Bemoles del mundo académico

Por Samuel Guerra Bravo*

Una profesional en plena actividad escribe en el Facebook que las carreras de sociología “no son ya un camino de aporte teórico vinculado a la lucha de los pueblos oprimidos…; son el día de hoy los brazos funcionales de la institucionalidad burguesa”.

Un amigo, profesor en Cuenca, nos previene a su vez de un “lamentable elemento de la nueva cultura que se está imponiendo: la suplantación de la razón y el intelecto por los sentimientos y emociones subjetivas”

Una profesora de otra universidad inicia un artículo con una constatación dolorosa: la copia sin control de materiales existentes en el Internet, tanto en monografías como en tesis universitarias (SIS24-07-20). 

¿Cómo se relacionan estas quejas con la preocupación visible de las universidades por mejorar su infraestructura física y tecnológica, por incrementar sus docentes con títulos de Ph.D., por desarrollar políticas internas de mejoramiento docente, por elevar la cultura de su personal administrativo, por mejorar sus bibliotecas y laboratorios, por revisar los planes de estudio de las carreras, por desarrollar programas de extensión universitaria y por acreditarse con suficiencia ante el Estado? 

Las situaciones citadas arriba y otras parecidas reflejan que, más allá de la evidente preocupación por mejorar el status universitario, existe algún tipo de insuficiencia en la formación de los estudiantes, que reclama una cierta atención. ¿Dónde o en qué momento se produce esta especie de desconexión entre la planificación académica y los resultados en la formación de los estudiantes? ¿Es un asunto de observancia/inobservancia de la Ley de Educación Superior? ¿Es un enclaustramiento en una nube académica que se autoalimenta de conceptos y teorías que no han sido producidas ni convalidadas ni contratadas en/con nuestra realidad social?

Y no es que los estudiantes salgan mal preparados: disponen de mucha información, pero salen insuficientemente formados. ¿Qué significa esto de “insuficientemente formados”? Significa que la carrera no creó o no desarrolló en ellos un sentido de compromiso y responsabilidad con la realidad social, que esté más allá de las teorías extranjeras, los principios abstractos y los valores éticos descontextualizados, de los que salen atiborrados.  Preocupadas por formar “profesionales exitosos”, las carreras alimentan sin advertirlo la idea de que la universidad proporciona los medios para la realización individual y el futuro mejoramiento del nivel económico y social de los graduados. 

Significa que la carrera no creó o no desarrolló en ellos un sentido de compromiso y responsabilidad con la realidad social, que esté más allá de las teorías extranjeras, los principios abstractos y los valores éticos descontextualizados, de los que salen atiborrados.

— Samuel Guerra Bravo

El mundo académico necesita investigarse a sí mismo para detectar, no solo las limitaciones estructurales u organizativas, sino los ajustes y desajustes de sus carreras y de los planes de estudios de sus carreras con la mentalidad necesaria en la realidad que les rodea.

Tampoco es cuestión de redefinir la Misión y Visión, que todas las universidades las tienen maravillosamente definidas. Es cuestión de que tales definiciones se conviertan, a través de la mediación de las carreras, en realidades tangibles y medibles frente a las demandas de lo circundante. 

Sin despreciar la investigación teórica sobre la universidad que en cuarenta años de docencia vi crecer como la espuma, la experiencia muestra que hay una trilogía que debería funcionar como la columna vertebral de la actividad universitaria: Misión/Visión – Carreras – Realidad Social. La realidad social sería el fundamento que sostiene o debe sostener a las otras dos instancias. Alguna autora lo decía mejor que yo: “ninguna educación tiene sentido si no tiene relación con las realidades sociales”.

Los planes de estudio de las carreras contienen, de seguro, lo mejor o más actualizado de la teoría y la práctica correspondiente a cada una de ellas. Se trata de teorías y prácticas establecidas por lo general en realidades que no son las nuestras. Informarse de ellas o estudiarlas no es el problema. El problema está en que no se las articula ni se las convalida ni se las contrasta con nuestra realidad. 

¿Por qué no se lo hace? Por una razón más simple que el agua tibia: muchos docentes universitarios no conocen su realidad. No basta vivir en la realidad ecuatoriana o latinoamericana para conocerla: hay que estudiarla, investigarla. Pretender que los docentes, sobre todo de algunas carreras en las que el peso de lo teórico es decisivo, articulen su conocimiento de las teorías importadas o por lo menos lo ejemplifiquen con situaciones de la realidad nacional o continental es pedir peras al olmo, porque la desconocen. Los planes de estudio de algunas carreras no contemplan o contemplan mínimamente el estudio de nuestro contexto. El conocimiento de lo sustancial de nuestros procesos históricos y culturales es tan indispensable como el conocimiento de las teorías en boga. 

