Covid-19 Ecuador: Shock neoliberal y cuarentena perpetua

Por Santiago Ortiz Crespo*

El coronavirus ha producido un nuevo cambio en la política ecuatoriana. Si el Paro de Octubre detuvo la implementación de la subida de los combustibles, la coyuntura actual es un “shock” que profundiza el autoritarismo y la escalada neoliberal.

La clase dominante tiene una brújula clara en torno a la agenda del FMI y no solo buscó aprovechar la cuarentena para depositar en los hombros de la mayoría de la población el costo de la crisis, sino para afirmar el autoritarismo permanente ante la pérdida de legitimidad del régimen. A continuación -con el antecedente del Octubre[i]– se hace un análisis del impacto del coronavirus, de la gestión de la pandemia, y se esboza los escenarios en el futuro próximo.

Octubre y el declive autoritario

En 2019, la economía del país siguió en deterioro. Esto se dio de manera entrecruzada con la caída de los ingresos petroleros, el endeudamiento externo y las dificultades en la balanza comercial y de pagos. El gobierno implementó una agenda de austeridad fiscal –afectando los derechos laborales y enviando al desempleo a miles de trabajadores públicos– y logró que se aprobara la Ley de Fomento Productivo –dirigida a beneficiar a los grandes empresarios con reducciones e incentivos fiscales–.

Moreno firmó un acuerdo con el FMI, con el que se confirmó la ruta del ajuste, la privatización y la flexibilización laboral. A cambio, el FMI otorgó un préstamo de 4.200 millones de dólares que, junto a otras fuentes financieras, le permitió al gobierno contar con préstamos de diez mil millones de dólares, suma que se desembolsa previamente al monitoreo periódico de las políticas.

En general, la política se orientó a fortalecer el modelo económico primario exportador con una fuerte presencia del capital financiero y se indujo una recesión con una carga de mayor explotación a los trabajadores y la expulsión al desempleo de un importante sector de la fuerza de trabajo, generalizando el trabajo precario. En ese marco, a inicios de octubre de 2019, se tomó, la medida de “eliminación de los subsidios” con el consiguiente aumento de los precios de los combustibles.

La respuesta popular descolocó al gobierno que pensaba avanzar en tierra arrasada. Las clases sociales fueron afectadas por un síndrome de vértigo por el temor a caer en el siguiente quintil, mientras el paro sectorial de los choferes se convirtió en un paro general. Esto fue posible porque reapareció el movimiento indígena con capacidad para articular al conjunto. Pero el paro reveló también que las intenciones neoliberales no podían concretarse como proyecto hegemónico y que solamente la deriva autoritaria con un uso desproporcionado de la fuerza podía garantizar su aplicación. En este escenario reflotaron las diferencias entre las élites políticas dado que necesitaban posicionarse para las siguientes elecciones de 2021.[ii] También en los sectores populares se notó la grieta entre los indígenas y el correísmo, herida provocada por una década de conflictos que no se suturaron.

El paro de los transportistas se transformó en un levantamiento indígena y popular que paralizó el país y tuvo como principal escenario a Quito. Fue un paro de 11 días que restituyó  al movimiento indígena como sujeto político, luego de un largo proceso de trasformación interna, con un rostro más joven, más nacional, más popular, más diverso y que retomó su presencia luego de un período de repliegue y de fragmentación durante la década de la Revolución ciudadana (2007-2017). El paro tuvo una amplia participación urbana, pero no logró cerrar las heridas entre los indígenas y la corriente popular del Correísmo, luego de una década de conflictos..

Una demanda específica se constituyó en un significante vacío en la medida en que expresó la disconformidad del conjunto frente a la agenda del FMI y canalizó la amplia participación de actores populares de diverso signo: jóvenes, estudiantes, mujeres, profesionales, artistas, barrios populares, choferes, campesinos, poblaciones rurales, vendedores de mercados. El diálogo Moreno-Conaie, transmitido por televisión a todo el país, permitió la derogatoria del Decreto 883. Esta tregua fue solamente momentánea, pues el gobierno no cejó en aplicar la agenda del FMI, y mantuvo a los ministros responsables de la represión.

