“La muerte apareció como un espacio de diferenciación”

Por Ela Zambrano

Quito, 22 de junio de 2020.  Durante los últimos meses las prácticas funerarias se han trasladado a lo virtual. Pero, ¿puede una sesión en Zoom o Facebook remplazar los ritos en casa o en un cementerio? Leonardo Zaldumbide explica las ventajas y límites de lo virtual. Además, el docente de la PUCE, historiador y coordinador académico de la Red Ecuatoriana de Cultura Funeraria habla sobre la iniquidad en Ecuador en el momento de la muerte, la transformación de lo humano a lo no humano y la importancia que la gente pueda sanar sus duelos.

Leonardo Zaldumbide, por las disposiciones en estos tiempos de confinamiento se han prohibido los ritos funerarios ¿Cuáles son los nuevos fenómenos rituales que han emergido? 

Philippe Ariès, un estudioso de la muerte, nos hace ver que la muerte no es algo inmutable, permanente y en realidad responde a cambios muy veloces. Partamos de los hechos de que los cultos y las prácticas que les dedican a los muertos están directamente relacionadas a la cosmovisión imperante en un espacio y en un tiempo determinado. Es decir, no hay formas rituales relacionadas a la muerte que sean eternas o largamente duraderas, se van transformando. Si comparamos en Quito los ritos de inicios del siglo XX con los ritos de inicios del siglo XXI, las formas rituales, las prácticas, las evocaciones, el mantenimiento y la forma del duelo son bastante distintos. 

¿Qué pasa ahora en el contexto de covid-19? 

Que la muerte vuelve a estar en primer plano. La muerte es continuamente evocada. Nos encerramos por miedo a la muerte. Pero, los ritos no van a desaparecer nunca; han variado.

¿Y, por miedo a la muerte se han prohibido los ritos de despedida en el Ecuador? 

La práctica ritual no se anula nunca. El ser humano es un ser cultural. Los rituales también se trasladaron a lo virtual, se han transformado. Ahora mismo, siglo XXI, las prácticas ya estaban transformándose. Estas prácticas relacionadas a la gestión del cuerpo, la administración de la muerte, el trato aséptico del cuerpo también han variado. Es muy distinto a lo que era a mediados del siglo XX. La oferta estaba ya enfocada en la virtualización. Los ritos funerarios proponían cada vez más la cremación, la búsqueda de los entierros ecológicos (con materiales amigables con el medio ambiente). Los velatorios estaban promocionándose a través de plataformas digitales. Incluso antes de la pandemia ya se sabía que alguien estaba de luto porque coloca en su estado un lazo negro. Si usted ingresa a Jardín Celestial se va encontrar que es el cementerio virtual del Memorial Necrópoli. Es un muro para recordar a los muertos. 

¿Se aceleró la virtualidad del rito funerario? 

Cuando Guayaquil se volvió el epicentro del coronavirus en el Ecuador, el cuerpo del muerto no estaba siendo evocado en el cementerio, panteón o funeraria, se recordaba en el espacio virtual, en la red social. 

¿Son nuevas formas de vivir el duelo?

El duelo tiene que ejecutarse porque según los antropólogos la muerte es un rito de paso, significa que esa persona muerta, con el rito, se convierte en ancestro: el que te cuida. El duelo no es para el muerto, es para el deudo, para el vivo. Es esa persona quien tiene que lavarse ese dolor y reintegrarse al mundo de lo social. En el duelo hay dos niveles, al muerto se le convierte en ancestro. Una vez que la persona muere, ponen su foto en un altar y una velita. Adquiere ese carácter simbólico, liminar. El antropólogo Víctor Turner nos habla del ancestro, el que adquiere otras características que ya no son del humano vivo, sino del ser que está en un espacio ambiguo. Una vez cumplido ese nivel a través de un rito, las personas sanan. Por eso, no se puede no ejecutar. 

Pero hay miles de personas que no se ha podido despedir…

El rito se ha virtualizado como todo lo demás. Durante los meses más duros en Guayaquil registramos unas 50 misas de muerto que se transmitieron por Facebook live: colocaron la foto del difundo y rezaban el rosario al mismo tiempo. Seguramente muchas familias lo hicieron por zoom, una ceremonia más privada. Evidentemente, cuando pase el tiempo, las personas irán a reencontrarse con sus difuntos a los lugares donde fueron enterrados. 

“El rito se ha virtualizado como todo lo demás. Durante los meses más duros en Guayaquil registramos unas 50 misas de muerto que se transmitieron por Facebook live”

— Leonardo Zaldumbide

¿El ritual virtual suplanta un rito convencional? 

