El sector estratégico que nunca paró: los campesinos

Trabajo colaborativo entre La Línea de Fuego, Acapana, Radio Periférik y mutantia.ch

Debido a la pandemia de hace dos meses se formaron brigadas campesinas para entregar alimentos a las personas más vulnerables del país. Para el dirigente de la Federación de Centros Agrícolas y Organizaciones Campesinas del Litoral, Richard Intriago, no cabe duda: el sistema alimentario de las ciudades, así como de producción agrícola industrial con sus intermediarios, está obsoleto. El futuro viene de la mano de la agroecología, la venta directa y el trueque.

Si en el campo no se siembra, en las ciudades no se come. Y si se come, se come mal, ya que la comida producida por la industria alimenticia, muchas veces importada, no tiene los mismos nutrientes y tampoco el mismo sabor. A pesar de este saber la Agencia de Regulación y Control Fito y Zoosanitario firmó, a inicios de esta semana, una resolución que permite la importación para el consumo y el procesamiento de frutas y hortalizas que “no cuenten con requisitos fitosanitarios ya establecidos”. El argumento: evitar el desabastecimiento en el país.

A pesar que esta resolución, por presión del campesinado y organizaciones de la sociedad civil, fue derogada un par de días después, cabe destacar dos puntos: primero, la resolución contradecía afirmaciones del Gobierno, que señaló la necesidad imperiosa de evitar la salida de divisas del país. Pese a que en la resolución se hace referencia al posible desabastecimiento de al menos 5.6 toneladas de cebolla paiteña, la apertura de las importaciones no aplica solamente a ese producto. También abre la puerta a la importación de todas las frutas y hortalizas que la industria procesadora y el mercado, controlado por las cadenas de provisión, ubiquen en tiempo de pandemia, donde la oferta es deficiente.

Ademas, no sorprende que se haya elegido a la cebolla paiteña como el producto justificante de la resolución ya que al menos el 60% del consumo nacional de este tipo de cebolla entra de forma ilegal por contrabando desde Perú.

Las palabras de Leonidas Iza fueron ignoradas

Segundo, esta resolución demuestra que, ni siquiera en tiempos de pandemia y crisis económica, existe interés por apoyar el cambio de patrón de consumo en la población, direccionandolo hacia productos y materias primas nacionales. Desde hace más de dos décadas la importación de frutas ha afectado enormemente los sectores de producción, por ejemplo de peras, manzanas y tipos de ciruelas en la provincia de Tungurahua. Estas frutas generalmente son vendidas para el consumo final y provienen en su mayoría de Chile.

En otras palabras, la resolución fomenta la importación masiva y debilita de esta manera a los campesinos del Ecuador. Porque no pueden competir con los precios bajos de productos importados.

Para evitar la especulación de precios y contrarrestar el hambre por falta de recursos para la compra de alimentos, como se vive hoy en día en varias partes del país, el presidente del Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi, Leonidas Iza, exigió pocos días después de la declaración del Estado de Excepción que el gobierno compre la producción de los campesinos. Pero hasta el día de hoy no ha sido escuchado.

Los que se percataron de este panorama fueron el Movimiento Nacional Campesino (MNC) y la Federación de Centros Agrícolas y Organizaciones Campesinas del Litoral (FECAOL). A finales de marzo convocaron, bajo el lema El alimento no es una mercancía, sino un derecho humano, a 30.000 pequeños y medianos agricultores de la Costa, de la Sierra y del Oriente para formar Brigadas Campesinas. Por un lado, porque muchas familias, al no haber podido trabajar, no generaron ingresos y terminaron el día sin comer. Por otro, para esquivar a los intermediarios que, aprovechando la crisis, subieron los precios de los productos. En total participan 13 provincias en esta iniciativa: Guayas, Manabí, Santo Domingo, El Oro, Pichincha, Los Ríos, Loja, Bolívar, Santa Elena, Azuay, Esmeraldas, Tungurahua y Zamora Chinchipe.

Campesinos importantes como los médicos

Las brigadas recolectan los productos de las fincas y chacras de los agricultores que se han acumulado en uno de los centros de acopio establecidos. Mientras en estos lugares, al igual que en los barrios, se instalan ferias para que los habitantes del sector puedan comprar directamente a los campesinos, las brigadas, en conjunto con los Gobiernos Autónomos Descentralizados de cada parroquia, cantón o provincia, entregaron las provisiones sin costo a las poblaciones más vulnerables. También las organizaciones barriales o comunitarias participan en esta labor, al igual que la Asociación de Trabajadores y Trabajadoras del Transporte y la Conferencia Plurinacional e Intercultural para la Soberanía Alimentaria. Sin sus camiones y camionetas, no sería posible llevar los alimentos del campo a los centros de acopio.