El Paro de Octubre demostró que la segunda ola de neoliberalismo hizo crisis en Ecuador más aceleradamente que la de fines del siglo anterior, por su débil capacidad de legitimación. Pero también reveló la nueva cohesión de la clase dominante, de los partidos cogobernantes con los empresarios, de los medios de comunicación privados. Sin embargo la influencia de esta coalición en los sectores populares se fue desgastando en los meses previos a la epidemia por la falta de liderazgo del Presidente y por el impacto de las medidas económicas.

Pero el desgaste del gobierno continuó: la clase dominante demostró cohesión, aunque hubo   tensiones pues cada sector estaba posicionándose ante el escenario de la disputa electoral de 2021. Por otra parte, quedaron bajo interrogante las reformas estatales en medio del vacío presidencial, de la debilidad de los liderazgos políticos, de la impotencia del Asamblea Nacional y del alineamiento de los organismos de control, de la Fiscalía y del Poder Judicial al ejecutivo. También quedó en cuestión el papel de las Fuerzas Armadas, que han sido reorientadas hacia la guerra interna, por la influencia del ministro de Defensa, Oswaldo Jarrín, un general en retiro formado en la doctrina de la seguridad nacional, con un nuevo rol de la Policía como actor represivo. Se configura una democracia restringida que se desconoce la representación política de al menos el 25% del electorado que se expresa en la Revolución ciudadana.

Al mismo tiempo se atascó el proceso de institucionalización del finado Julio C. Trujillo, un abogado conservador que utilizó al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social como palanca para desmontar la influencia Correísta y conformar un remedo de Estado de derecho. La ausencia del Legislativo, el aval de la Corte Constitucional a la represión, el toque de queda y el uso desmedido de la fuerza, con 11 muertos, decenas de heridos y cientos de presos, fueron los  hitos de una deriva autoritaria del régimen. Todo ello en medio de la polémica mediática que atribuía al Correísmo un intento de desestabilización.

Hay que señalar que este movimiento no acertó a navegar en medio del estallido popular, pues, entre otras cosas, cuenta con una identificación inorgánica de un sector popular, pero no con una política coherente y eficaz en la coyuntura. Además, sus dirigentes están encausados por el gobierno de Moreno y están fuera del país.

“Las clases sociales fueron afectadas por un síndrome de vértigo por el temor a caer en el siguiente quintil, mientras el paro sectorial de los choferes se convirtió en un paro general”.

El coronavirus

El coronavirus tomó nuevamente en curva a las élites y terminó por desgastar el liderazgo de Moreno. Tres años de ajuste fiscal y desinversión en salud dejaron al descubierto la incapacidad del gobierno en la gestión de la epidemia. Varios hechos revelaron la ineptitud de las autoridades de salud, pues se permitió que se difunda el Coronavirus con la llegada de viajeros contagiados que venían de Italia y España, focos de la pandemia en Europa, y, en vez de aislarlos, se los dejó sin control para que asistan a bodas de la alta sociedad de Guayaquil y a la realización de un partido de fútbol de la Copa Libertadores de América. La indolencia y la falta de mínimas normas sanitarias en la atención a los enfermos de covid-19, llevó a la explosión de la epidemia en Guayaquil, convirtiéndola en una de las ciudades de mayor contagio y muertes del mundo[iii]. Esto demostró además los límites del modelo “exitoso” que llevó adelante la élite socialcristiana que gobernó el puerto por 25 años, sacando a la luz las precarias condiciones de vida de un importante sector de la población.[iv]

A lo anterior hay que añadir el descontrol por parte del Ministerio de Salud y las autoridades sobre el manejo de cadáveres. El vicepresidente de la república Otto Sonnenholzner propuso enterrar a los muertos en una “fosa común” como solución al caos producido por la ineficiencia estatal. Tampoco hubo un sistema de vigilancia epidemiológica que permitiera detectar los contagios ni frenar la demanda de un sistema de salud debilitado por los ajustes fiscales. “La inversión en el área de salud en Ecuador pasó de 306 millones de dólares en 2017 a 201 millones de dólares en 2018 y 110 millones de dólares en 2019, una reducción de 34% y 36%, respectivamente”.[v]

