La María de la Santísima Paula del Perpetuo Romo

Por Hugo, el búho

Desde chiquita quería ser Presidenta. Dicen que su abuelo la convenció de aquello, y ella, desde ese momento, solo soñaba con una banda presidencial que bajaba del árbol más grande de Loja; y, claro, María Paula, trepaba y trepaba hasta llegar a la cúspide. Contó el sueño a medio mundo y, desde ese instante, sus conocidos le dicen “la trepadora”.

Estudió en el colegio La Inmaculada, donde aprendió buenas costumbres, modales de mujercita de bien, protocolo, diplomacia y a rezar doce horas al día. Pero eso sí, leía como condenada. Se persignaba de arriba hacia arriba, nunca bajaba su mano para completar la cruz.

Cuando creció voló a Quito a estudiar “humildemente” en la Universidad San Francisco. Ahí ya se perfilaba como un cuadro político con futuro. Fue presidenta del gobierno estudiantil. Y, al poco tiempo, fundó -junto a un tal Roldán y un tal Wright- el movimiento Ruptura de los 25. Se volvieron públicos con la famosa interrogante “¿quién jodió al país?”. Ahora, en el poder, su frase es: “nosotros jodemos al país, ¿y qué?” Se graduó de abogada y empezó su camino trepidante -porque trepar y trepar era su meta-. En lo único que no trepó fue en peso, pues sus kilos de más la obligaron a operarse para quedar más acorde a los estereotipos.

Cuando ya estaba madurando en política, apareció un tal Rafael. Junto a sus amigos -ruptura de los teletubie -decidieron apoyarlo. Y llegó a la Asamblea Constituyente de 2008. Entre que sí y entre que no, se dieron la mano, hasta que se cansaron y resolvieron abrirse, porque Los Ruptura tenían que seguir rupturando esquemas. Pero apareció un tal Lenín, y no dudó en decir sí a la propuesta de ser parte del mejor gobierno destartalado del que uno tenga memoria. Se dijo para sus adentros: aquí trepo porque trepo; si no es hoy, no será nunca, gloria, gloria, aleluya.



Siempre se autodenominó como feminista: apoyó la despenalización del aborto, el matrimonio igualitario, la igualdad de oportunidades. Sin embargo, María de la Santísima Paula del Perpetuo Romo, convertida en Ministra de Gobierno y, en medio del paro de octubre, lo de feminista se le quedó en lo cuasi-inmaculado de su discurso guerrerista y en lo pulcro de sus provocaciones. Un acto de feminismo ruptúrico fue -según dicen- ordenar que caigan unas cuantas bombas lacrimógenas dentro de la Universidad Salesiana, donde estaban alojadas cientos de mujeres indígenas con sus hijos. Sus antiguas conocidas, incluso las que la acompañaban al karaoke -a desahogar sus penas-, decidieron darle la espalda, pues se había transformado en un monstruo, a la que solo le importaba que no se rompiera nada del orden establecido. Y su objetivo de trepar a la cima seguía su curso.

Un acto de feminismo ruptúrico fue -según dicen- ordenar que caigan unas cuantas bombas lacrimógenas dentro de la Universidad Salesiana, donde estaban alojadas cientos de mujeres indígenas con sus hijos.

Quienes la conocieron de cerca, juran que cuando fue decana de alguna Universidad privada ya se comportaba como si fuera jefa de policía. Y parece ser cierto, porque la represión de octubre la consolidó como generala de preparen, ni apunten y fuego. Siguió el mismo guión de todos sus colegas de gabinete, que consistía en echarles la culpa de todos los males a los correístas. Como buena hacedora de la oficialidad neoliberal apoya todas las acciones depredadoras de sus amigos de gobierno. Miles de desempleados públicos -para ella- es una acción feminista de avanzada; pues obligará a las mujeres a resistirse a la voraz opresión que causan ocho horas diarias de burocracia. Es defensora de la alcaldesa de Guayaquil, de la Fiscal, y de toda aquella que tilde de vándalos, delincuentes y terroristas a quienes osan resistirse a su gobierno. 

La ministra viste y se trepa a la moda, a la par que cuida mucho de su apariencia. Le gusta irse de vacaciones a la playa y si es en helicóptero oficial, mejor. Es que las hélices del helicóptero y ese run run constante la seducen, pues le recuerdan que ahora, ella, es la que manda. Mantiene una constante cercanía con su putativo ñaño gemelo, el torero: el Sebas. Se sabe que los dos hacen y deshacen en el gobierno, pues, al que funge de Presidente, no lo toman mucho en serio. Desde el inicio sabían que el pobre hombre a duras penas balbucea dos ideas, y eso si le ponen un texto al frente, porque si no… La ministra desayuna en Carondelet con los AP, lunes y miércoles; con los lassitos, martes y jueves; y, con los que haya que torcer, los viernes. Por las noches -de preferencia los miércoles- cena con las Cámaras de Empresarios y con la Asociación de Bancos Privados. Antes de dormir le reza a un Cristo, ubicado en una cajita en forma de ascensor. 

La ministra tiene una buena relación con la prensa privada y con los editores de los grandes medios. Se reúnen para analizar la problemática del país, lo que en cristiano quiere decir: se ponen de acuerdo para saber a quién lanzarle las púas envenenadas y a quién regalarle pétalos de rosa. Según cuentan los conocidos, la renovación de frecuencias será el regalo mayor para algunitos, que no queremos decir quiénes son, pero se portan bien oquendos y bien roseros con el régimen.

Para rematar la trepación o la trepancia o la trepidancia, la ministra es la primera en la terna para ser elegida vicepresidenta de la República, después de la renuncia interesada del hombre de buena cuna. Antes de dormir, le guiña un ojo al cristo en ascensor, se mira frente al espejo y se repite: “espejito, espejito, ¿quién es la futura vicepresidenta del país?” ¿Quién es la mujer que se sentará en el primer sillón de Carondelet?  Aunque lo nieguen, ella sabe que este gobierno negocia de lo más bien con los AP, socialcristianos e hijos de Lasso. Ya les ofrecerá cualquier hospital y les convencerá que, a veces, la ruptura del Código de la Democracia y la Constitución es el mejor camino para gobernar con devoción. Amén.

La ministra viste y se trepa a la moda, a la par que cuida mucho de su apariencia. Le gusta irse de vacaciones a la playa y si es en helicóptero oficial, mejor.

Foto principal: La ministra María Paula Romo, aspirante a la vicepresidencia, junto al ex vicepresidente Otto Sonnenholzner, en una visita a Morona Santiago.

Presentación: María Paula Romo llegó a ser Asambleísta Constituyente y Nacional por AP; no logró ninguna curul cuando se presentó, sin alianzas, con su movimiento Ruptura de los 25 (2013); luego buscó el apoyo de la ID para ser candidata a la Presidencia, su cercanía no duró.