La muerte es uno de los pocos ritos de paso con los que se enfrenta el ser humano. Hay una ritualidad cotidiana, hay otros que son profundos porque implican la transformación de esa persona. Según Turner el rito es esta acción programática evocada socialmente que está diseñada para enfrentar el caos de la naturaleza. Las culturas humanas desarrollan el rito para enfrentar el caos. Ahora, un rito de paso es muy importante, porque implica una asimilación de quien ejecuta el rito. Por ejemplo, en la ceremonia de las quinceañeras, se supone que la joven entra con pantuflas y sale con tacos: entró niña y salió mujer. En el caso del muerto es un ser humano hasta que exhala su último aliento. Una vez que fallece, que todo signo de vida se ausenta, se va a transformar. Sigue siendo humano, tiene un nombre, pero ya no es humano. La transformación es ese momento que se coloca entre lo humano y no humano. Las oraciones, las misas, todo lo que se hace por el alma del muerto tiene como objetivo transformar ese ser humano, -pecador o lo que sea-, en un alma que está perfeccionándose y que está esperando algo.  El rito en torno al muerto tiene esa función. Los ritos son también actos sociales de una familia, para convertir al muerto en ancestro y con eso la familia busca la sanación. Ese papel cumple el rito. 

Sin embargo parece que las tradiciones funerarias se eliminaron. 

No, pero si se trasladaron a lo virtual. Pero ya se habían trasladado antes de la pandemia, ya estábamos en un proceso de que estos sentires se publicaban. Hasta mediados del siglo XX, cuando alguien moría, el párroco de la iglesia hacía tocar las campanas para que conociera en el pueblo, la gente acudía a la iglesia para saber quien había sido el muerto y luego acompañaban en la misa. Cuando las ciudades crecen ya no sirven las campanas de la iglesia, entonces pasamos a leer el obituario en los periódicos. Ahora, en lo virtual, esa es la forma de lo público.

“Esas personas que no tienen los cuerpos de sus familiares son personas incompletas, mutiladas”:
Leonardo Zaldumbide de la Red Ecuatoriana de Cultura Funeraria. – FOTO: Archivo Zaldumbide

¿Las redes sociales se convirtieron en el espacio de lo público?

Sí. Asumimos que es la ejecución de este repertorio para que la familia socialmente se integre. Ahora las redes sociales están funcionando como el gran escenario de lo público. Estas formas virtuales a las que hacía referencia son finalmente interacciones. La persona que toma la voz cantante es la madre de familia, una figura de autoridad, es quien dirige la oración para ayudar al alma del difunto. Cuando pase la pandemia las personas irán a los cementerios a completar, a darle otro tipo de despedida a sus seres queridos. El ser humano no va a dejar de evocar y rendir culto a los muertos. Como dice Edgar Morin, filósofo y sociólogo francés, el ser humano es la especie que sabe que se va a morir y toma previsiones al respecto. 

Sin embargo, ¿el duelo se cerrará cuando puedan ir al cementerio? 

El cementerio no es un espacio solo de generación de memoria, también es el olvido. A los muertos se los visita unos años y luego se les olvida. En el cementerio de San Diego (Quito), en la parte decimonónica, hay muertos muy viejos que ya no son visitados, que han sido olvidados. Sin duda muchas personas están esperando ir a visitar a su familiar, rendirle culto e interiorizar su partida. Sin embargo, una parte ya se cumplió en lo virtual donde se ha manifestado, expresado y evidenciado el dolor. 

¿Se puede determinar qué sectores sociales hicieron sus misas por Facebook live? 

Supongo que no son del estrato popular, para tener acceso a las ventajas de la tecnología, suponemos que son familias de clases media. Pero hay que aclarar que las evocaciones de duelo, en redes sociales, son a todo nivel. Las personas que colocan sus lazos en su perfil pertenecen a todos los estratos sociales. 

¿Qué pasa con las personas que no han podido ni siquiera expresar su dolor en redes sociales, porque no tienen acceso ni a lo virtual?

La muerte es moda y es estatus. No son los mismos funerales para una persona rica que para una persona pobre. A veces, afuera de los cementerios se lee: Aquí empieza la igualdad. Esa es una gran mentira. Hay cementerios que a uno le dan estatus incluso después de muertos, los fenómenos de los camposantos Monteolivo y Jardines del Valle, en Quito, con nichos de alto costo, son evidentes. Hay otros cementerios que son más simbólicos. Pero, sin duda, cuando los muertos se entierran en los cementerios sin despedida, la gente queda aniquilada.