Todo ello expresó la incompetencia de la exministra de Salud, Catalina Andramuño, que debió ser sustituida en la mitad de la crisis, y la del ministro de Finanzas Martínez, Richard Martínez, que prefirió pagar la deuda externa a los tenedores de bonos en vez de financiar los gastos de emergencia de la crisis sanitaria. El vacío del liderazgo se buscó solucionar con el encargo al vicepresidente de la conducción del Centro de Operaciones de Emergencia (COE), nombrando un nuevo ministro de Salud, estableciendo el Estado de Excepción y el Toque de Queda  y encargando a las Fuerzas Armadas el cerco epidemiológico de la zona más afectada: Guayaquil y la provincia del Guayas. Esto, en medio del caos de los datos de la epidemia, pues, a los tres meses de iniciada la peste,[vi] no hay pruebas que certifiquen la información de los contagiados y no hay certificados de defunción que confirmen el Covid19 como causa de muerte.

Esa falta de conducción y liderazgo de la gestión de la epidemia es más grave si se toma en cuenta que se traslapa con el desastre económico. Con una política alineada al FMI, Martínez impidió que el Estado pueda reaccionar ante el virus y proveer los recursos para contrarrestarlo: no se aseguró la alimentación y la subsistencia de los sectores más vulnerables; no se protegió a las pequeñas y medianas empresas; no se defendieron los ingresos y el empleo de la población, tomando en cuenta que un alto porcentaje de ecuatorianos trabaja en la informalidad y depende del dinero que pueden lograr día a día. Es más, los proyectos de ley preparados por el gobierno intentaron grabar a los más ricos, pero al final cedieron a las presiones de los grandes empresariales.

En medio de la cuarentena el gobierno logró la aprobación de la Ley de Finanzas Públicas que establece que el Ministerio de Economía será el rector de las finanzas públicas, que establecerá límites a los gastos públicos. El legislativo aprobó también la Ley Orgánica de Apoyo Humanitario que establece un sistema de excepción por el cual se anula la legislación laboral vigente por un período de dos años en el cual empresarios y trabajadores, deberán establecer las condiciones laborales. Se reduce el salario y el tiempo de trabajo de los empleados públicos y se fusionan y privatizan varias empresas estatales.  Aparte de ello, Lenin Moreno, tomó siete medidas para imponer bandas en los precios de los combustibles, ajuste del personal diplomático, entre otras. Con esto se espera reducir el gasto fiscal, siguiendo los acuerdos con el FMI. Las propuestas del Eco. Augusto de la Torre, referidas en este artículo, se cumplen a cabalidad

Por otra parte, el gobierno descargó en los gobiernos locales la responsabilidad de desescalar la cuarentena mediante un sistema de semáforos en el que el rojo es el confinamiento, el amarillo es el distanciamiento social y el verde es la reactivación de la economía con movilidad parcial.

La pandemia abrió una grieta profunda entre los ecuatorianos en la medida en que demostró que golpeaba de manera desigual a la población, especialmente a los sectores populares: el 38% de los ecuatorianos están afectados por la pobreza multidimensional, sin acceso a la salud y al empleo, residen en viviendas hacinadas y no tienen agua potable.[vii] El programa virtual que plantea la ministra de Educación excluye, de hecho, al 50% de los niños y jóvenes del sistema educativo, pues no tienen acceso a Internet. El gobierno deja de pagar los salarios a los maestros y rebaja 100 millones de dólares al presupuesto de las universidades. Por todas partes hizo agua el modelo: mientras los efectos de la crisis económica someten al país a una recesión, lanzando al desempleo a medio millón de personas.

