El mundo postcovid y la medicina colonial

Por Tomás Rodríguez León

Se comprende mejor la situación pandémica  si se reconoce  la relación de los sistemas locales con las agencias internacionales de salud, en ellas se  observan los vínculos  de las metrópolis con las periferias, esquema secular  de una  historia  que  sigue lastimando.  La teoría crítica de la descolonización planteada por Frantz Fanon no admite  postcolonialidad, la realidad global  moderna aún es colonial. Se presenta una nueva versión del mapa político y económico donde se ratifica el modelo opresivo  que tributa al sistema industrial europeo-norteamericano. Pero surge una nueva polaridad  que parece  reeditar el conflicto entre dos modos de producción: el capitalismo imperialista y la nueva versión de socialismo de mercado.

El  capitalismo  preserva la colonización añadiendo la desestructuración ecológica  que aumenta  la prevalencia de enfermedades y extiende la migración epidemiologia a mayor velocidad.  El modelo alternativo    no es muy diferente en la dimensión del mercado pero  insiste en la protección preventiva a la población. El mundo sanitario se centra  en la  producción de salud  industrializada  con sello colonizador y elabora oferta de sanación desigual donde deja fuera de cobertura a gran parte de la población, en particular  a los habitantes del ámbito  rural vulnerable como  mujeres,  niños y pobres.  Inefablemente se presenta  una asistencia selectiva que se activa en la capacidad de pago y los pacientes son más que nunca agentes del mercado, la misma relación entre naciones desarrolladas y pobres expone otra ruralidad global

Predomina así,   un modelo  asistencial que rechaza  los sistemas autóctonos de salud y que vincula el concepto de  sanidad con costes de producción, centrándose fundamentalmente en un desarrollo de tecnologías médicas que  solo son próximas a las ciudades grandes. Las agencias internacionales han respaldado   estas pautas de actuación, enfatizando que la respuesta  especializada  no les pertenece a los pueblos periféricos, esto supone  otra reproducción de los patrones coloniales que reafirma el formato médico occidental. Por tanto, tecnología, política y economía son los cimientos de las propuestas imperiales  en la configuración de los sistemas médicos locales. La independencia  es menos que relativa, la impronta del modelo de gestión occidental, seduce  también a los profesionales sanitarios y a la academia que los forma, otro escenario de la reproducción orgánica del capital

Las campañas poblacionales  preminentemente se enfocan a la farmacología y la vacunologia, siempre ancladas desde una organización piramidal con programas verticales  estandarizados por la OMS,  es decir, programas desarrollados en su totalidad en Occidente por las potencias imperiales. Todo esto deriva en la generación de los centros de control político de la salud financiados por los propios  gobiernos colonizados que obedientes  actúan   en sujeción a ejes de decisión internacional  no pocas veces dulcificados con matices de paternalismo.

Así, con estos antecedentes llegamos a la cuarentena global en un sombrío panorama de un mundo ancho y ajeno que  amanece con un nuevo genocidio de  conquista,  esencialmente con el mismo  formato que es continuidad irracional de un virus colonial más que neo liberal que para desgracia de los condenados de la tierra en América viene prolongándose desde 1492.

Entonces a pesar de la predica vieja y liberal   se  demuestra que todos los seres humanos no son  iguales ni tampoco  lo son los pueblos, la humanidad es apenas  una  antropología segmentada para el mercado gobernado por  hegemonías expansivas que insisten en lo geopolítico considerando las  relaciones asimétricas centro-periferia en su esencialidad, y con otra legitimidad aritmética  califica a quienes son menos productivos y decide quienes sobran, una obra de ingeniería social  de la que nace una necropolítica  auto lesiva pues se dispara hasta con los propios pueblos de las naciones ricas.

Y no es que se hayan inventado una pandemia, les rebasó el monstruo que  escapó de sus conjuros, después del susto la médula del capitalismo se recupera para dar  paso a las oportunidades de nuevos negocios,  entonces la epidemia es  razón no suficiente para detenerse en moralismos,  las teologías del mercado y del Estado se reconstituyen rápidamente e instalan  negocios mortuorios  que resurgen  de la ecuación costo efectividad para  admitir  los sacrificios humanos  como otros lamentables daños colaterales que hay que asumir con convicciones de desarrollo. 

El mundo libre ha fracasado pero eso es lo de menos ya hay quienes no repiten más las narrativas de los  derechos civiles y de proximidad de masas, desde ahora  la palabra clave es aislamiento social pues se ha  clausurado para el ser humano el tiempo y el espacio que será desde ahora otra agenda de estados gendarmes

Pues toca resistir y buscar aliados en pueblos del mundo donde la vida importa y la guerra convencional o sucia no es parte del juego.

No es que se hayan inventado una pandemia, les rebasó el monstruo que  escapó de sus conjuros, después del susto la médula del capitalismo se recupera para dar  paso a las oportunidades de nuevos negocios.