Las dudas que provoca Moreno

24 de Mayo de 2018, Informe a la Nación, tras primer año en el poder.

Por Juan Cuvi

Difícil saber hasta dónde el Presidente Moreno está consciente de los impactos que provocarán las últimas leyes aprobadas para supuestamente hacerle frente a la crisis. A estas alturas resulta inevitable asociar su imagen con la de esos reyes debiluchos e improvisados que tienen que dar la cara por unos feudos sobre los que ya no tienen autoridad, y donde cada príncipe hace lo que le da la gana.

En su caso, cada alto funcionario de gobierno actúa con agendas propias, algunas de las cuales son tan dispares que hacen cortocircuito. ¿Un ejemplo?: los drásticos recortes fiscales que se pondrán en práctica generarán una inseguridad pública y una inestabilidad social altamente explosivas.

¿Están las Fuerzas Armadas, el ministro de Defensa o el comandante general de la Policía dispuestos a cargar con los muertos que se deriven de las protestas sociales? ¿No fue suficiente con el paro de octubre? Por precaución deberían echarle una mirada a la historia para ver en qué condiciones quedan los responsables de las carnicerías políticas, aquí y en la quebrada del ají.

Las dudas surgen porque entre el discurso bonachón del Presidente y la brutalidad de las medidas se interpone un abismo difícil de atribuírselo únicamente a la típica demagogia de nuestra política. Desde hace un buen tiempo las decisiones oficiales rayan en una flagrante irracionalidad, como si alguien estuviera expresamente organizando una parrillada dentro de un polvorín.

¿Se da cuenta Lenín Moreno de que en medio de tanto desorden y devastación su figura está en el centro del repudio y la indignación generales, que él es el blanco de todas las quejas y críticas? ¿Cuánta porción de decencia le quedará para sobrevivir como un simple ciudadano ecuatoriano por el resto de su vida? ¿O ya está planificando un exilio dorado en Harvard, Panamá o Bélgica, como algunos de sus antecesores? Porque a diferencia de un Presidente, un ministro logra pasar de agache con el tiempo. Ejemplos sobran: de los ministros de Bucaram o de Mahuad solo se acuerdan los acuciosos investigadores de la realidad nacional.

Que un ser humano quiera destruir su imagen personal sin ninguna justificación entra en el campo de la psicopatología; que lo haga un político corresponde al ámbito de la estulticia. ¿Qué sentido tiene acelerar el paso cuando las arenas movedizas llegan a la cintura? Nada más que hundirse. Porque si el gobierno cree que las coartadas implícitas en las medidas económicas le servirán para encontrar un respiro electoral está delirando. Lo que a primera vista aparece como una habilidosa jugada para salir del atolladero no es más que el detonante de una crisis aún mayor.

Como dice el dicho, la suerte está echada, y el régimen tendrá que asumir las consecuencias de sus errores. A lo sumo, podrá ralentizar la fatal tendencia al desprestigio respondiendo favorablemente a algunas demandas populares. Pero no hay visos de que eso sea posible. El daño es de tal magnitud que se necesitaría de toda una vida (como reza la consigna oficial) de buenas obras para compensarlo. Y el principal responsable, consciente o no, siempre será Lenín Moreno.