De la hibernación al reseteo

El ex jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, el economista ecuatoriano Augusto de la Torre, planteó la frase que retrata la óptica de los bancos: “La realidad superó a la legalidad”.[viii] Ante una economía colapsada es necesario –según él– una reforma neoliberal radical, expresada en tres fases: hibernación-reseteo-reforma radical. Para él, el Ecuador debe ser realista y asumir una primera fase de hibernación (como el oso en la cueva para guardar energía y no morirse: la cuarentena); luego, salir a una segunda fase de reseteo, en la que no se aplican las leyes, sino los acuerdos entre particulares (el fuerte se impone sobre el débil), para llegar a una tercera fase de reforma total del marco legal e institucional. Es decir, De la Torre plantea culminar lo que comenzó en 1992 Alberto Dahik (vicepresidente entre 1992 y 1995) y continuó Jamil Mahuad (1998-2000) con el feriado bancario, que produjo una estampida migratoria de un millón de ecuatorianos. En otras palabras, se quiere aprovechar el shock de la pandemia y el estado de excepción para impulsar el decálogo neoliberal, tal como señaló Naomi Klein (2011).[ix]

Tanto los empresarios como los partidos de la derecha han respaldado al gobierno de Moreno en estos tres años, y esperan que aproveche la cuarentena y gobierne según la agenda del FMI. Eso sí, la élite empresarial del país no estuvo dispuesta a aportar económicamente, pues argumentan que son ellos los que van a reactivar la economía. Por otra parte, hay forcejeos al interior de las clases dominantes: uno de sus voceros, Osvaldo Hurtado (expresidente democratacristiano 1981-1984), convoca a unirse en torno al gobierno, pero hay políticos, empresarios y militares retirados que llaman a las Fuerzas Armadas a que asuman su “misión histórica”, y hay sectores que piden la renuncia de Moreno para que Otto Sonnenholzner asuma “con liderazgo” la conducción de la crisis.

Mientras tanto, el gobierno y los medios de comunicación buscan capear el temporal con campañas mediáticas orientados a cubrir el desastre. Exhortan a la “unidad”; plantean que Ecuador es el primero que tomó las medidas y que el sistema de salud no estuvo preparado, “como en los demás países”; señalan lo sorpresivo de la pandemia y, que si bien se han producido errores, se están tomando las medidas adecuadas para “aplanar la curva”. Y ante la ausencia de una propuesta ante la pandemia, el gobierno busca reactivar el aparato productivo trasladando su responsabilidad a los municipios: son estos los que deben resolver pasar del confinamiento al distanciamiento físico en cada territorio.

Hay gran malestar de la población por la pésima gestión de la epidemia. Profesionales y trabajadores de salud se han manifestado en varios hospitales exigiendo equipos de protección, pobladores de Guayaquil han salido a las calles a pedir alimentos, vendedores ambulantes en Quito y Guayaquil se han enfrentado a la policía que no les permite trabajar, maestros y estudiantes de las universidades han salido en al menos en diez ciudades a protestar por el ajuste presupuestario y han planteado un recurso al tribunal Constitucional y un juicio al ministro de Finanzas. Hay plantones, cacerolazos en algunos barrios y ciudades, iniciativas de trueque e intercambio de alimentos, un papel importante de los gobiernos locales, especialmente comprometidos con los sectores indígenas y populares. Pero aún se trata de acciones puntuales que se dan entre el confinamiento y el paso al distanciamiento[x].

El tema de la alimentación es prioritario. Los campesinos e indígenas se han concentrado en la producción de alimentos, indispensables para las ciudades. Conjuntamente con los gobiernos locales se han dedicado a organizar su distribución y la Conaie ha dado instrucciones a sus bases a fin de asegurar la supervivencia de sus miembros y mantener la seguridad sanitaria de sus miembros en sus territorios.

Mientras tanto a mediados de abril una encuesta en Quito y Guayaquil revelaba que el 75% de la población tenía miedo, el 60% tenía problemas económicos y el 75% consideraba que el sistema de salud no tenía capacidad de enfrentar la crisis[xi].