Es la propia universidad la que tiene que hacer posible la articulación “Misión/Visión – Carreras – Realidad social”. No es tarde para ello, bastaría que impartan a sus profesores cursos de perfeccionamiento docente sobre las líneas fundamentales de la historia nacional y latinoamericana y sobre geopolítica mundial, y, que coloquen en los planes de estudio de las carreras materias que se ocupen del estudio de los procesos socio-económico-político-culturales que han configurado y configuran nuestra realidad. 

El mundo académico necesita investigarse a sí mismo para detectar, no solo las limitaciones estructurales u organizativas, sino los ajustes y desajustes de sus carreras y de los planes de estudios de sus carreras con la mentalidad necesaria en la realidad que les rodea.

— Samuel Guerra Bravo

Pero algo más es necesario: el desarrollo de habilidades cognitivas para que estudiantes y profesores logren insertar y ensartar la información teórica en/con la realidad. Sobre todo en/con su realidad social. Cada carrera pondrá el énfasis en los aspectos relevantes para su ámbito científico, pero la articulación teoría/realidad-social es determinante. 

¿Es que la universidad no acaba de percibir que el desconocimiento de nuestra historia o su menosprecio ha sido y es uno de los mecanismos de dominación sutilmente manejado por los imperios de turno y las élites dominantes locales? 

La articulación teoría/realidad-social es determinante en la universidad. FOTO: Pixabay

Como en este país y sobre todo en el medio universitario se desvaloriza lo que pueda decir un colega, escuchemos in extenso la intuición de la ecuatoriana Meygan Córdova y que fue publicada en el Facebook el 22 de julio del año en curso, con la que abrimos este artículo: 

El día de hoy nos encontramos con una camada de intelectuales que han asumido su posición burgués, pues los centros universitarios actualmente sufren la enfermedad del parasitismo conservador, de las corrientes más reaccionarias. Carreras como sociología no son ya un camino de aporte teórico vinculado a la lucha de los pueblos oprimidos; carreras como sociología son el día de hoy los brazos funcionales de la institucionalidad burgués, y es que existe una tendencia por reproducir simples maniqueos que van a parar al Estado como instrumentos de adorno que caricaturizan cualquier emanación de conocimiento. Ahora vemos que sus lemas preferidos, enmarcados en la ideología liberal por supuesto, van desde cosas como: “No podemos tomar posición <ni por lo capitalista>, pero tampoco por lo que está <en contra del capitalismo>, <solo> reflexionemos”. ¡Claro, pero qué posición más “neutral”! Primero ni es neutral, ni imparcial; caer en posturas tan insuficientes es caer en actitudes lo suficientemente apropiadas para conservar el sistema de monopolio del conocimiento para las clases pudientes.

Sería de desear que las universidades pensaran en la posibilidad de tener en cuenta estos sencillos elementos:

  • Conocimiento de los procesos fundamentales de la historia nacional,  continental y mundial (en cursos de perfeccionamiento docente para los actuales profesores y en cursos iniciales de la carrera, para los estudiantes);
  • Apertura incondicional a todo conocimiento independientemente de su origen, PERO necesaria convalidación y contrastación del mismo en/con nuestra realidad.
  • Desarrollo de habilidades cognitivas y prácticas para la aplicación de los conocimientos convalidados y contrastados a los problemas específicos de la realidad social.
  • Cultivo durante la carrera de un cierto deseo/orientación/inclinación que lleve a los profesionales a autovalorarse frente a las necesidades sociales de su contexto y no frente a las alienaciones del capital. 

Un gran especialista jesuita en el tema de la Universidad nos dio un muy interesante curso, hace años. Al final, luego de exponernos la trayectoria y los tipos de Universidad, enfatizó en la necesidad de convertirla en una “casa del saber” firmemente plantada en la realidad. Esto que es tan fácil de entender, es difícil de plasmar –dada la alienación mental y cultural existente–. Hacerlo significaría emprender en una heroica descolonización universitaria. Y lloverían las dificultades. Pero no es imposible. 

Por lo pronto, en la orgullosa “sede de la razón” se hace visible la humilde necesidad de “menos teoría abstracta y más sentido común”.

*Samuel Guerra Bravo, investigador independiente. Ha sido profesor de la Escuela de Filosofía de la PUCE. Autor de libros y artículos de su especialidad.