡Las cámaras unidas jamás serán vencidas!

Tantos años teniendo que escuchar la sinvergüencería de que los trabajadores tienen derechos, y cada vez querían más. No pues, así no se puede, así ningún país progresa. Si supieran los sacrificios enormes que uno debe hacer en paraísos fiscales para invertir a largo plazo pensando en el futuro. ¡Qué van a entender estos pobretes lo que es generar riqueza! Mañana mismo hay que hacerle llegar un presente de agradecimiento al Richard por su solvencia: un puestito en el FMI o algo parecido en las Europas. A la María Paula y al Sebastián Roldán lo que pidan: ¿una minera?, ¡tenga!; ¿una cuenta en Bahamas?, ¡tenga!; ¿un departamento en Casa Blanca-Atacames con helicóptero privado?, ¡tenga!

Y al Lenín, a ese pobre insulso al que lo hemos usado hasta dejarlo como estropajo, ya veremos cómo lo blindamos para que pase de agache. Ya le falta poquito para que termine o para que se elimine. A los tiempos un Presidente sin sesos, ya hacía falta. Una silla de ruedas con diamantes incrustados y con dínamo de seis velocidades no estaría mal. Hay que posicionarlo al Otto, no vaya que ser que aparezca algún rojo con ganas de ser Presidente. No se me olviden del Ministro de Defensa. Si el vejete quiere un tanque de guerra en el jardín de su casa, vaya tanque. Hay que mimarlo mucho, no solo por su edad sino por su estado mental; se nota que sufrió mucho desde niño. ¿Quién quita que los revoltosos se nos vayan a levantar en media pandemia? Son terribles los pobres cuando se los pone en cintura. Por eso, hay que domarlo bien para que reprima como él sabe hacerlo en pleno estado de excepción que lo prolongamos un mes más. ¡Salgan a protestar!

¡Lo logramos Fidelito, lo logramos Guillermo, lo logramos El Juri! ¡Los banqueros unidos jamás serán vencidos!

Precarizar el trabajo dicen. Retroceso de derechos de cien años, gritan. ¿Seguridad Social? Ni que esas fantasías sirvieran para algo. Y esperen nomás. Nuestra venganza será implacable con la otra ley urgente. No se me olviden de la prensa. Por favor, a los Pelagatos, a la Posta, a la Janethcita, todo lo que pidan. Al Dieguito Oquendo, al Gonzalo Rosero y demás, si quieren frecuencias, que se les sea concedido.

Y, por último, no se me dejen amilanar por la Corte Constitucional. Ya los vamos a poner en vereda. Tanta plata para las Universidades no se puede permitir. Ahora, aprobada la ley, más mano de obra barata es lo que se necesita.

Que se organice un banquete con el Agus Albán, algunos Decanos de la UDLA y el gurú de la San Pancho. A ver si ahí salen ideas para desbaratar esa educación pública, que solo estorba. Que nunca más se escuche ese estribillo de mal gusto de la longada de la Central: adelante, adelante…. que tu nombre sonará. Nada. Hoy es el momento de darles con todo.

Adelante, adelante Richard Martínez, en el tiempo, en el espacio tu apellido sonará. ¡Ley Humanitaria, ras!

“Setenta y cuatro votos. ¡Lo logramos! Estuvo difícil, pero ustedes saben hubo que “convencer” a esos aparecidos de la ID, soplándoles a la nuca, y a uno que otro desubicado multicolor”.