En otras palabras, se quiere aprovechar el shock de la pandemia y el estado de excepción para impulsar el decálogo neoliberal, tal como señaló Naomi Klein (2011

Tres escenarios en lo político [xii]

En esta coyuntura se plantean tres escenarios posibles para Ecuador. Un primer escenario sería que se vuelva a la “normalidad”, es decir que siga Lenín Moreno en la presidencia, que aplique mal que bien algunas reformas y se convoque a elecciones. En la disputa presidencial pueden competir Jaime Nebot u Otto Sonnenholzner, desde el Partido Social Cristiano, el banquero Laso de Creando Oportunidades, CREO, Yaku Pérez de Pachakutik y algún personaje avalado por Rafael Correa, desde Bruselas. Otro candidato posible podría ser el alcalde de Quito, Jorge Yunda, que ha mejorado su imagen al frente del cabildo metropolitano ante la pandemia. En este caso la conducción del gobierno se mantendría en lo político con los ministros del grupo Ruptura 25, en lo económico con el empresario Richard Martínez y Oswaldo Jarrin en la Defensa. Habría que ver si las élites siguen dispuestas a jugarse hasta el final por una carta gastada como la de Moreno.

Un segundo escenario tiene que ver con la renuncia de Moreno y una posible sucesión constitucional[xiii] tal como plantea el periodista Carlos Vera vinculado al Partido Social Cristiano (PSC).[xiv]. El propio vicepresidente Otto Sonnenholzner, ha promovido su imagen en su transitorio paso por la conducción del Centro de Operaciones de Emergencia. Un nuevo Presidente –joven, empresario de seguros y de los medios de comunicación, buen comunicador y enrolado con la colonia sirio libanesa, de mucho poder en Guayaquil– podría gobernar por un año hasta el cambio de gobierno, creando condiciones políticas para lanzarse como candidato o preparar el triunfo de Nebot. EL PSC ha realizado varias operaciones políticas desde el Consejo Nacional Electoral y la Asamblea Nacional para asumir un papel en dicha transición. Curiosamente se han dado campañas y pronunciamientos contra la corrupción para debilitar al círculo gobernante[xv] Un año de gobierno podría ser necesario para que se aplique la agenda del FMI, sin el desgaste que tiene Moreno.

Una tercera alternativa sería una revuelta popular. Ecuador tiene una experiencia de movilizaciones espontáneas con impacto político, y no sería sorprendente que se produzca un estallido como el de los Forajidos en el 2005, cuando los sectores urbanos derrocaron al Coronel Gutiérrez o el Paro de Octubre en el 2019. También podría darse un estallido social, con saqueos y delincuencia incluidos. La situación económica afecta el estado de ánimo de la gente, que ya tiene niveles de hambre y desesperación. Las protestas podrían ir acumulándose hasta que encuentren un hilo conductor.

Aparte de la disposición del gobierno de controlar el orden, hay obstáculos que impedirían una acción con impacto destituyente; en primer lugar la población está concentrada en el tema de la sobrevivencia, en segundo lugar hay temor por el futuro, en tercer lugar la Cuarentena se ha impuesto con Estado de Excepción y presencia de militares y policías en las calles, y en cuarto lugar se requiere un organismo articulador que canalice la movilización. La Conaie ha rechazado un nuevo aumento de los combustibles, pero habría que preguntarse si actualmente tiene capacidad de jugarse en esa perspectiva. La Revolución Ciudadana, por su parte, no tiene experiencia ni confía en un desbordamiento popular.

Además hay dos actores importantes que son claves en cualquier escenario, por una parte las Fuerzas Armadas, hoy comandadas por un sector derechista y por otro la actitud de la embajada de Estados Unidos. Habrá que ver como se sitúan ante estos posibles escenarios.

Conclusiones

La deriva autoritaria, la restricción de las libertades y el ajuste fiscal caracterizaron al régimen de Lenin Moreno hasta el 2019, pero tuvieron un tope sorpresivo con el Paro de Octubre, aunque éste no logró detener el proyecto neoliberal.