Entre otros productos, las canastas campesinas incluyen plátanos, naranjas, limones, pimiento, yuca, camote, zapallo, choclo, tomate, papa, col, apio, perejil, cebollín, zuquini y remolacha. Según el dirigente de MNC-FECAOL, Richard Intriago, se venden estos productos a un precio tres veces más bajo de lo que han establecido los intermediarios a nivel nacional. Además, así se crean vínculos directos entre productores y consumidores y se genera una empatía por las diferentes realidades, que a lo largo de las últimas décadas -al menos en algunos sectores- se ha perdido. Establecer relaciones y cadenas de valor directas entre campo y ciudad es uno de los objetivos principales de las Brigadas Campesinas.

La pandemia demuestra que los campesinos son como los médicos y el personal de sanitario: indispensables para la vida. Ellos siguen labrando, sembrando, ordeñando y cosechando, para que los habitantes de las grandes ciudades como Quito, Guayaquil y Cuenca coman. “El campo es primordial para el desarrollo nacional”, dice Richard Intriago. “Muchos gobiernos nos han querido desaparecer diciendo que los agricultores no significamos nada para la economía nacional. También nos han perseguido, quitando tierras y prohibido el acceso al agua. Y hasta el día de hoy no tenemos un canal de comercialización real donde podamos garantizar el precio de los productos”. La crítica de Intriago se refiere al poder de los grandes mayoristas y supermercados que, con el respaldo de municipios y provincias, especulan con los precios de los granos, frutas y verduras. “Incluso hay leyes que favorecen a estos grandes actores”, destaca el líder campesino.

La pandemia demuestra que los campesinos son como los médicos y el personal de sanitario: indispensables para la vida.

A esta realidad se suma la crisis ambiental y socioeconómica propiciada por las formas de producción del país, en las que se privilegia a los grandes productores agrícolas dedicados en su mayoría al monocultivo, o sea, a la siembra de un solo cultivo como es el caso del banano. Este tipo de cultivos intensivos abarcan grandes extensiones de terreno y acaban con los nutrientes del suelo. Además, requiere la utilización de grandes cantidades de insumos agroquímicos como fertilizantes y pesticidas sintéticas que perjudican la salud del ambiente, de los agricultores y de los consumidores.

“Ese sistema no ha podido responder a la realidad que vivimos aquí y por lo tanto es obsoleto”, dice Richard Intriago. “Nosotros consolidamos un mercado directo entre campesino y consumidor pues no necesitamos de mayoristas”. De esta forma, se rompe con un sistema de especulación en el que circula mucho dinero  y en el que por de abajo se habla de una mafia alimenticia. “No vamos a permitir a que unos pocos se puedan enriquecer vendiendo alimentos en un momento tan trágico como el que vivimos”, dice Intriago. “Con las brigadas campesinas hemos demostrado que, hoy por hoy, son ellas las que están resolviendo el problema alimentario.”

Agroecología: base productiva en el campo

La propuesta del Movimiento Campesino de la venta directa es parte de un cambio profundo en la producción de alimentos. El eje central es la diversificación como tal, porque, diversificando la producción, se ayuda a una alimentación variada y, a la vez, con un sistema de rotación de cultivos, se deja tiempo para que la tierra pueda recuperar sus nutrientes.

Los principios se basan en la agroecología que, a la larga, apuesta por una producción orgánica, protegiendo las fuentes de agua, los animales y al campo mismo. “Es importante tener estas fincas diversificadas y no sembrado con un solo cultivo”, dice Richard Intriago. “¿Qué hubiese pasado si hubiéramos escuchado a los gobiernos su propuesta de eliminar esa diversidad en nuestros campos y hubiéramos empezado a sembrar solo banano, caña de azúcar o maíz para la exportación? ¿Qué estuviéramos comiendo ahora? Solo banano, caña de azúcar y maíz”.

Para contrarrestar estos principios de la agroindustria, el Movimiento Campesino capacita desde 2014 en la Escuela de Formación Agroecológica Julio Saltos Bravo en Guayaquil a líderes campesinos. Más de 600 personas pasaron por esta escuela, participando también con cursos en Brasil, Colombia y Cuba.

Richard Intriago dice que el Movimiento Campesino lleva al menos veinte años trabajando en temas de agroecología en Ecuador, y su objetivo es principalmente la soberanía alimentaria. O sea, lo opuesto a los monocultivos y también lo opuesto a la resolución estatal sobre la importación de frutas y hortalizas. “Creo que no va a ser fácil que cambie la política pública en ese sentido”, dice Intriago, “pero lo que sí creo es que las personas -el pueblo común y corriente- se han dado cuenta de que el sector campesino es una potencia cuando se organiza y es muy solidario en momentos como este. Esa fuerza entre el campo y la ciudad, sí puede lograr cambios”.

“El Movimiento Campesino lleva al menos veinte años trabajando en temas de agroecología en Ecuador, y su objetivo es principalmente la soberanía alimentaria”.