¿Cómo pueden conseguir sosiego las personas que tuvieron a su muerto en la vía pública? 

Guayaquil es una ciudad muy inequitativa, los muertos en la vía pública eran de sectores populares. El velatorio se hacía ahí. No es este proceso en el que la comunidad se integra, bebe, come, se sienta alrededor de la capilla funeraria en la casa. ¿Qué pasó con los muertos de las clases más pudientes? El muerto de la élite no se vio, no salió en las noticias. La muerte apareció como un espacio de diferenciación y de posicionamiento social. No fueron los muertos de la ciudad de Guayaquil, sí los muertos de un sector social. Las muertes visibles son las que aterran y son las muertes populares. 

¿Solo los sectores medios y bajos muestran sus ritos?

Los velorios que no se ven, son los de las élites. Se pueden encontrar evocaciones dolorosas. Claro que ejecutan el rito, pero no lo muestran. La privacidad en estos casos es importante y se convierte en un valor. El pobre, el menos afortunado muestra. Las clases acomodadas no van a hacer público el dolor, es una evidencia de dignidad como dice Michel Foucault (1926-1984, filósofo y sociólogo francés). 

En un momento los fallecidos en Guayaquil ya no fueron sepultados en ataúdes de madera sino de cartón. En la conversación se hablaba por un lado de que estamos en emergencia y desbordados, y estos ataúdes de cartón ayudan a gestionar el entierro. Por otro, está la asociación con las casas de cartón, habitado por personas que viven en la periferia de las ciudades. ¿Cuál es su lectura acerca de los ataúdes de cartón?

Los ataúdes de cartón se convirtieron en el producto de una pésima gestión de lo que se estaba viviendo. Hay que tener un criterio técnico muy desubicado para hacer eso. No puede un gobernante, que gasta millones de dólares en campañas, preguntarse porque no se entierran los muertos en cajas de cartón. Bastaba preguntarle a cualquier funebrero, porque incluso a través de los ataúdes de madera y de latón se producen filtraciones de lixiviados (líquidos que son productos de la descomposición). El proceso de descomposición de un cuerpo humano es violento, por eso se entierran. Otro discurso era el de la dignidad que se trasladó a la idea de tener una caja buena y un hueco. Eso no es dignidad. La dignidad está en el encuentro, en la gestión sanitaria antes de la muerte. Lo otro fue la falta de eficacia en la gestión pública y política de la muerte. La dignidad estaba en el sistema, lo que estaba sucediendo antes de la muerte: la identificación de los cuerpos; el buen trato; la comprensión del proceso. Evidenció la profunda inequidad que campea en este país. Los ataúdes de cartón evidenciaron la desigualdad y esta distinción de la que hablaba antes en una ciudad que a ratos quiere verse como Miami, con espacios públicos muy lindos pero que ocultan el patio trasero, en donde grandes poblaciones viven en condiciones económicas y culturales miserables. En este espacio, ese ataúd, sí corresponde a la evidencia de una gestión pública muy mediocre, que no tuvo en cuenta el dolor de la población. 

¿Qué pasa con los familiares con los cuerpos extraviados? Ahí no se cumple el duelo, y tampoco hay rito. 

Eso es lo peor que le puede pasar a un ser humano. Pregúntese porqué Pedro Restrepo sigue buscando a sus hijos. Para estas personas que no recuperan los cuerpos de sus familiares, es lo mismo. La pandemia les quitó esa posibilidad de despedirse. Es lo que le pasaba a la gente que tenía deudos en la guerra. Uno sabe que le llegó una carta, una medalla. Ese deudo puede visitar 100 memoriales donde incluso esté grabado el nombre de su familiar, pero quedará esa ventana abierta. Ese es el papel del duelo. 

¿Debería haber una acción específica para encontrar esos cuerpos? 

Es súper importante que el Estado ponga su esfuerzo en encontrar esos muertos. Es fundamental que la gente sane. Esas personas que no tienen los cuerpos de sus familiares son personas incompletas, mutiladas. Están con dolor. El Estado lo ha puesto en segundo plano y es necesaria una acción dirigida a encontrar esos cuerpos, porque esas personas van a sanar muy lentamente si es que no se hace nada.

“Los ataúdes de cartón evidenciaron la desigualdad y esta distinción de la que hablaba antes en una ciudad que a ratos quiere verse como Miami, con espacios públicos muy lindos pero que ocultan el patio trasero, en donde grandes poblaciones viven en condiciones económicas y culturales miserables”

— Leonardo Zaldumbide

 

Colaboración: Romano Paganini, Emilio Bermeo 

Ilustración: Tzantza