Cuando llegó el coronavirus se aplicó un modelo de gestión arbitrario resultado de una política de desinversión en salud, un sistema de vigilancia epidemiológica inexistente, sin capacidad de hacer pruebas, sin laboratorios para procesarlas ni cercos para proteger a la población, con falta de salubristas y de personal preparado en atención primaria, al tiempo que una política económica que no protegió ni ingresos, ni empleos ni a las empresas. El modelo implicó la intervención de los militares y el confinamiento en el marco del Estado de excepción y del toque de queda   Las campañas de publicidad no pudieron cubrir los miles de muertos en Guayaquil y el triste récord de contagiados y víctimas que dejó la pandemia.

Pero la crisis sanitaria se ensambla con la económica, donde la trayectoria hibernación-reseteo-reforma formula un curso de acción que profundiza el estancamiento económico y la brecha social. Lo que Grecia fue para Europa, Ecuador es para América Latina, los dos sometidos a una recesión de larga duración, en nuestro caso sujeto a la dolarización.

Esto implica la conformación de un régimen donde se resetea el régimen legal, y se afirma el autoritarismo, ensamblado con la profundización de la brecha social. Es muy duro para una población que tiene ya cinco años de crisis sobre sus espaldas, enfrentar las condiciones de hambre, desempleo y disciplinamiento que impone una cuarentena, un mecanismo que amenaza convertirse en permanente.

En medio de la incertidumbre, varios sectores han salido a protestar y en algunos casos a enfrentarse a la policía, hasta hoy de manera esporádica. La mayoría está preocupada de la sobrevivencia, buscando la comida o como los campesinos e indígenas produciendo alimentos, en una nueva situación donde el abastecimiento es prioritario.

Si octubre del 2019 fue una protesta de la economía moral de una población nostálgica con un nivel de vida y un sueño del Buen Vivir ofrecido por el progresismo, la epidemia marcó una nueva etapa en donde el Estado ya no será el salvador y solo la gente y el poder social podrán garantizar condiciones para vivir, organizarse y luchar en una perspectiva de poder.  Mientras tanto las élites políticas y empresariales buscan una solución que les permita continuar gobernando. No tienen capacidad de generar un proyecto nacional con legitimidad dado que ni siquiera están dispuestos a ceder un mínimo de beneficios a los sectores populares; lo que les interesa es hacer sus negocios y sacar sus ganancias fuera del país. Se alinean con el discurso de seguridad nacional y requieren contar con un estado represivo que les asegure estabilidad, al tiempo que culminan el proceso de reseteo y reforma total del país.

“Lo que Grecia fue para Europa, Ecuador es para América Latina, los dos sometidos a una recesión de larga duración, en nuestro caso sujeto a la dolarización”.

Referencias: 

