La improvisación económica de EE.UU.

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Por Jaime Chuchuca Serrano

Después de la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. se convirtió en el centro imperialista mundial. Europa continúo bajo su égida y la guerra fría con la URSS duró hasta el desplome de esta última en 1991. Sin embargo, desde 1929 no había tenido una crisis tan abismal como ahora. El desgobierno del republicano Donald Trump es el gran culpable. La contracción del PIB del segundo trimestre de 2020 fue de 9,5%, algunos creen que el espasmo en el consumo llega al 32,5% o 35%*. El economista estadounidense James Kenneth Galbraith, así como otros, dicen que la principal causa de la contracción del PIB es la caída del consumo. 

La falta de liquidez monetaria para consumir proviene de la disminución de los salarios y el crecimiento abrumador del desempleo. La caída del consumo está conectada a la pérdida de ingresos, los despidos y el paro de las empresas. No sólo que los trabajadores son el motor de la producción, sino también del consumo. La cifra de desempleados por la pandemia asciende a 42 millones. Si no se estimula el empleo, manteniendo los salarios, se alargará aún más el declive económico, la deuda familiar será insostenible y esto perjudicará al sistema financiero de modo directo, uno de los pocos sectores que continúa teniendo ganancias. Con la caída de la producción, cayeron las inversiones privadas en un 49% (Barría, 2020).

El mayor desplome se encuentra en la economía de servicios y comercio, donde el consumo representa el 70% de la actividad económica: vuelos, transporte, pequeños comercios, restaurantes y otros negocios de comida, salones de belleza, arte, etc. Algunas de estas actividades que mueven la vida cotidiana no han tenido respaldo por el Estado y hasta ahora no entran en los grupos prioritarios. El congreso está en el dilema de cerrar los aportes para las familias y los comercios. En política está también en debate un posible desplome del dólar.

EE.UU. no tiene un protocolo de bioseguridad nacional y el mayor peso de las soluciones económicas van al sector privado. Muy pocos Estados han exigido el uso obligatorio de las mascarillas. El mismo Donald Trump, la mayor parte de la pandemia, ha sido reticente a la mascarilla y convocó a sus partidarios a mítines con nula protección. El gobierno ha realizado contratos millonarios para medicamentos, algunos de ninguna efectividad. La mayoría de los miles de millones para el salvataje han ido a los bancos y las transnacionales. Las empresas de salud privada reciben gran apoyo, aunque el estadounidense promedio no puede atenderse en estos lugares.

Toda esta improvisación económica se desenvuelve en medio de una guerra comercial con China, adversario que ha entrado en una difícil, pero continuada recuperación económica en el PIB, empleo, consumo y una de las menores tasas de mortalidad por la pandemia, comparada con otras potencias.

“La caída del consumo está conectada a la pérdida de ingresos, los despidos y el paro de las empresas. No sólo que los trabajadores son el motor de la producción, sino también del consumo”.

*Jaime Chuchuca Serrano, abogado, licenciado en Filosofía y magíster en Sociología. Actualmente, docente de la Universidad de Cuenca.

*(Barría, 2020; Peirón, 2020)