Covid-19 y el compromiso con la soberanía alimentaria

Por Francisco Hidalgo Flor*

La situación de la problemática alimentaria merece un análisis. Entre marzo y junio la situación de crisis sanitaria y estado de emergencia, con el cierre total de fronteras, puso en el centro de la atención la producción alimentaria nacional, que está sostenida mayoritariamente por las agriculturas campesinas y familiares.

Como pocas veces se tornó evidente la crucial relación entre reproducción de vida y agricultura orientada a la alimentación de los seres humanos, que no puede quedar reducida a la lectura economicista de “producción para el mercado nacional”. Su trascendencia va más allá de reconocer que “atiende al mercado nacional”, en verdad es un pilar de la reproducción de vida del conjunto de la población, en especial de los sectores mayoritarios.

Y no es solo “satisfacer la demanda interna” que se mide cuantitativamente, sino que su persistencia y potencialidad cuestiona el patrón productivo predominante y resalta las experiencias productivas sin contaminantes.

Ha llegado el momento para que las élites que elaboran y ejecutan las políticas públicas reconozcan el rol fundamental que en la hora presente desempeña la agricultura campesina y familiar.

La experiencia ecuatoriana es positiva, ha podido abastecer de alimentos a la mayoría de la población, sin requerir de importaciones, durante el estado de emergencia y cierre de fronteras.

Es más, existen declaraciones de voceros oficiales que señalan una situación de mejora para productos como arroz, cítricos, hortalizas, plátanos, lácteos y huevos. Así como el autoabastecimiento en zonas rurales. Sin dejar de señalar que hubo sectores urbano-marginales que sufrieron de carencia de alimentos, sobre todo, por las condiciones estructurales de mala distribución y raquitismo estatal en el ámbito de la comercialización de alimentos en barrios populares.

Ha llegado el momento para que las élites que elaboran y ejecutan las políticas públicas reconozcan el rol fundamental que en la hora presente desempeña la agricultura campesina y familiar.

Sería muy complicado que con la llamada “nueva normalidad” acontezca que la agricultura campesina y familiar vuelva a ser colocada en los márgenes de la visibilidad nacional y la atención gubernamental en el diseño de las estrategias para un país con bienestar humano.

La emergencia sanitaria y el confinamiento mundial también puso en cuestionamiento el paradigma economicista y neoliberal de las “ventajas comparativas” en la agricultura para resolver cuáles modalidades de agricultura se impulsan como estrategia nacional.

Las supuestas “ventajas comparativas” de “países tropicales” ha sido el argumento para imponer a escala mundial una distribución de producción irracional, que deja en los márgenes la preocupación por el buen alimentar humano y colocar en el centro los afanes de utilidad de las grandes empresas agroexportadoras alrededor del banano, palma aceitera, camarones y flores.

Ahora queda claro que esa preeminencia de la agroexportación torna frágil al desarrollo nacional, con un sector agropecuario y acuícola subutilizado frente a la prioridad de atender la alimentación de la población nacional y con ello la reproducción de vida en el campo y la ciudad.

Es necesario que organizaciones sociales y Estado obtengan lecciones de la situación atravesada, más integral que aquella dictada por los errados paradigmas de las ventajas comparativas e “inserción” en la llamada globalización. Las amenazas generadas por la crisis sanitaria, la crisis ambiental y la evidencia de la inequidad demandan de otra agricultura y otra alimentacion.

“Las amenazas generadas por la crisis sanitaria, la crisis ambiental y la evidencia de la inequidad demandan de otra agricultura y otra alimentacion”.

Se han generado condiciones para dar un viraje en las comprensiones sobre la alimentación y la agricultura, hoy se abren nuevos horizontes para posicionar paradigmas como los de la soberanía alimentaria y un horizonte de cambio orientado hacia del buen vivir – sumak kawsay.

Asistencia alimentaria durante la emergencia nacional 

FOTO: Alejandra Corella

 

En nuestro análisis sostenemos que el primer factor para que en el contexto de pandemia, confinamiento y estado de emergencia no se haya desatado una situación de crisis alimentaria se encuentra en el tejido productivo campesino y familiar de alimentos; en segundo lugar, se encuentran los programas de asistencia alimentaria generados desde el Estado y los conglomerados privados, pero allí cabe también destacar iniciativas y esfuerzos alternativos generados fuera de los espacios de poder.

Respecto de la asistencia alimentaria se debe enumerar tanto los subsidios estatales monetarios, como programas específicos de provisiones alimentarias. En el área de la asistencia proveniente desde los conglomerados privados se destacan iniciativas que combinan apoyo de dotación sanitaria a centros de salud como de provisiones de alimentos.

Podemos hacer el siguiente agrupamiento de las iniciativas de asistencia alimentaria señalando su fuente:

  • Asistencia desde entidades estatales nacionales
  • Asistencia desde gobiernos locales y provinciales
  • Asistencia desde grandes cadenas privadas
  • Donativos desde bancos y empresariales privados
  • Entidades ligadas a las iglesias
  • Iniciativas alternativas desde ONG y organizaciones campesinas
  • Emprendimientos agroecológicos urbano – rurales

El gobierno nacional implementó al inicio dos políticas para enfrentar la situación alimentaria: un bono económico para las familias en condiciones de pobreza y extrema pobreza; y, el programa de kits alimentarios “Dar un mano sin dar la mano”, que consiste en acuerdos con la agroindustria, y al momento actual implementa el programa “Canasta solidaria” y “Agrotienda Ecuador”

Otra fuente de asistencia alimentaria alrededor del Estado provino de los gobiernos provinciales y municipales, en varios casos hubo una relación más directa con productores familiares y campesinos, entre otras experiencias se pueden señalar las siguientes: Quito Solidario  del municipio de Quito; Ayuda a un abuelito  de la prefectura de Imbabura; y, Canasta Popular de la prefectura de Azuay .

Los grandes conglomerados privados, con sus entramados de  bancos-agroindustria-supermercados, aprovecharon para ganar visibilidad, pero también fue posible mirar sus articulaciones regionales. Por un lado, aquellos asentados en Guayaquil, con el ex alcalde Jaime Nebot, conformando y operando desde el “Comité Privado de Emergencia”, y, por otro lado, aquellos asentados en Quito, con el ex alcalde Roque Sevilla, conformando y operando desde el “Fondo por Todos”. Y fueron visibles los grupos bancarios: Banco Pichincha – Diners y Banco de Guayaquil.

No todo fue Estado y corporaciones privadas. Destacaron otras iniciativas que surgieron desde abajo con organizaciones sociales. Mencionaré algunas de ellas, como  las Brigadas Campesinas Solidarias por la Soberanía Alimentaria en la que participaron la Federación de Organizaciones Campesinas y la Conferencia de Soberanía Alimentaria, la Red de Ferias Agroecológicas de Pichincha, que integra a varios colectivos agroecológicos, así como las iniciativas de varias organizaciones no gubernamentales del “Enlace urbano – rural en tiempos de pandemia” y esfuerzos de comunicación alternativa, vía redes sociales, por colocar en el debate la economía campesina en tiempos de crisis sanitaria.

*Profesor de Sociología Agraria en la Universidad Central del Ecuador, miembro investigador de SIPAE.

*Foto: Programa Futuro de la Alimentación Heifer-Ecuador