[i]   Santiago Ortiz, “Ecuador octubre 2019: Deriva autoritaria y levantamiento indígena y popular”, diciembre de 2019, https://movimientosocialesecuador.com/2019/11/09/ecuador-octubre-2019-deriva-autoritaria-y-levantamiento-indigena-y-popular/.
[ii]  Durante el último año, el Partido Socialcristiano se fue distanciando del gobierno en función de las elecciones, mientras que el banquero Guillermo Laso se mantuvo apoyándolo.
[iii] El Gobierno reconoció 5700 muertos en Guayaquil https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-52318389. Por otro lado Ecuador es el sexto del mundo y el primero de América Latina en número de muertos y el décimo y tercero respectivamente en contagiados por un millón de habitantes. Datos de worldometers.info citado por Álvaro Sáenzhttps://www.facebook.com/alvaro.saenzandrade?epa=SEARCH_BOX
[iv] Sobre esto ver Xavier Flores, “Guayaquil y el modelo que tocó fin”, Común, 10 de abril de 2020, https://xaflag.blogspot.com/2020/04/guayaquil-y-el-modelo-que-toco-fin.html.
[v] Fernando Carrión, 10/04/2020, citando al “Plan Anual de Inversiones Sector Salud en Ecuador 2017-2019”, https://twitter.com/fcarrionm/status/1248629296056487937.
[vi] Desde el día 15 de febrero que llegó la paciente 0 al aeropuerto de Guayaquil, los datos oficiales fueron modificados de manera abrupta en tres ocasiones: “No sé qué es más vergonzoso, el manejo de la información del coronavirus en Ecuador o las excusas con las que quieren justificarlo:.. Esta ‘curva’ de casos de Ecuador, que se publica en todo el mundo, muestra con claridad los tres exabruptos más grandes en la información”. Álvaro Sáenz, 7 de mayo de 2020, https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=2744496442314470&id=100002624222058.
[vii] “La tasa de pobreza multidimensional […] se ubicó en 38,1% de la población ecuatoriana en diciembre de 2019, mientras que en diciembre de 2018 fue de 37,9%”. Primicias, “El 38,1% de ecuatorianos vive en la pobreza con múltiples carencias”, https://www.primicias.ec/noticias/economia/ecuador-lejos-reducir-pobreza-multidimensional/.
[viii]             La declaración de Augusto de la Torre anota que somos “el país de los cinco NO: no tenemos espacio fiscal, no tenemos ahorros, no tenemos reservas internacionales, no tenemos acceso a los mercados internacionales y no podemos expandir créditos si no nos vienen dólares” desde afuera. Augusto de la Torre, “Esta es la crisis más virulenta en los últimos 100 años”, 13 de abril del 2020, https://www.planv.com.ec/historias/economia/esta-la-crisis-mas-virulenta-ultimos-100-anos-vision-economica-augusto-la-torre.
[ix] Naomi Klein, La doctrina del shock, Buenos Aires: Paidós, 2011.
[x]. Aun no se cuenta con un panorama claro de las movilizaciones populares entre otras cosas porque es difícil conseguir información. Los medios de comunicación tienen un discurso monocorde de respaldo al gobierno, taparon tragedias como la de Guayaquil y se autocensuran. La información con la que se cuenta es de las redes sociales.
[xi] Santiago Nieto, director de la encuestadora Informe Confidencial, “Encuesta de percepciones Covid-19”, 13/04/2020, https://www.youtube.com/watch?v=AIkHr4SO380.
[xii] Es muy difícil prever el futuro, más aun cuando la epidemia del Covip19 ha significado una conmoción mundial en donde será imposible volver a  la “normalidad” anterior, Seguramente las herramientas que las ciencias sociales han utilizado hasta hoy deberán cambiar.
[xiii]             La Constitución de 2008 en su art. 146, señala: “En caso de falta definitiva de la presidenta o presidente de la República, lo reemplazará quien ejerza la vicepresidencia por el tiempo que reste para completar el correspondiente período presidencial”. Constitución de la República del Ecuador, Registro Oficial 449, 20 de octubre de 2008.
[xiv]              Carlos Vera, 12/05/2020, https://twitter.com/CarlosVerareal/status/1260247541129641984?s=08.
[xv] El debate sobre la figura de Otto Sonnenholzner se ha realizado entre editorialistas: Felipe Burbano, en su columna semanal en El Universo señala que: “no hay duda de su fuerza, vitalidad, juventud, entusiasmo inclusive; refresca la política de los viejos liderazgos sobre todo en la dividida centroderecha” Burbano de Lara, 5 de mayo de 2020, https://www.eluniverso.com/opinion/2020/05/05/nota/7831767/otto-sonnenholzner. Mientras que José Hernández, de CuatroPelagatos, apunta: “Sonnenholzner no es un vicepresidente en funciones: es un héroe. El joven que sin miedo enfrenta al virus, el primer vicepresidente ‘en visitar un hospital con pacientes infectados de coronavirus’, el hombre que da la batalla sin descanso,…Él hace todo, él es todo. […] ¿Lo hace con pleno acuerdo del primer mandatario? […] Cargarse solo con todas las responsabilidades, para crear un héroe en plena guerra, puede convertirse en un bumerán para el gobierno. José Hernández, 30 de marzo de 2020, https://4pelagatos.com/2020/03/30/el-video-que-pinta-a-sonnenholzner-de-heroe/.